Cada Mundial transforma a las ciudades anfitrionas. No es solo una competencia deportiva: es un fenómeno cultural, social y económico que reconfigura el pulso urbano durante meses. En 2026, México volverá a ocupar un lugar central en la historia del fútbol al convertirse en el primer país en organizar tres Copas del Mundo. Y mientras la cuenta regresiva avanza, CDMX, Guadalajara y Monterrey ya muestran señales claras de preparación.
El Mundial 2026 será además el primero con 48 selecciones y un formato ampliado que implicará más partidos y mayor circulación de hinchas. Se estima que millones de personas viajarán entre las distintas sedes de América del Norte, lo que genera expectativas concretas en múltiples sectores económicos.
Lo que dejaron las ediciones anteriores
Para entender lo que puede suceder en México, alcanza con mirar antecedentes. En Brasil 2014, el turismo internacional creció de manera exponencial durante el torneo y muchas ciudades sede registraron picos históricos de ocupación hotelera. Rusia 2018 informó un impacto económico superior a los 14 mil millones de dólares, impulsado principalmente por consumo en servicios y comercio. Incluso en Qatar 2022, donde la escala geográfica era menor, el movimiento comercial fue notable en gastronomía, retail y entretenimiento.
La experiencia demuestra que el efecto no se limita al sector turístico tradicional. Restaurantes, centros comerciales, transporte, alquileres temporarios y pequeños negocios de cercanía suelen verse beneficiados por el aumento en la circulación de personas.
En el caso mexicano, distintas plataformas inmobiliarias y consultoras ya analizan cómo este contexto podría incidir en variables como el precio por m² en zonas estratégicas de cada ciudad sede. La expectativa de mayor demanda suele anticiparse incluso antes de que empiece el torneo.
CDMX: epicentro deportivo y comercial
La Ciudad de México será una de las grandes protagonistas. El Estadio Azteca, escenario de finales memorables, volverá a ser sede mundialista tras su proceso de modernización. Pero el movimiento se percibe más allá del estadio.
En barrios como Polanco, Roma, Condesa y el Centro Histórico se observa un renovado interés por espacios comerciales bien ubicados. La proyección de alto flujo turístico impulsa consultas sobre locales en renta en CDMX, especialmente en corredores gastronómicos y zonas de fuerte tránsito peatonal.
La lógica es clara: durante un Mundial, cada punto estratégico puede convertirse en un espacio de consumo intensivo. Bares temáticos, tiendas deportivas, propuestas gastronómicas internacionales y experiencias vinculadas al fútbol buscan capitalizar la concentración de visitantes.
Al mismo tiempo, las autoridades capitalinas trabajan en planes de movilidad, señalización multilingüe y mejoras en infraestructura urbana. La magnitud del evento obliga a coordinar seguridad, transporte y servicios con anticipación.
Guadalajara: tradición futbolera y proyección cultural
Guadalajara combina pasión futbolera con identidad cultural consolidada. El Estadio Akron será sede de partidos y la ciudad apuesta a posicionarse como destino integral, no solo para quienes asistan a los encuentros sino también para quienes busquen experiencias complementarias.
El sector gastronómico y hotelero proyecta altos niveles de ocupación durante el torneo. Además, los operadores turísticos trabajan en circuitos culturales que incluyan patrimonio arquitectónico, música y gastronomía típica.
En términos inmobiliarios, la expectativa también impacta en zonas cercanas a corredores comerciales y áreas de alta conectividad. Históricamente, los grandes eventos deportivos generan presión temporal sobre alquileres y espacios estratégicos, lo que puede modificar dinámicas de mercado en el corto plazo.
Monterrey: industria, negocios y proyección internacional
Monterrey encara el Mundial con una impronta empresarial marcada. El Estadio BBVA será otro de los escenarios y la ciudad busca consolidar su perfil como polo de negocios del norte del país.
La llegada de visitantes internacionales no solo implica consumo turístico, sino también oportunidades de networking y posicionamiento corporativo. Cámaras empresariales y asociaciones comerciales participan activamente en mesas de planificación para garantizar que la ciudad pueda absorber el flujo adicional de personas sin afectar su dinámica cotidiana.
En paralelo, centros comerciales y polos gastronómicos refuerzan estrategias de atención y expansión de servicios. En otras sedes mundialistas, este tipo de eventos dejó incrementos significativos en ventas minoristas y consumo recreativo durante el mes de competencia.
Un fenómeno que atraviesa toda la economía urbana
Uno de los rasgos más interesantes de los Mundiales es su efecto multiplicador. El visitante que viaja por un partido no solo compra una entrada. Se hospeda, se traslada, consume alimentos, adquiere souvenirs y recorre la ciudad. Esa cadena de consumo impacta en distintos niveles del entramado comercial.
Además, la exposición mediática global posiciona a las ciudades sede frente a millones de espectadores. Esa visibilidad puede traducirse en beneficios a mediano plazo, como mayor interés turístico o atracción de inversiones.
En México, la clave estará en gestionar el crecimiento temporal sin perder calidad de servicio. La experiencia internacional muestra que la organización y la infraestructura son determinantes en la percepción que queda después del evento.
A poco más de un año del inicio del torneo, CDMX, Guadalajara y Monterrey ya viven una etapa de ajustes y proyecciones. El Mundial todavía no empezó, pero la expectativa ya moviliza decisiones comerciales, inversiones y planificación urbana. Si la historia sirve de referencia, el impacto no se limitará al césped: se sentirá en cada rincón donde haya actividad económica.
