El fútbol argentino, un torneo en el que cualquiera le gana a cualquiera

Cada fecha es un partidazo, cada momento es llamativo. Todo es aventura en el fútbol argentino.

11 de mayo, 2026 | 19.50

Bienvenido al fútbol argentino. Al fútbol en el que cualquiera le puede ganar a cualquiera. ¿Quiere usted que gane el mejor? Vaya entonces a Francia. Allí sí que hay seguridades. Garantías. Siempre gana el mismo: PSG. O váyase a Alemania, que el Bayern Munich nunca defrauda. O a Italia, donde si antes dominó Juventus ahora gana siempre Inter. O a España, donde ganan solo dos: ayer Real Madrid, hoy Barcelona. Aquí, en cambio, todo es impredecible. Todo es aventura. En la AFA de Chiqui Tapia, creáse o no, parece reinar la más absoluta de las democracias. Y de las meritocracias (con algunas excepciones para la familia, claro). Pero en la lucha por el título solo gana el que hace más goles. O más penales. No importan sus pergaminos, su recorrido y tampoco sus merecimientos en ese partido decisivo. Llámese como se llame. Ayer Platense, campeón por primera vez en toda su historia. Luego Estudiantes de La Plata, clasificado milagrosamente a los playoffs y enemigo de Chiqui Tapia. ¿Y ahora quién? No tenemos casa de apuestas que juegue a seguro. 

Elijo un momento especial que grafica la locura de este fin de semana. Faltaban segundos en el Monumental. River, pese a jugar con uno más buena parte del partido, perdía 2-1 contra un San Lorenzo que vive en crisis eterna, que arma un equipo como puede y que estaba dejando la vida, liderado por el gigantesco central colombiano Jhohan Romaña. Frustrados, resignados, los hinchas de River comenzaron a insultar a su equipo (ya lo habían recibido en el segundo tiempo con el “Movete” y luego cantaron “Jugadores”). El tercero es peor. Cantan “que se vayan todos, que no quede uno solo”. Mientras suena ese canto, otro colombiano, Juanfer Quintero, tira el centro número cien, la pelota pica sin que nadie la toque, gol en el último segundo del tiempo extra y estalla la locura. El mismo Quintero se desahoga gritándole a los hinchas. Dos a dos y a los penales. En la definición, San Lorenzo se rehace y se pone dos penales arriba. Solo faltan segundos para que vuelvan los insultos. Pero River remonta con Santiago Beltrán otra vez héroe que maquilla todo. En el último penal, la pelota baila por toda la línea después de pegar en el palo . “Para los hinchas, que nos alentaron hasta el último minuto”, dedica el arquero. No fue justamente así. Qué importa. No hay guión cinematográfico que imagine un drama como el del fútbol. La pelota es una película propia. 

Un día antes, Boca debió ganar por lo menos 3-0 el primer tiempo en la Bombonera. Lo perdió 1-0. Logró empate y  alargue también casi en la última jugada, gol de espalda, fortuna pura. Pero en el alargue, su mejor jugador del partido, el central Lautaro Di Lollo, incluído en la prelista del Mundial, cometió dos penales ridículos y Huracán ganó 3-2 casi sin atacar y resistiendo heroicamente con nueve hombres en los quince minutos finales. ¿No era Boca solo tres semanas atrás la nueva sensación, el futuro del fútbol argentino? ¿Y no decían que Boca tenía el título asegurado por decisión de Chiqui Tapia? ¿Cómo también lo tenía prohibido el Estudiantes de La Brujita Verón, finalmente ganador? Como en casi todos los escenarios, el fútbol convive con la trampa, pero es un negocio raro. Corona campeones que no son negocio.

El show que suelen ofrecer los playoffs, sabemos, tiene su trampa. Porque es un formato de Copa y no de Liga. Y sin embargo le decimos Liga. La excusa es porque tenemos treinta equipos. Porque es año de Mundial. Porque los treinta equipos favorecen al país federal. O porque en todas partes inflan los  campeonatos, Mundiales, Champions y Libertadores incluídos. Por la razón que sea. Nuestra ruleta de los playoffs es la contracara de los torneos de Liga europeos que repiten campeón año tras año, y con fechas de anticipación (La excepción este año es la Premier League. Ayer Arsenal dio un paso clave con una intervención acertada pero polémica del VAR. Acertada porque a West Ham le anularon el empate en el descuento por foul al arquero en un corner. Lo mismo que hizo Arsenal durante casi toda la temporada. Hay que leer las quejas en las redes. En todos lados hay polémicas).     

Además del favoritismo no confirmado de Boca, y del sustazo de River, los playoffs fueron pura sorpresa. ¿No era Independiente Rivadavia el mejor equipo del campeonato? Allí está, eliminado el sábado por Unión. ¿No debía Estudiantes ganarle en La Plata a un Racing que era pura crisis? ¿Y Vélez derrotado en su cancha por Gimnasia que también quedó con uno menos? ¿Y Talleres que cayó contra Belgrano? ¿De qué sirve ser local? Los tres mejores de la tabla anual eliminados. De la Zona A solo ganó el último clasificado. Podrá haber un campeón que casi no ganó en el año. Nuestro formato no premia al campeón del maratón, sino de los cien metros. ¿Es justo? ¿Acaso debería serlo? Es fútbol. Es el mundo que deja al negocio Boca eliminado con dos penales en la Bombonera. Y que casi pierde al negocio River en el Monumental. San Lorenzo le ganaba 2-1 con gol de cabeza. En el salto, Fabricio López le ganó al venezolano Kendry Páez. López, recordó un hincha en las redes, llegó al Cuervo procedente de Armenio. Kendry llegó del inglés Chelsea. El fútbol sigue siendo una rareza. Lo saben los miles que participarán mañana de la Marcha Federal. Combaten contra un poder que ni siquiera les deja migajas.