La carne vacuna frenó la suba en junio, pero acumula más del 55% en un año

El informe del IPCVA mostró que los precios de los cortes vacunos aumentaron apenas 0,3% en junio, mientras que el pollo y el cerdo registraron bajas mensuales.

16 de julio, 2026 | 16.41

Los precios de la carne vacuna frenaron la escalada durante junio, aunque el incremento acumulado en los últimos doce meses volvió a ubicar al principal alimento de la mesa de los argentinos entre los productos que más aumentaron. Según el relevamiento mensual del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), los distintos cortes registraron una suba promedio del 0,3 por ciento respecto de mayo y del 55,6 por ciento frente al mismo mes de 2025.

El informe también reflejó que el pollo y el cerdo continuaron mostrando un comportamiento diferente al de la carne vacuna. El precio del pollo fresco cayó 1,3 por ciento durante junio y acumuló un incremento interanual del 34,3 por ciento, mientras que el pechito de cerdo retrocedió 0,1 por ciento en el mes y mostró una suba del 25,6 por ciento respecto de junio del año pasado. La diferencia entre esas variaciones vuelve a consolidar un cambio que se viene observando desde hace varios años: los consumidores recurren cada vez más a proteínas alternativas frente al encarecimiento sostenido de la carne vacuna.

La moderación de los precios durante junio se produjo además en un contexto de desaceleración de la inflación general. Sin embargo, el comportamiento mensual no alcanza para revertir el impacto acumulado de los aumentos registrados desde mediados de 2025 ni para modificar una tendencia que se refleja tanto en el consumo como en la composición de la canasta alimentaria. Mientras algunos cortes registraron incrementos, otros retrocedieron, y también aparecieron diferencias según la zona del Área Metropolitana de Buenos Aires, el tipo de comercio y el nivel socioeconómico de los consumidores.

En los barrios de ingresos altos y medios, los precios de la carne vacuna aumentaron 0,5 por ciento durante junio, mientras que en los sectores de menores ingresos mostraron una baja del 0,3 por ciento. La diferencia refleja una dinámica comercial que ya había comenzado a observarse en meses anteriores, con promociones y estrategias de precios diferenciadas según el poder de compra de cada zona.

El precio de la carne proveniente de novillito aumentó 0,3 por ciento, el novillo mostró un incremento del 1,1 por ciento, mientras que la carne de vaquillona y ternera registró una baja del 0,7 por ciento. En promedio, la categoría liviana destinada al consumo minorista tuvo una variación de apenas 0,2 por ciento respecto de mayo.

En el Norte del Gran Buenos Aires los precios aumentaron 1,2 por ciento, mientras que en la Ciudad de Buenos Aires el incremento fue del 0,4 por ciento, y en el Oeste del conurbano también alcanzó el 0,4 por ciento. En cambio, en la zona Sur del Gran Buenos Aires se observó una caída del 0,2 por ciento.

Por canal de comercialización

La estabilidad promedio del mes también escondió comportamientos distintos entre los canales de comercialización. El informe señaló que "los precios no variaron con respecto al mes anterior en las carnicerías y aumentaron un 0,7 por ciento en supermercados". En términos interanuales, sin embargo, las carnicerías exhibieron un incremento del 59,3 por ciento, superior al 47,5 por ciento registrado por los supermercados.

Las diferencias entre ambos formatos comerciales continúan siendo significativas para distintos cortes. Según el IPCVA, algunos productos presentan valores más altos en las grandes cadenas, como el lomo, que cuesta 3.386,7 pesos más que en las carnicerías, una diferencia equivalente al 12,2 por ciento, y la colita de cuadril, con una brecha de 1.408,3 pesos o 5,9 por ciento.

El  asado es 3.520,4 pesos más barato en los supermercados, una diferencia del 18,5 por ciento; el peceto cuesta 2.396,4 pesos menos, equivalente al 10,1 por ciento; la falda presenta una brecha del 35,7 por ciento; la picada común, del 19,5 por ciento; y la carnaza común, del 32,1 por ciento. La diferencia también aparece en uno de los cortes más demandados por los hogares argentinos. En la nalga, utilizada principalmente para la elaboración de milanesas, el supermercado ofrece un precio aproximadamente 2.808  pesos menor que las carnicerías, una brecha cercana al 12,4 por ciento.

El informe también confirmó que el pollo y el cerdo mantienen precios relativamente más bajos en las grandes superficies. El pechito de cerdo cuesta en promedio 1.645  pesos menos que en las carnicerías, mientras que el pollo presenta una diferencia cercana a los 1.140 pesos.

Más allá de las variaciones mensuales, la evolución de algunos cortes mostró que todavía existen movimientos dentro de la estructura de precios. Durante junio las mayores subas correspondieron a la picada especial y el cuadril, ambos con un incremento del 2,3 por ciento; la carnaza común, con 1,9 por ciento; y el roast beef y la colita de cuadril, que aumentaron 1,6 por ciento. En sentido contrario, el asado, el matambre y el peceto retrocedieron 1,3 por ciento; la bola de lomo y el osobuco bajaron 1,1 por ciento; mientras que la cuadrada registró una caída del 1 por ciento.

A comer otra cosa

Otro indicador que analiza el IPCVA es la relación entre el precio del asado y el resto de las proteínas animales. En junio, con el valor de un kilogramo de asado fue posible comprar en promedio 3,59 kilos de pollo fresco. Durante el primer semestre del año esa relación ascendió a 3,77 kilos de pollo por cada kilo de asado, un 20,2 por ciento más que durante igual período de 2025.

La comparación también se modificó respecto del cerdo. En junio se pudieron adquirir 1,95 kilos de pechito de cerdo con el valor equivalente a un kilo de asado. En promedio, durante el primer semestre esa relación alcanzó los 2,01 kilos, un 33,4 por ciento por encima del mismo período del año pasado. Esa evolución vuelve a mostrar un cambio gradual en las decisiones de consumo de los hogares. Desde hace varios años, la carne vacuna perdió participación frente al pollo y al cerdo como consecuencia del deterioro del ingreso disponible y de la mayor diferencia de precios entre las distintas proteínas.

Los datos oficiales de consumo ya habían mostrado esa tendencia durante 2025 y comienzos de 2026, con uno de los niveles de consumo de carne vacuna por habitante más bajos de las últimas décadas. En distintos informes, tanto el IPCVA como cámaras frigoríficas y entidades del sector señalaron que la recuperación del consumo continúa condicionada por la evolución de los salarios y las jubilaciones, aun cuando la inflación comenzó a desacelerarse.

El comportamiento de los precios durante junio también se produjo mientras la actividad económica mantiene señales mixtas. La desaceleración de la inflación redujo el ritmo de aumento de algunos alimentos, aunque eso no implica una recuperación automática del poder adquisitivo perdido durante los últimos años. En ese escenario, los consumidores continúan privilegiando promociones, ofertas y formatos de venta que permitan sostener el consumo sin ampliar el gasto mensual destinado a alimentos.