Pese a que el dólar siguió atrasándose, la crisis en el bolsillo no perdonó ni siquiera a los viajes de los argentinos al exterior y provocó una fuerte caída del turismo emisivo durante el primer trimestre, que se suma a magros fines de semana largos para el turismo interno local, como el de este 1º de mayo.
La divisa norteamericana no paró de caer entre enero y marzo pasados. Mientras que se encontraba a 1.479 pesos a inicios del año, descendió en términos nominales apenas por encima de los 1.400 pesos a fines del primer trimestre.
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El atraso del dólar, que bajó mientras la inflación se aceleraba, se comprueba en la evolución del tipo de cambio real, que cayó de 94 a inicios de enero a 84 a fines de marzo, según la serie elaborada por el Banco Central. Pese a eso, el turismo emisivo cayó durante el primer trimestre por primera vez desde enero de 2024. Los números del Indec muestran una progresiva desaceleración desde el pico de agosto del año pasado, que en el arranque de 2026 finalmente derivaron en una baja interanual neta.
Concretamente, en enero la cantidad de argentinos que viajó al exterior descendió un 8,5% interanual, que se profundizó hacia una baja del 10,7% en febrero y a un desplome del 19,9% en marzo, precisaron las cifras del Indec.
Lo que ocurre, admiten en el sector, no es otra cosa que el impacto de la caída del poder adquisitivo, luego de que los salarios reales cayeran ininterrumpidamente entre septiembre y febrero, según los últimos datos oficiales disponibles. "Nos pasa lo mismo que al resto de las actividades del país: que hay poco consumo. Eso bajó mucho el turismo de Argentina hacia el exterior", advirtió Aldo Elías, vicepresidente de Asociación de Hoteles y expresidente de la Cámara Argentina de Turismo.
Para Elías, "el problema no es tanto el tipo de cambio sino la presión impositiva". Pero, igualmente, "la realidad es que la microeconomía no está impactada por los buenos resultados de la macro y sin eso no se reactiva el consumo y se hace cuesta arriba para muchas actividades", añadió.
A esto se le sumó "el impacto del aumento de los pasajes por el efecto de la guerra" en Medio Oriente, señaló Salvador Femenía, vocero de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME). Un factor que puede explicar que la caída del turismo emisivo de marzo haya duplicado la de febrero.
El turismo interno, también afectado
En paralelo, como no podía ser de otra forma, la baja del poder adquisitivo también impactó en el turismo interno durante los últimos meses. Elías destacó que "todavía las escapadas se sostienen durante los fines de semana largos".
Pero, más allá de que la cantidad de turistas internos se mantiene, lo cierto es que esta actividad no escapa al contexto general. "Durante los feriados del 24 de marzo y de Semana Santa, el turismo fue muy de excursionista, muy de cercanía, porque no hay plata", alertó Femenía.
Algo similar se vio en este último fin de semana largo del 1 de mayo. "El fin de semana largo del Día del Trabajador mostró una desaceleración en la actividad turística. Se viajó menos, con estadías más cortas (dos días en promedio) y un gasto real en baja. Predominaron las escapadas de cercanía", señaló el informe de la CAME y agregó que "se organizaron numerosos eventos en todo el país, que traccionaron, pero que no alcanzaron para motorizar a un segmento del turismo que tiene su ecuación de ingresos más comprometida".
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De hecho, esta vez viajaron 1.066.000 personas, unas 146.000 mas que en 2023, cuando también hubo un fin de semana largo de tres días para esta misma fecha. Pero, aun así, el gasto promedio por turista bajó levemente respecto a ese año, al igual que cayó un 1,6% frente a fin de semana largo de 2025 (que fue de cuatro días).
La cuestión, en todo caso, es si en las próximas semanas comenzará o no a verse un repunte. "¿Quién se va de vacaciones en marzo, abril o mayo teniendo el Mundial en junio? Hay concentración fuerte en un evento como este", anticipó Elías.
En la CAME, por su parte, adelantaron que durante abril no se percibió una nueva baja en el turismo emisivo como en el primer trimestre. Un indicador que podría reflejar que la continuidad del atraso cambiario, junto a una primera desaceleración de la inflación tras 10 meses, por fin vuelve a hacer su efecto.
