Hay algo hipnótico en ver a alguien hacer música con un objeto que hasta hace unos segundos parecía condenado a una vida ordinaria. Un tubo de PVC, una botella con agua, un bidón, un pedazo de metal o un balde dejan de ser descarte para transformarse en melodía. Justo en ese instante en el que el ruido cotidiano se convierte en canción, aparece la esencia de Urraka.
La compañía nació en 2008 casi por accidente; en aquel entonces, varios de sus integrantes compartían un centro cultural en San Fernando y experimentaban con distintas propuestas escénicas que mezclaban teatro, música y movimiento. Un día llegó una premisa puntual: hacer música con objetos para un evento.
Armar instrumentos "disidentes" y hacer covers de hits: así es el método Urraka
Esa fecha nunca sucedió, pero algo mucho más importante sí ocurrió: “Nos empezamos a enamorar del proyecto y dijimos: ‘Che, acá hay algo lindo, sigámoslo’”, recuerda Emmanuel Calderón, integrante de la compañía. Años después, siguen haciéndolo.
Desde afuera podría parecer simplemente una banda que hace covers con elementos reciclados, pero el universo de Urraka es bastante más complejo. Ellos mismos se definen como una "compañía interdisciplinaria" porque sienten que "no pertenecen del todo ni al teatro, ni a la música, ni a la danza". En escena conviven todas esas disciplinas al mismo tiempo, como si el espectáculo necesitara inevitablemente de cada una para existir.
La idea de convertir objetos cotidianos en instrumentos no apareció de la nada. Detrás hay referencias claras: desde el legado de Les Luthiers hasta la irreverencia artesanal de Hugo Varela. “Siempre me llamó mucho la atención esto de colocar un objeto en un lugar donde no correspondía, que era algo musical”, cuenta Calderón.
Esa fascinación por alterar el destino de las cosas terminó convirtiéndose en una búsqueda artística: en Urraka no alcanza solamente con golpear objetos para producir ritmo, el verdadero desafío está en volverlos melódicos.
El arte de hacer instrumentos
Así comienza un proceso silencioso y obsesivo de investigación: medir tubos, calcular diámetros, probar cantidades exactas de agua dentro de botellas, buscar materiales que puedan transformarse en notas agudas, graves o medias. Algunos instrumentos pueden resolverse rápidamente; otros demoran más tiempo. “El armado de algunos instrumentos nos llevó seis meses”.
Con el tiempo, además de crear música original para sus espectáculos teatrales, apareció otro fenómeno inesperado: las redes sociales. En los ensayos, casi como un juego, empezaron a improvisar canciones conocidas con sus instrumentos caseros.
Un día alguien filmó uno de esos momentos y lo subió. Después vino otro y, luego, otro. Hasta que los videos comenzaron a viralizarse y hoy muchos los descubren por las versiones de canciones populares con objetos reciclados. Pero incluso ahí, detrás de lo lúdico, hay una búsqueda musical concreta.
Cómo elegir el repertorio para este tipo de covers
No cualquier canción funciona con cualquier objeto; algunas melodías parecen encontrar naturalmente su versión reciclada. Ellos mismos mencionan los temas de Miranda! como ejemplos ideales: “Tienen algo medio tecno y popero que combina perfecto con los sonidos de los tubos”.
Lo curioso es que el criterio de elección no pasa por seguir tendencias o algoritmos: “La verdad es que mucha bola no le damos a lo que pide la gente”, admite Emmamuel entre risas. Prefieren tocar canciones que los entusiasmen a ellos mismos, temas que puedan apropiarse y convertir en algo distinto.
Tener una compañía artística en tiempos de crisis
Después de casi dos décadas recorriendo escenarios, desde Urraka sienten con claridad el impacto de la crisis económica en la cultura. "La verdad que es terrible, estos últimos años fueron muy duros para toda la escena artística. El año pasado hicimos temporada en el Metropolitan y fue la temporada más baja que tengamos memoria. Y eso se habla mucho con colegas también", comenta Calderón.
El año pasado hicieron temporada en el teatro Metropolitan y aseguran que fue la más floja que recuerden. “Se agranda la brecha entre los que están súper pegados y todo lo demás”, explican. La situación atraviesa a toda la escena artística: cuesta llenar salas y vender entradas.
Pero aun así, Urraka sigue adelante. Tal vez porque su propia historia nació justamente de eso, de encontrar belleza en lo que otros descartan, de tomar objetos olvidados y darles una segunda vida arriba de un escenario. Como si cada canción fuera también una pequeña demostración de que todavía es posible construir algo nuevo con los restos de lo cotidiano.
