Rebote, ajuste y fábricas que cierran: los tres datos que contradicen la promesa de Milei

El Gobierno habla de liderazgo regional, pero los datos muestran una economía que apenas se recupera tras la caída del inicio de la gestión Milei. Sin empleo ni industria, Argentina está lejos de encabezar el ranking latinoamericano.

18 de abril, 2026 | 00.05

“Vamos camino a ser el país con mayor crecimiento de la región”, afirmó el presidente Javier Milei en redes sociales, en un intento por defender el rumbo económico de su gestión. Sin embargo, lejos de ese diagnóstico, los datos muestran una realidad bastante distinta: el crecimiento que exhibió Argentina es, en gran medida, un rebote tras la caída previa, convive con una fuerte destrucción del entramado productivo y, además, pierde sustento cuando se lo compara con el conjunto de los países de la región.

Al respecto, detrás del relato oficial, tres elementos permiten poner en cuestión la idea de un liderazgo económico del modelo libertario: no se trata de un crecimiento estructural sino estadístico; se expande sin generar empleo ni fortalecer la industria; y se apoya en una comparación parcial que omite a las economías que efectivamente muestran mejores desempeños.

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Rebote versus crecimiento estructural

“Spoiler para el lector: hay una única lectura, es falso que estemos mal. La única razón por la que esta vez está siendo diferente es precisamente porque hemos ordenado el desastre heredado, y porque vamos camino a ser el país con mayor crecimiento de la región”, sostuvo recientemente el jefe de Estado en un mensaje publicado su cuenta de "X", en un intento de justificar el programa económico de su gestión.

Sin embargo, el mayor crecimiento que promete Javier Milei es, en realidad, un rebote tras la caída previa, que no ubica al país como líder regional y que convive con una economía que sigue destruyendo industria y empleo. Pese a los argumentos del oficialismo tres puntos desmienten, una vez más, al Presidente.

Por un lado, las perspectivas para la actividad económica de este año son, cuanto menos, poco alentadoras: un crecimiento por arrastre, pero sin señales de recuperación sólida. Al respecto, el rebote estadístico heredado convive con una economía real débil y un programa económico que sigue atado al ancla salarial (tope de aumentos) en un intento por controlar la inflación (acumula diez meses al alza) pero con efectos concretos en el consumo, la recaudación y el nivel de actividad.

En esa línea, la economía argentina creció el año pasado (EMAE-INDEC: +4,4% promedio anual), pero más del 80% del crecimiento (3,6 puntos) se explicó por el arrastre estadístico de 2024, no por un dinamismo propio del año. De hecho, según lo precisó un informe del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP-UBA CONICET) el crecimiento “genuino” del año fue muy bajo (0,8 puntos).

De forma más detallada, un tercio del crecimiento provino de Impuestos netos de subsidios (no producción real) y otro aporte clave fue de Intermediación financiera, que creció en parte por el spread de tasas, no por mayor crédito real. De hecho, el centro económico estimó que si se excluyen estos componentes el crecimiento bajaría del 4,4% a 2,7%.  

Los sectores identificados como los “ganadores” del modelo actual -Finanzas, Agro, Minería- se ubicaron en el último mes entre 17% y 31% por encima de sus valores promedio de 2022 mientras que -en contraste- el segmento de “perdedores” estuvo liderado por Industria, Construcción y Comercio que se ubicaron entre 5% y 14% por debajo del promedio de 2022.

En el comienzo del 2026 la tendencia no se modificó, la actividad creció traccionada por sectores desconectados del mercado interno. Si bien en enero el EMAE-INDEC registró una expansión de 1,9% interanual, al desagregar su composición se observa que se explicó nuevamnete por Agricultura, ganadería y silvicultura (+25,1%) y Explotación de minas y canteras (+9,6%) que aportaron conjuntamente 1,7 de los 1,9 puntos porcentuales de crecimiento. Se trata de sectores primarios orientados a la exportación, con baja intensidad en el uso de mano de obra urbana y sin capacidad de tracción sobre el consumo doméstico. 

A diferencia, la industria manufacturera cayó 2,6% interanual, el Comercio mayorista y minorista retrocedió 3,2%, y la Administración pública se contrajo 1,6%. Estos tres sectores —intensivos en empleo, consumo y demanda interna— le restaron en conjunto 0,9 puntos porcentuales al resultado. 

Tejido productivo versus apertura desregulada

Un segundo punto que pone en jaque la promesa presidencia tiene que ver con que, pese al crecimiento del PBI en el promedio anual, la destrucción de tejido productivo y empleo cuestiona tanto la calidad como la sostenibilidad de ese crecimiento.

Actualmente, el índice de producción industrial opera en niveles similares a los de hace más de dos décadas. El informe de cierre de año de la Confederación de Sindicatos Industriales de la República Argentina (CSIRA) dejó en evidencia el deterioro sostenido del entramado productivo: desde noviembre de 2023 se perdieron 138.573 empleos privados -de los cuales 42.406 corresponden a la industria- y cerraron 1.974 fábricas manufactureras, a las que se suman más de 1.790 empresas de la construcción. 

