Radiografía de la morosidad: 3,6 millones de argentinos ya tenían en mayo deudas irrecuperables

Un informe elaborado sobre datos del Banco Central reveló que la cantidad de personas con más de un año de atraso en el pago de sus deudas casi se duplicó en doce meses. La mayoría se endeudó para sobrevivir. Si se incorporan todos los deudores con atrasos de tres meses o más, la cifra asciende a 5,8 millones de personas.

30 de julio, 2026 | 16.00

El gobierno de Javier Milei continúa destacando la desaceleración de la inflación, la estabilidad cambiaria y la recuperación del crédito como señales de normalización económica, pero la situación financiera de los hogares está en las antípodas de esas mieles que promociona la administración libertaria. La cantidad de personas que ya no logra sostener el pago de sus deudas volvió a crecer con fuerza y alcanzó un nuevo máximo, en un contexto en el que el financiamiento se convirtió para muchas familias en una herramienta para cubrir gastos corrientes más que para ampliar el consumo.

La radiografía elaborada por el Instituto Argentina Grande (IAG) sobre la base de la Central de Deudores (CENDEU) del Banco Central reveló que en mayo había 3,6 millones de personas con al menos una línea de crédito catalogada como "irrecuperable", es decir, con atrasos superiores a un año. Se trata de 1,7 millones más que un año atrás y representan el 17,2 por ciento del total de deudores del sistema financiero y no financiero.

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Si se incorporan todos los deudores con atrasos de tres meses o más, la cifra asciende a 5,8 millones de personas, lo que equivale a que uno de cada ocho argentinos mantiene al menos una deuda en situación irregular. El crecimiento de la morosidad no se concentra únicamente en el sistema bancario tradicional sino que también alcanza -especialmente por laxitud de sus condiciones para entregar préstamos- a financieras, billeteras virtuales y empresas de crédito al consumo, un segmento que ganó participación durante los últimos años como consecuencia de la expansión del financiamiento digital.

Los datos profundizan una tendencia que distintos informes vienen registrando desde comienzos de año -y que desde este medio se viene alertando hace varios meses-, reflejó en sucesivas publicaciones sobre el deterioro del endeudamiento familiar. Durante 2025, el crecimiento del crédito fue presentado por el Gobierno como uno de los motores de la recuperación del consumo, pero la evolución de la mora comienza a mostrar el límite de esa estrategia: el financiamiento avanza más rápido que la capacidad de pago de los hogares.

La expansión del crédito convivió durante los últimos meses con una recuperación parcial del consumo privado, impulsada en buena medida por promociones, cuotas y préstamos personales. Sin embargo, la persistencia de salarios deteriorados, el aumento del costo de los servicios públicos y tasas de interés todavía elevadas terminaron debilitando la capacidad de repago de una parte creciente de los hogares.

No importa el tamaño

Uno de los aspectos más relevantes del informe no pasa por la cantidad de deudores sino por el tamaño de las deudas. La mitad de las líneas de crédito consideradas "irrecuperables" corresponde a montos de 309 mil pesos o menos. Incluso el endeudamiento promedio de esos deudores resulta 53,7 por ciento inferior al de quienes continúan pagando regularmente sus obligaciones financieras.

Ese dato modifica el diagnóstico habitual sobre el sobreendeudamiento. El problema ya no está asociado principalmente a grandes créditos hipotecarios o prendarios, sino a préstamos pequeños utilizados para sostener gastos cotidianos. El informe resumió esa situación de manera explícita: "Los deudores 'irrecuperables' no se endeudaron para comprar un inmueble o bienes durables como un auto; el análisis de los montos muestra una realidad más cruda: se endeudaron para pagar el super, hacer un arreglo en la casa o pagar los servicios".

En lugar de utilizar el crédito para adelantar compras de largo plazo, muchas familias recurren a tarjetas, préstamos personales o aplicaciones financieras para cubrir gastos corrientes. Cuando los ingresos no alcanzan para cancelar esas obligaciones, el financiamiento deja de funcionar como una herramienta de expansión del consumo y comienza a convertirse en un mecanismo para postergar problemas de liquidez.

