En momentos en que el ministro de Economía, Luis Caputo, se ilusionaba con una rápida salida al mercado de capitales –al menos una emisión corta como la que le exige como prueba de 'amor' el mercado—entró en escena la guerra que iniciaron Estados Unidos e Israel en Medio Oriente y su posible impacto en el dólar. La guerra, a la que se sumó, al menos en lo discursivo el gobierno de Milei, se interpuso en los planes de emisión de deuda, por un nuevo salto del riesgo país argentino, que se suma a un salto en el rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense (que sirven de referencia para la comparación). Con los actuales valores de los títulos tanto del Tesoro argentino como estadounidense, la Argentina no podría emitir en el corto, y posiblemente en el mediano plazo, a menos del 10 por ciento anual, una cifra que Caputo dijo no estar dispuesta a convalidar.
El riesgo país, un termómetro que vuelve a cobrar relevancia en los últimos tiempos, mide a través del índice EMBI de J.P. Morgan, la diferencia entre la tasa que pagan los bonos soberanos de un país y la de los bonos del Tesoro de Estados Unidos, considerados el activo más seguro del mundo. Cuanto mayor es esa brecha mayor es la percepción de riesgo de impago de esos empréstitos, de inestabilidad política o fragilidad fiscal. Esto explica que, por más que un país haga bien las cosas –no es el caso argentino—las subas de tasas en Estados Unidos suelen complicar a economías emergentes como Argentina.
Una suba de tasas en activos del Tesoro de EE.UU. eleva el rendimiento de referencia global, empujan a los inversores hacia activos seguros y encarecen automáticamente el financiamiento externo. Lo que se conoce como vuelo a la calidad. Si se mantiene el diferencial de las últimas semanas del riesgo país, en torno a 600 puntos, la suba de los rendimientos del Tesoro estadounidense lleva a niveles de 10 por ciento en dólares el rendimiento que el país tiene que ofrecer para poder colocar deuda.
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La guerra y el riesgo país
Con la escalada bélica, los bonos del Tesoro continúan en caída, ya que el aumento de los precios del crudo debido a la guerra de Irán se sumó a la preocupación de que la inflación se acelere. Los rendimientos de referencia a 10 años subieron a su nivel más alto desde mediados de febrero tras la noticia de que China había dicho a sus mayores refinadores de petróleo que suspendieran las exportaciones de gasóleo y gasolina debido a la escalada del conflicto en el Golfo Pérsico. Recordemos que el riesgo país mide la sobretasa que debe pagar un bono, en nuestro caso argentino, frente al rendimiento de los títulos a 10 años que emite el Tesoro de los Estados Unidos.
El anuncio de China de suspender las exportaciones de gasóleo y gasolina está haciendo subir los rendimientos de los bonos, informó este fin de semana la agencia especializada Bloomberg. El riesgo se inclina a favor de que los rendimientos a 10 años suban hacia una margen de entre el 4,2 y el 4,3 por ciento. De acuerdo con el relevamiento, el rendimiento a 10 años ganó hasta tres puntos básicos hasta el 4,13 por ciento, el más alto desde el 12 de febrero y se encamina a la mayor subida semanal desde abril.
El riesgo país se entiende que está relacionado con la eventualidad de que un estado soberano se vea imposibilitado o incapacitado de cumplir con sus obligaciones con algún agente extranjero, por razones fuera de los riesgos usuales que surgen de cualquier relación crediticia. Es por eso que la única explicación no depende de lo que sucede con los títulos comparables de Estados Unidos. El Tesoro argentino tampoco parece contar con los dólares para garantizar los pagos de los servicios de la deuda en divisas, lo que viene disparando desde fines de enero el riesgo país a máximos del año.
Más preocupante para el mercado tampoco tiene pesos para responder en las renovaciones de deuda y aflojar el cepo monetario que potencia la recesión económica, vía consumo. El ministro Caputo argumenta que la resistencia a perforar los 500 puntos reside en el “riesgo kuka”, aunque ninguna de las variables muestren un desempeño que garanticen el cumplimiento de los compromisos de deuda en el mediano y largo plazo. Sin embargo, el crecimiento de la deuda de los últimos es el principal driver que explica la escasa expectativa de que pueda cumplir con sus compromisos si no cambia su matriz de ingreso de dólares con cierta celeridad.
El impacto de la guerra en el precio del dólar
En el último informe del Citi se prevé que las crisis del petróleo podrían desanclar drásticamente las expectativas de inflación interna en los mercados emergentes. El banco advirtió que el efecto podría resultar “particularmente agresivo dado cómo están configurados los mercados actualmente”, en referencia a un escenario donde los inversores descuentan una desaceleración de la inflación y eventuales recortes de tasas.
“Países con bajas reservas de divisas, como la Argentina, Sri Lanka, Pakistán y Turquía, enfrentan mayores riesgos de salidas repentinas de capital y depreciación de sus monedas”, indicó la entidad estadounidense. En esa línea, agregó que “el grado en que los shocks petroleros pueden desanclar las expectativas de inflación interna será clave para comprender la reacción de las monedas, las tasas locales y los bonos”. Por su parte, Wells Fargo sostuvo que, si bien su escenario base contempla un impacto transitorio del conflicto, es necesario evaluar una hipótesis más adversa. El banco aún considera a la Argentina como uno de los emergentes más vulnerables ante un shock externo, junto con Turquía.
De acuerdo con datos oficiales (argentina.gob.ar), el stock de la deuda bruta en situación de pago normal a fin de enero ascendía a 458.398 millones de dólares. “El 76,8 por ciento de la deuda bruta en situación de pago normal corresponde a Títulos y Letras del Tesoro Nacional, el 21,8 por ciento a obligaciones con Acreedores Externos Oficiales, el 0,6 por ciento corresponde a Adelantos Transitorios 2 y el 0,8 por ciento restante a otros instrumentos”, detalla. Durante los últimos doce meses, el stock de deuda bruta en situación de pago normal disminuyó por el equivalente a 6.977 millones de dólares, debido al aumento de la deuda en moneda extranjera en 7.375 millones y la disminución de la deuda en moneda local por un monto equivalente a 14.352 millones.
