"Si se entregan textos no humanos, ¿por qué pensaríamos que algún humano mostraría interés?", fue la primera reacción de este periodista al anuncio del Teatro Nacional Cervantes sobre la nueva y polémica creación de José María Muscari: Doradas, un espectáculo "escrito con la colaboración de la Inteligencia Artificial" que reúne a glorias de la telenovela -Cristina Alberó, Marta Albertini y Carolina Papaleo- y de la comedia picaresca y el modelaje -Judith Gabbani y Ginette Reynal- en un espectáculo de tipo collage (más que una obra de texto, es un anecdotario abierto de estas figuras) y fiel al estilo chillón y despampanante del autor.
“¿Eso te escribió la Inteligencia Artificial? Es una porquería”, dice Cristina Alberó luego de un monólogo de Carolina Papaleo, una de las "doradas" de Muscari, abriendo el debate sobre el uso y efectividad de la herramienta en las tareas diarias. Esas idas y vueltas están presentes durante toda la obra porque el término incomoda.
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En un mano a mano con El Destape, la actriz Carolina Papaleo habló de su nuevo desafío en las tablas -primera vez en el Cervantes-, anticipó su debut en TVR y repasó su vida de telenovela, con altos y bajos.
Una obra escrita con Inteligencia Artificial en el Cervantes. Suena chocante…
- Pero es algo que tenemos muy instalado en la vida cotidiana. Yo terminé la facultad en el 2023 y hablar de Inteligencia Artificial en ese contexto era algo bastante común: los profesores tenían que hacer arduas persuasiones para que los trabajos prácticos que se mandaran no fueran hechos por IA, pero tuve una docente que pidió expresamente que la consultemos para hacer el final, porque es una herramienta que hay que aprender a usarla. Ahí conocí lo que era Chat GPT y me enamoré, aunque también me tira bastante fruta.
¿Por ejemplo?
- Sobre mí dice que tengo 3 premios ACE que no tengo (se ríe).
¿Te costó aceptar el proyecto, sabiendo que estaba escrito por IA?
- No, porque José me explicó que la idea de la obra era suya y que es el texto lo tamizado por la Inteligencia Artificial, y acepté porque creo que se trata de algo que se impone. Consideré que estaba bueno el tema para reflexionar en el teatro y ver qué le ocurre al público grande. Nosotras, las actrices, le hablamos a personas mayores por temas generacionales: Cristina Alberó, Marta Albertini y yo somos señoras de la telenovela y tenemos desarrollada una cuestión afectiva con un público grande que quizás no tiene mucha idea sobre la Inteligencia Artificial y sus usos.
- Aún así, llevado al teatro… uno asocia esta disciplina con lo humano y la IA es artificial. Da miedo imaginar que esta obra puede convertirse en, quizás, una puerta de entrada a textos artísticos producidos por no humanos.
La Inteligencia Artificial de inteligencia no tiene nada. No es algo que me atemorice, pero si la IA empieza a escribir obras de teatro se van a tener que preocupar los autores, no los actores. El teatro va a sobrevivir de todas formas. Yo creo que podés hacer una obra con Inteligencia Artificial, pero las ideas siempre van a seguir siendo humanas.
Una persona que vino a ver la obra me contó que había ido al teatro con miedo, porque desconfiaba de la Inteligencia Artificial, pero cuando vio que las actrices interpretamos los textos se quedó más tranquila. Sucede que nosotras nos equivocamos y nos pisamos… ocurren las cosas que pueden suceder en una función y eso hace que muera cualquier atisbo de artificio presente en la propuesta. De esa manera, creo que le ganamos a la cuestión de laboratorio ascética que tiene la Inteligencia Artificial.
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La cocina de su vuelta a la TV: "TVR es un programa hecho a mi medida"
Vas a conducir TVR. ¿Cómo te preparás para tu debut?
- Voy a conducir TVR con Juan Di Natale, ya está todo listo. Amo ese programa, lo llamé mucho al “Gato” Sylvestre para preguntarle si había alguna posibilidad de quedar como conductora y la verdad es que le tengo que agradecer porque sé que hizo mucho para que yo esté ahí.
Es tu vuelta oficial a la televisión luego del ciclo Vivo para vos, que hiciste con Julián Weich en El Nueve.
- Fueron 4 años hermosos de un programa lindo que reconocía a todas esas figuras que tenemos en el ambiente artístico y que están alejadas porque no hay ficción. Hoy pasa que si un actor no está metido en un escándalo, no es noticia.
Nunca terminé de entender por qué levantaron el programa…
- Yo tampoco (se ríe). Es más, después de que terminó el programa el canal siguió con repeticiones y nosotros ganábamos público. Fue triste porque era un programa súper amable y nada agresivo.
¿Qué explicación te dio el canal sobre el fin del programa?
- Una cuestión de presupuesto, no hubo más explicación que esa y para mí se sintió igual a cuando vas al médico y no saben que tenés y te dicen: “lo tuyo es un virus”. Y vos te vas a casa pensando qué es un virus. Son cosas que pasan, al principio lo lamenté muchísimo y traté de reflotar el programa, pero ya cerré esa etapa.
¿TVR es una revancha?
- Sí, es un programa hecho a mi medida: hay actualidad, pero también tienen lugar los chismes. Y todo se analiza desde una mirada ácida por la que me siento muy atraída. Me siento muy feliz por el desafío.
