El mega ajuste de Milei dejó a las provincias nuevamente en rojo presupuestario

Las provincias y la Ciudad de Buenos Aires dejaron atrás el superávit que habían mostrado en 2024 y cerraron 2025 con déficit. Según un informe del IARAF, el gasto público creció 6,9% real interanual, casi el doble que los ingresos, que aumentaron 3,4%.

17 de junio, 2026 | 13.08

Las cuentas públicas de las provincias y de la Ciudad de Buenos Aires dejaron atrás el superávit que habían exhibido durante 2024 y cerraron 2025 con saldo negativo. El deterioro fiscal se produjo en un contexto de recuperación parcial de los ingresos, aunque insuficiente para compensar un crecimiento más acelerado del gasto público. Según un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), el consolidado de las 23 jurisdicciones analizadas pasó de registrar un superávit primario de 4,8 billones de pesos en 2024 a un déficit de 380.000 millones en 2025, mientras que el resultado fiscal total se deterioró desde un superávit de 2 billones de pesos a un déficit de 3,6 billones.

La explicación principal surge de la dinámica entre ingresos y gastos. Mientras los recursos totales crecieron un 3,4 por ciento en términos reales interanuales, el gasto público avanzó un 6,9 por ciento. Si se excluyen los pagos de intereses de deuda, el gasto primario aumentó un 6,8 por ciento real. La diferencia entre ambas velocidades terminó modificando el signo de las cuentas provinciales y reflejó las dificultades que enfrentan las administraciones subnacionales para sostener el ajuste fiscal en un escenario económico todavía inestable.

De acuerdo con el estudio, "el mayor aumento real del gasto respecto de los ingresos transformó el superávit fiscal de 2024 en déficit en 2025". La conclusión adquiere relevancia porque durante el año pasado las provincias habían sido presentadas por el Gobierno nacional y diversos analistas como uno de los principales pilares del ordenamiento fiscal argentino, luego de que el fuerte recorte del gasto y la licuación de partidas permitieran recomponer los balances públicos.

Sin embargo, la evolución de 2025 muestra que aquel equilibrio se asentaba sobre bases más frágiles de lo que sugerían los discursos oficiales. El regreso del déficit se produjo incluso después de una recuperación de la recaudación propia y en un contexto en el que varias jurisdicciones continuaron aplicando políticas de contención del gasto de capital.

Sin mejora de ingresos no alcanza

El informe del IARAF señala que los ingresos corrientes crecieron un 3,1 por ciento real interanual, mientras que los ingresos de capital registraron un salto del 59,4 por ciento. Como resultado, los ingresos totales avanzaron un 3,4 por ciento en términos reales entre 2024 y 2025. La mejora estuvo impulsada principalmente por los recursos generados por las propias provincias. Según el estudio, "la suba real de los ingresos totales fue motivada fundamentalmente por el aporte monetario de la suba en la recaudación tributaria propia de las provincias y de las contribuciones a la seguridad social provincial del 3,6% y 9,1%, respectivamente".

Estos incrementos permitieron compensar parcialmente la caída de otras fuentes de recursos, como las rentas de la propiedad y las regalías, que continuaron afectadas por la dinámica económica y financiera del período.

El análisis de la estructura tributaria provincial revela además diferencias significativas entre los distintos impuestos. La expansión de la recaudación estuvo explicada principalmente por el crecimiento del impuesto a los Sellos, que aumentó un 28,7 por ciento real, seguido por el tributo automotor, con una suba del 21,8 por ciento, el rubro "Otros", con un incremento del 12,1 por ciento, y el impuesto inmobiliario, que avanzó un 11,7 por ciento.

En cambio, Ingresos Brutos, el principal tributo provincial y responsable del 79 por ciento de la recaudación propia en 2025, mostró un comportamiento prácticamente estancado. El informe destaca que registró "una variación prácticamente nula, con una leve baja del 0,3%". Ese dato resulta especialmente relevante porque refleja las limitaciones que todavía enfrenta la actividad económica para consolidar una recuperación sostenida. Ingresos Brutos tiene una relación directa con el nivel de producción, ventas y servicios, por lo que su estancamiento sugiere que el repunte económico observado en algunos indicadores no se tradujo en una expansión homogénea de la base imponible provincial.

Por su parte, los gastos corrientes crecieron un 7 por ciento real interanual y los gastos de capital aumentaron un 5,8 por ciento. El resultado fue una expansión del gasto total del 6,9 por ciento. El informe pone el foco en la composición de ese crecimiento. De los siete grandes rubros presupuestarios analizados, cinco registraron incrementos reales durante el período. Entre ellos sobresalen los tres componentes con mayor peso relativo dentro de los presupuestos provinciales: salarios, transferencias corrientes y prestaciones de la seguridad social.

Según el trabajo, el gasto en salarios creció un 7,4 por ciento real interanual, las transferencias corrientes aumentaron un 2,3 por ciento y las prestaciones de la seguridad social registraron una expansión del 11 por ciento. Durante 2024, los ingresos de los trabajadores estatales habían sufrido el impacto de la aceleración inflacionaria y del ajuste aplicado por distintas administraciones. En 2025, en cambio, muchas provincias otorgaron aumentos que permitieron recomponer parcialmente el poder adquisitivo perdido, elevando así el peso de la masa salarial dentro del gasto público.

Algo similar ocurrió con las prestaciones previsionales provinciales, que crecieron por encima del promedio del gasto total. En varias jurisdicciones, los sistemas jubilatorios propios continúan representando uno de los principales desafíos fiscales debido al envejecimiento poblacional y a los desequilibrios estructurales que arrastran desde hace años. Uno de los aspectos más llamativos del informe es el comportamiento del gasto de capital. Históricamente, la inversión pública fue la variable de ajuste más utilizada por los gobiernos provinciales cuando necesitaban equilibrar las cuentas fiscales

La inversión financiera cayó un 42 por ciento real interanual y las transferencias de capital disminuyeron un 9,6 por ciento. Pero la inversión real directa, es decir, la destinada a obras e infraestructura, aumentó un 23 por ciento real. Como resultado de esos movimientos, el gasto de capital consolidado terminó exhibiendo una variación positiva del 5,8 por ciento. La cifra sugiere que varias provincias comenzaron a recuperar proyectos de inversión que habían sido postergados durante la etapa más intensa del ajuste.

La reversión del resultado fiscal provincial expone las tensiones que atraviesan las finanzas subnacionales en la actual etapa económica. La desaceleración de la inflación permitió recuperar parcialmente salarios y partidas presupuestarias, pero al mismo tiempo redujo el efecto de licuación que había contribuido a mejorar los balances públicos durante 2024.