Se agrega que más del 75% de los sindicatos reportó un empeoramiento de la actividad, con caídas en ventas, producción y uso de la capacidad instalada, mientras las exportaciones retrocedieron en el 62,5% de los casos y la inversión sigue sin mostrar señales de recuperación. En paralelo, se intensificaron los despidos, suspensiones y retiros voluntarios, los salarios continúan rezagados frente a la inflación y las expectativas son mayoritariamente negativas: el 86,4% anticipó que la situación empeoraría en 2026.

De hecho, en febrero (último dato oficial disponible) la industria se ubicó un 8,7% debajo del mismo mes de 2025, a la vez que retrocedió 4% respecto de enero y acumuló 8 meses consecutivos de caída.  En ese marco, 14 de 16 divisiones industriales estuvieron en rojo. Si se desagrega por sectores, el más afectado en el mes fue Textil (-8,3%), seguido de Productos de caucho y plástico (-2,9%), y Alimentos y bebidas (-3%). 

“La perspectiva histórica permite dimensionar la caída de la actividad industrial desde el cambio de gestión: en 2025 la industria operó en niveles similares a los de 2003”, señalaron desde el Instituto Argentina Grande (IAG) y agregaron que “hasta el cambio de gestión, la evolución salarial del sector privado registrado acompañó la evolución del nivel de producción industrial, pero desde 2025 el vínculo entre salarios y producción no parece tan clara, aunque el estancamiento de los salarios de los últimos meses (5 meses de estancamiento y caída) parecerían indicar que, sin una industria que crece, es difícil sostener salarios al alza”, alertaron.

Por su parte, en cuanto a la inversión extranjera directa (IED) transita un sendero contractivo en lo que va de la gestión de Javier Milei. En concreto, durante el período 2024/2025, se registró una reducción real del 40% en la entrada de inversiones en comparación con el promedio de los últimos 22 años. “Si hay inversión extranjera, es solo financiera”, señalaron al respecto desde el Centro de Estudios Derecho al Futuro (CEDAF), donde presentaron un informe que alertó que “la administración actual marca el primer período, al menos desde 2003, en el que la inversión extranjera neta ha sido negativa”. 

Mientras que en términos históricos el saldo promedio se ubicó en 143 millones de dólares, con picos que alcanzaron los 735 millones de dólares, entre 2007 y 2015 el promedio fue incluso más alto, de 210 millones de dólares (máximo de 629), y entre 2016 y 2019 se mantuvo en niveles similares, con un promedio de 206 millones de dólares. En cambio, entre 2020 y 2023 se observó una caída significativa, con un promedio de apenas 68 millones y un techo de 224. Pero el quiebre más fuerte apareció en 2024-2025: el saldo promedio pasó a ser negativo, de -50 millones de dólares, y el máximo se redujo a 183 millones de dólares, reflejando no solo una menor entrada de capitales sino directamente un proceso de salida neta de inversión extranjera.

Argentina versus la región

Por último, el señalamiento respecto de que Argentina se ubicaría como el país que más crecerá en la región se apoya en una comparación parcial y contra un promedio regional bajo. Más que liderar el crecimiento, nuestro país aparece mejor posicionado dentro de una región que en su conjunto se expande a un ritmo débil.

Las cifras muestran que Argentina cayó en complejidad económica: pasó del puesto 58 al 84 en el índice Economic Complexity Index (ECI) entre 2012 y 2024, siendo el peor deterioro de América Latina. Dicho indicador mide qué tan sofisticada y diversificada es la estructura productiva de un país, a partir de lo que exporta.

En las economías de frontera tecnológica, Alemania se mantiene estable, mientras que Estados Unidos muestra un leve deterioro y en Asia la tendencia es claramente ascendente con China como lider (se consolida dentro del top 10). Sin embargo, en América Latina predomina el retroceso. “Argentina cae de 58 a 84, con un deterioro acelerado después de 2015, lo que sugiere pérdida de densidad industrial relativa. Brasil también retrocede, aunque de forma más moderada. México muestra estabilidad con oscilaciones 29 a 27, manteniendo su posición gracias a su integración manufacturera regional”, precisaron desde el IAG.

En definitiva, lejos de un proceso de expansión sostenida, la dinámica actual muestra una economía que rebota sin consolidarse, crece sin traccionar empleo ni producción y se sostiene, en buena medida, en comparaciones parciales y sesgadas. Más que un liderazgo regional, lo que emerge es un esquema frágil, apoyado en sectores desconectados del mercado interno y con crecientes señales de deterioro en su entramado productivo. En ese contexto, la promesa de ser “el país que más crece” aparece menos como una descripción de la realidad que como una construcción discursiva que pierde consistencia cuando se la contrasta con los datos.