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"En Argentina tenemos actores que son excelentes para telenovelas, pero lo que falta es decisión política"
“A mi vieja le tocó estar prohibida durante 7 años por la última dictadura y en esos años armó una escuela de teatro, que primero muy chiquita y de a poco fue creciendo. Ahí empecé a hacer todo: actuación, zapateo americano, jazz, bailar. Actividad que había, actividad que hacía”, recuerda Carolina Papaleo al ser consultada por sus primeros pasos en el medio, parte de su ADN familiar (sus padres, la actriz Irma Roy y el productor Osvaldo Papaleo, son figuras destacadas de la cultura).
Cuando la dictadura prohibió a tu mamá, eras una niña. ¿En qué momento entendiste lo que estaba pasando en Argentina?
- En el momento. Cuando ocurrió el golpe militar y secuestraron a mi papá y no sabíamos dónde estaba, yo sabía todo lo que pasaba en el país. Y el día que se lo llevaron, yo estaba en casa. Era de noche, me había ido a acostar y mis viejos estaban con unos amigos en el living cuando escuché un: “Papaleo, lo venimos a buscar”. Luego abrieron la puerta de mi habitación, prendieron la luz y cerré los ojos… pienso que ahí los militares habrán pensado que como era una criatura…. No me llevaron y me dormí hasta el día siguiente, cuando mi mamá me contó que habían secuestrado a papá. En ese momento tenía 7 años y plena conciencia de lo que estaba sucediendo.
Pasaron 50 años del horror de la dictadura, pero desde las redes sociales de Casa Rosada abogan por la teoría de los dos demonios...
- Siento que había un montón de conversaciones que ya teníamos saldadas como sociedad -el número de desaparecidos, por ejemplo- y por eso la verdad es que me asombra este viraje a la derecha. También hay que decir que cuando volvió la democracia no se acabó con las estructuras de derecha que venían funcionando hace muchos años hasta los juicios a los militares. Lamento que nosotros como sociedad permitamos que se pueda adherir a todo un discurso que ya no tendría que discutirse nunca más.
Vos no ocultás tu ideología política. ¿Tuviste que pagar algún costo por eso?
- Decir lo que pensás siempre tiene un costo, en mi caso lo padecí con hate en las redes sociales. Hubo un momento donde me sentí estigmatizada y puesta en un lugar que no tiene nada que ver conmigo, y eso claro que hace que un productor piense dos veces si te llama o no. Me respalda una trayectoria de casi 40 años de trabajar en el medio y vengo de una familia de artistas, pero es complicado cuando te reducen a algo que no sos.
¿En qué momento de tu recorrido sentiste el mayor reconocimiento de la gente?
- Cuando hice Una voz en el teléfono. Ahí dejé de ser la hija de Irma Roy para convertirme en Carolina Papaleo. En ese momento sentí un reconocimiento muy particular.
¿Cómo llegaste a Una voz en el teléfono?
- Venía de ganar un Martín Fierro a la Revelación del año gracias al ciclo Vínculos cuando llegué a la telenovela de Alberto Migré Ella contra mí, una remake de Rolando Rivas, taxista donde hice el reemplazo de Solita Silveyra y tenía de pareja a Gustavo Garzón. Duré 4 meses porque le gusté mucho a Alberto y luego de ese proyecto me llamó para Una voz en el teléfono. Migré peleó para que yo protagonizara esa telenovela.
Migré era una maravilla: escribía en el día con lo que vos le dabas como actriz. Fue el gran autor de las heroínas… a mí me pasaba lo mismo que al público: cada vez que me daban el libro para estudiar terminaba llorando como una condenada y cuando llegaba al final, quedaba sorprendida y sin palabras, porque quería saber cómo seguía la historia.
En Una voz en el teléfono eras pareja de Raúl Taibo. Un romance de ficción muy comentado en las revistas…
- La ficción traspasó la pantalla y se instaló como tema de conversación de la gente. Me acuerdo que Raúl se casó cuando hacíamos la telenovela Esos que dicen amarse y en la cobertura del casamiento que hizo Canal 9 pasaron las imágenes de su boda conmigo, en la telenovela Una voz en el teléfono (se ríe). Una locura.
La televisión cambió, ya no hay espacio para la ficción y el actor migró al teatro o las plataformas. ¿Hoy una telenovela en TV abierta tendría el mismo impacto que décadas atrás?
- Yo hice bastante para que vuelva la ficción en la televisión pública -pensando en que no todas las personas tienen acceso a pagar la suscripción de una plataforma- y trabajé durante años en un proyecto que podía haberse hecho con capitales nacionales o extranjeros y no prosperó. Lo cierto es que quedó parado durante la pandemia…
Volviendo a la pregunta, creo que tiene que volver a haber producción de novelas porque somos muchas familias en el sector.
Me llama la atención la primera parte de tu respuesta. ¿Te interesaría volcar tu carrera hacia la gestión cultural?
- Es algo que me gusta, sí. Lo que me atraía de ese proyecto es que era en un canal estatal y que podía contribuir a terminar con una ya clásica conversación de los argentinos sobre lo que no funciona del Estado. Yo quería hacer algo productivo, más con algo como las telenovelas. Nosotros le enseñamos a Latinoamérica y Europa a hacer novelas. En Argentina tenemos excelentes actores para telenovelas, pero lo que falta es decisión política.
Doradas puede verse de jueves a domingos en el Teatro Nacional Cervantes (Libertad 815, CABA).
