LeBron James, de la protesta al negocio

LeBron, durante muchos años, fue líder de una protesta social que tiene que ver con la brutalidad contra la población negra y fue crítico con Donald Trump. Ahora, el silencio es su idioma.

26 de febrero, 2026 | 15.26

En 2004, cuando tenía solo 19 años y ya asomaba como el nuevo fenómeno de la NBA, LeBron James declaraba los dos grandes objetivos de su carrera: convertirse en “un ícono global como Mumammad Alí” y, también, en el deportista más rico de la historia. El periodista Dave Zirin, ya entonces observador agudo de la historia social del deporte en Estados Unidos, le advirtió unos días después que podían ser dos objetivos loables, pero contradictorios, porque Alí, para muchos el mejor boxeador de todos los tiempos, arruinó sus años más dorados cuando en 1967 fue despojado de su corona, suspendido por cinco años, y estuvo a un paso de ir a la cárcel por negarse a combatir en Vietnam. “Alí –recordó Zirin- no se convirtió en ícono global por ser rico, sino por sacrificarlo todo”, incluído el dinero de sus patrocinadores. 

Durante muchos años, LeBron fue líder en la protesta social. Eran tiempos de brutalidad policial contra la población negra y en 2012 posó con sus compañeros de Miami Heat con camisetas del movimiento Black Lives Matter. “I can’t breathe” (No puedo respirar”), decía otra camiseta (ya jugando para Cleveland Cavaliers) que vistió en 2014, la frase que pronunció Eric Garner antes de ser asesinado por un policía. Y que pronunció una veintena de veces George Floyd cuando también él fue asfixiado por la llave de un policía hasta su muerte en las calles de Minneapolis en 2020.

Ya eran tiempos de la primera presidencia de Donald Trump, a quien rechazó visitar en la Casa Blanca, rompiendo una tradición de equipo campeón. LeBron, como cientos de miles más en Estados Unidos, también se arrodilló copiando el gesto mítico del jugador de fútbol americano Colin Kaepernick en reclamo de justicia racial (y que le costó su expulsión de las canchas). Imposible olvidar al LeBron que protagonizó cruces durísimos con Trump. Un LeBron que era puro combate. Y que también, títulos mediante, acumulaba millones en sus cuentas bancarias.

Comenzó por eso a llamar la atención el silencio de LeBron en esta vuelta de Trump a la Casa Blanca. Silencio que siguió con los asesinatos de ICE. Con los insultos de Trump a todas las minorías. Hasta esquiadores de los Juegos Olímpicos de Invierno en Italia confesaron estos últimos días su debate interno porque deben representar a un país cuyo gobierno deploran. En 2022, LeBron ya había provocado debate cuando registró la marca comercial de “shut up and dribble” (algo así como “callate y jugá”), la “orden” que le lanzó en 2018 una comentarista política de Fox News para que dejara de hablar de política y se dedicara a jugar y que él decidió incluir en diversos artículos de venta para su compañía “Uninterrupted”. Pero el punto más polémico del cambio de LeBron se registró en el reciente All-Star, el Juego de las Estrellas de la NBA.

Un periodista le preguntó su opinión sobre el All Star israelí Deni Avdija, de los Portland Trailblazers. Y LeBron, sorpresivamente, decidió hablar no solo del jugador, sino también de Israel: “Espero que algún día pueda llegar allí. No he oído más que cosas buenas”. Los que más conocen a LeBron creen que no fue una frase espontánea. Que se trató de un acto buscado.

La misma semana del All Star, su ex compañero de los Cavaliers, Kyrie Irving, vistió una camiseta de “PRESS” en solidaridad con los periodistas en Gaza asesinados por el ejército israelí (la frase textual decía “Dedicado a nuestros queridos periodistas en Gaza que muestran al mundo la verdad”). No en los grandes medios, pero sí en las redes, numerosas voces reprocharon a LeBron la omisión a las investigaciones de organismos judiciales que acusan a Israel de “genocidio” por las más de setenta mil muertes y devastación de Gaza, represalia salvaje a la masacre de Hamas del 7 de octubre de 2023, pero en un conflicto que lleva más de medio siglo. Otros recordaron los nombres de algunos socios comerciales de LeBron en sus numerosos negocios. Y otros le recordaron al astro las visitas que hacía Alí en 1974 a campos de refugiados palestinos en Líbano y sus manifestaciones por “Palestina Libre”.

Lo hacía porque Estados Unidos, decía Alí, “es el bastión del sionismo y el imperialismo. En mi nombre y en el de todos los musulmanes de Estados Unidos, declaro mi apoyo a la lucha palestina para liberar su patria y expulsar a los invasores sionistas”, completó Alí el motivo de su visita. LeBron, 41 años, ya en el final de su carrera, fortuna neta de unos 1.300 millones de dólares según Forbes, está efectivamente entre los deportistas mejor pagos de la historia. Su otro objetivo, el de emular a Alí, quedó a medias