El ajuste de esta semana al Presupuesto 2026 es consecuencia directa de la caída en la recaudación derivada del consumo deprimido que el Gobierno sigue negando o subestimando. Pero el problema no termina ahí. Economistas advirtieron que hay riesgo de que este mismo recorte presupuestario tenga un impacto negativo en la propia recaudación, dando lugar a un círculo vicioso de nuevos ajustes.
Este último lunes, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, oficializó una serie de modificaciones presupuestarias en diversas áreas. Pero, a diferencia de lo ocurrido en ocasiones anteriores, en las que meramente se reasignaban partidas, esta vez se trató de un ajuste neto al Presupuesto 2026, por un total de 2,4 billones de pesos.
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La medida es consecuencia directa de la caída en la recaudación, que en abril concatenó nueve meses seguidos con una baja del 3,9% real. Sobre todo, esto es producto de la baja de los ingresos fiscales por el IVA, que el mes pasado descendieron un 3% real, luego de otro descenso del 2,1% real en marzo.
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Pese a este contexto, a mediados de abril Adorni y Luis Caputo ordenaron a todos los ministerios realizar un recorte del 2% en los gastos corrientes y del 20% en los gastos de capital, con el objetivo de mantener el superávit fiscal.
El riesgo del ajuste perpetuo
Esa misma decisión oficial terminó de concretarse este último lunes. Pero el problema es que existe el riesgo de que el efecto cadena no termine acá, sino que el propio ajuste al Presupuesto termine favoreciendo una nueva baja en la recaudación.
"El ajuste fiscal profundiza la recesión, y por tanto, la caída en la recaudación. En parte, esto es producto de nuestra estructura tributaria, en donde una parte importante de los ingresos fiscales dependen del consumo y los ingresos (IVA, impuesto a las ganancias, Ingresos Brutos, etc.)", advirtió Federico Zirulnik, economista del Centro de Estudios Scalabrini Ortiz (CESO).
En términos teóricos, "la recaudación suele ser pro-cíclica", es decir, "podría darse la paradoja de que el ajuste en el gasto como herramienta para lograr el tan ansiado equilibrio fiscal no sea tan eficaz porque los ingresos tributarios caen más de lo proyectado", profetizó el CESO en un informe sobre el programa económico mileísta de enero de 2024.
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"Claramente, ejecutar una política fiscal más contractiva tiene algún efecto contractivo en términos de actividad", coincidió Guido Bambini, economista del CEPA. "Hemos visto episodios en la historia reciente que terminaron redundando en ajustes de segunda vuelta. Más recientemente en 2001", agregó.
Efectivamente, en julio de 2001, Fernando de la Rúa impulsó la llamada Ley de Déficit Cero, que tenía el objetivo de evitar que el gasto público total fuera mayor que la recaudación. No es necesario aclarar cómo terminó esa situación.
Ahora, por suerte, el escenario político y económico todavía dista mucho de ser el de hace 25 años (cuando se iba por el cuarto año seguido de recesión). Pero eso no quiere decir que algunos recortes no generen el mismo efecto en la recaudación.
Bambini apunta particularmente al ajuste en los gastos de capital, es decir, gastos en infraestructura u obra pública, que son los que impactan de forma más directa en el empleo y el salario. Según precisó un informe de la Asociación Argentina de Presupuesto (ASAP), el lunes pasado los gastos de capital totalizaron un recorte neto de 496.760 millones de pesos, transversal a todas las dependencias.
El otro ítem que puede impactar negativamente en la recaudación es el de las transferencias a las provincias, señalaron Zirulnik y Bambini, dado que están asfixiadas y deben destinar todo recurso al gasto, especialmente al pago de salarios. En este caso, la medida de ayer dispone un recorte en el gasto de 320.000 millones de pesos en las "Relaciones con las Provincias y Desarrollo Regional", del Ministerio del Interior, fundamentalmente en materia de reducción de los Aportes del Tesoro Nacional (ATN).
Esto significa "menor capacidad de recomposición salarial para trabajadores provinciales, que se traduce en menor consumo", alertó Bambini. En este caso el impacto es doble, ya que no solo puede tener efecto negativo en la recaudación del IVA, de carácter nacional, sino también en la recaudación de los Ingresos Brutos, uno de los principales tributos de carácter provincial.
En febrero pasado, el Indec mostró la primera baja neta de la actividad económica desde 2024 (cayó un 2,1% interanual). Las últimas medidas del Gobierno indican que hay riesgo de que esta tendencia continúe en los próximos meses.