El informe sostiene que "el salario del sector privado registrado frenó su recuperación a mediados del año pasado y hoy está 5,3 por ciento abajo en términos reales respecto a los niveles de 2023". En el sector público, la pérdida llega al 21 por ciento respecto del promedio de ese año. Si además se descuentan los aumentos en servicios públicos y transporte, el ingreso disponible cae todavía más. "La capacidad de repago de las personas humanas no mejorará si sus ingresos no mejoran", concluyó el documento.

El texto relaciona esa evolución con decisiones de política económica, entre las que menciona la concentración del ajuste fiscal sobre los salarios públicos, el criterio oficial de no homologar acuerdos paritarios por encima de la inflación y el deterioro del salario mínimo como referencia para el conjunto del mercado laboral.

El Banco Central comenzó durante este año a flexibilizar parcialmente las condiciones monetarias, las tasas activas continúan en niveles elevados. Las tasas de interés para préstamos personales en entidades bancarias "reguladas" alcanzan al 112 por ciento de Tasa Nominal Anual (TNA), con un Costo Financiero Total (CFT) superior al 100 por ciento. El costo financiero total en billeteras virtuales puede llegar en muchos casos al 400 por ciento y, para el segmento de financieras, al 600 por ciento.

El documento sostuvo que "las tasas de interés activas en 2025 estuvieron en picos en muchos casos más altos que los del macrismo". El informe de IAG advirtió que, pese a algunos intentos oficiales para abaratar el crédito, "las altas tasas de morosidad impiden que las tasas activas bajen", mientras durante 2026 volvieron a registrar aumentos. Esto implica que el deterioro de la capacidad de pago alimenta un círculo difícil de romper: cuanto mayor es la morosidad, mayor es el riesgo que enfrentan las entidades financieras y más difícil resulta una reducción significativa del costo del crédito.

Los jóvenes a la cabeza

Entre los jóvenes de 15 a 29 años, el 24 por ciento posee al menos una línea de crédito con más de un año de atraso. Además, la cantidad de deudores "irrecuperables" dentro de esa franja aumentó un 87 por ciento en apenas doce meses, el mayor incremento registrado entre todos los grupos etarios. Esto se debe a que los trabajadores jóvenes concentran buena parte de los empleos informales, salarios iniciales más bajos y mayor inestabilidad laboral. 

Este segmento es además el que más utiliza aplicaciones de financiamiento inmediato y plataformas digitales de crédito, que crecieron durante los últimos años. En el otro extremo aparecen los mayores de 75 años, donde el porcentaje de deudores "irrecuperables" se reduce al 9,8 por ciento. El mayor deterioro se observa entre quienes mantienen deudas únicamente con entidades no bancarias. En ese rubro existen más de 1,5 millones de deudores "irrecuperables", tras un incremento de más de 838 mil personas en apenas un año. En ese segmento, cuatro de cada diez clientes presentan algún nivel de morosidad.

Incluso aumentó significativamente el grupo de personas que mantienen deudas simultáneamente con bancos y entidades no bancarias, una señal de que muchas familias agotaron primero las fuentes tradicionales de financiamiento y luego recurrieron a nuevos canales para sostener el consumo. 

Las provincias de Cuyo y del Norte Grande concentran la mayor proporción de deudores "irrecuperables". San Juan encabeza el ranking nacional: el 23,8 por ciento de los deudores registra atrasos superiores a un año. El promedio regional ronda el 20 por ciento, por encima del 17,2 por ciento nacional.

Sin embargo, el crecimiento más acelerado se produjo en Neuquén, Chubut, Chaco y Santa Fe, donde la participación de deudores "irrecuperables" aumentó más de doce puntos porcentuales en apenas un año. El informe señala que el crecimiento del crédito permitió sostener parte del consumo durante los últimos meses, pero la aceleración de la morosidad empieza a mostrar que esa estrategia encuentra un límite cuando la recuperación del financiamiento no viene acompañada por una mejora equivalente de los salarios y del empleo. La deuda, en ese escenario, deja de anticipar consumo futuro y pasa a reflejar las dificultades del presente.