En un año y medio de gestión libertaria más de una decena de firmas multinacionales se fueron del país. Tal el caso de Mercedes-Benz, Telefónica, Walmart, Falabella, Telefónica, HSBC, Itaú, Procter & Gamble (P&G), Clorox, Petronas, Enap Sipetrol, ExxonMobil, Makro, entre las principales. Sin embargo, no se trata de casos aislados. Un informe reciente advirtió que el país perdió lugar en el mapa de la inversión extranjera directa global al punto de que, en los primeros meses del 2025, “se observó el menor ingreso desde que se inicia la serie en 2006”.
Así lo señaló un documento de economistas pertenecientes a la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA desde donde se enfatizó en el derrotero negativo del país en la competencia global por atraer capitales. De esa manera, tras la crisis de 2001 y los nuevos ciclos de inestabilidad, la inversión externa se mantiene por debajo de los niveles de la región y hoy marca mínimos históricos: el peso del país en la inversión global así como en la actividad de las empresas multinacionales es incluso menor al que Argentina tiene en el PBI y la población mundial.
A un año de aprobado el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), una de las promesas centrales del programa económico de Javier Milei, otro informe privado alertó que “los inversores internacionales aún ven con cautela la posibilidad de hundir capital antes de la contienda electoral de octubre de 2025”. Así lo señaló el Observatorio del RIGI, conformado por organizaciones de la sociedad civil e institutos de investigación que consideraron que “si el plan económico del Gobierno no funciona y los resultados electorales no son favorables, difícilmente traccione las inversiones deseadas”. De hecho, el propio director de Barrick Gold en Argentina, Marcelo Álvarez, lo sintetizó durante el último Congreso del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas: “Con el RIGI no alcanza” y manifestó su preocupación por la falta de inversión en rutas y redes eléctricas a partir del fuerte ajuste fiscal implementado por el propio gobierno nacional mediante el freno de obras e infraestructura pública. En otras palabras, el RIGI no marcha.
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Mapa de la inversión extranjera directa
En el último tiempo, diferentes empresas multinacionales se retiraron o vendieron sus activos en nuestro país. Lejos de ser un fenómeno novedoso, lo cierto es que toma mayor dimensión en contextos de inestabilidad y crisis. Así las cosas, en los primeros meses de este año, ingresó el menor monto de capital extranjero desde que existen registros y los aportes de capital directo fueron negativos.
Sobre ello, en los ‘90 Argentina recibía el 1,7% de la inversión extranjera global, tras la crisis del 2001 esa proporción se redujo al 0,5% y mejoró al 0,6% en torno al 2010 pero, en el bienio posterior, se volvió a ubicar en niveles similares al 2000, en tanto que la situación actual no muestra mejoras, sino todo lo contrario. “El país representa el 0,7% del PBI global medido en paridad de poder adquisitivo, pero no logra captar inversiones equivalentes a ese peso relativo”, indicó un informe presentado por especialistas vinculados a la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA.
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Al respecto, el país perdió peso relativo en la inversión extranjera: “la balanza de pagos confirma esa pérdida de atractivo. Desde 2006, las estadísticas muestran oscilaciones muy marcadas: picos de ingresos en 2012 y 2023, pero también caídas severas en 2009 y 2016”.
Los datos relevados dan cuenta de la evolución del total de la inversión según sus tres componentes: los aportes de capital promedian apenas USD 2.440 millones, y observan un máximo en 2012 (USD 4.860 millones) y un mínimo en 2014 con una salida de USD 110 millones. La reinversión de utilidades, en tanto, aportó en promedio USD 5.000 millones anuales (máximo de USD 8000 millones en 2015 y un mínimo en 2008 USD 400 millones). En tercer lugar, "la evolución más llamativa es la de instrumentos de deuda, que en promedio aportan USD 2.330 millones, y muestran un máximo de USD 15300 millones en 2023 y un mínimo con un negativo de USD 4730 millones en 2016”, detalló el documento del investigador Andrés López, del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP-UBA).
Sobre la participación actual señaló que “es baja si la comparamos con el peso relativo del país en la población mundial (0,6%) y el PBI global medido en paridad de poder adquisitivo (0,7%)”. Por otro lado, la caída de la participación argentina en la recepción de inversión global no fue parte de un fenómeno regional, “ya que perdimos peso relativo tanto dentro de América del Sur como de América Latina y el Caribe”, sentenció.
En 2024 la inversión “llegó a USD 11.640 millones, y si bien los aportes de capital llegaron a su nivel más alto desde 2018, la reinversión de utilidades y la deuda intra-firma representaron 75% del total de los ingresos”. Los últimos datos disponibles, al primer trimestre de 2025, indicaron que estamos “ante el menor ingreso para dicho período desde que se inicia la serie en 2006 (USD 610 millones), así como aportes de capital negativos por USD 670 millones, que representan repatriación de inversiones”.
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Pocas señales a futuro
Respecto de lo que puede suceder hacia adelante, López indicó que “a priori todo sugiere que, de continuar las tendencias actuales, las mayores oportunidades de atracción de inversión extranjera directa estarán concentradas en los sectores de energía y minería” aunque aclaró que “si eventualmente se recupera una senda de crecimiento sostenido, perdida hace tiempo, podrán emerger oportunidades en otros sectores”.
En relación, hace un año el gobierno libertario lograba aprobar a través de la llamada “Ley Bases” el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI). Con beneficios cambiarios, tributarios y comerciales más que generosos, el régimen busca atraer inversiones superiores a los 200 millones de dólares en diferentes sectores productivos, con un plazo para adherirse que vence en julio de 2026. No obstante, un relevamiento presentado en estos días por el espacio Observatorio del RIGI señaló que “a un año de su puesta en marcha, los resultados distan de las expectativas iniciales”.
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Un análisis de los proyectos aprobados evidencia que hasta el momento se presentaron 19 solicitudes de adhesión al régimen, de las cuales solo 7 fueron aprobadas mientras que 1 fue rechazada y el resto continúa en evaluación. “Las inversiones más significativas, en términos de volumen de divisas, se concentran en actividades primario-extractivas, especialmente en proyectos destinados a expandir las exportaciones de Vaca Muerta en proyectos mineros de cobre, oro y litio”, explicaron los investigadores Mariano Novas y Dario Clemente (IIP-UNSAM/CONICET).
Los proyectos con el visto bueno se distribuyen en hidrocarburos (2), minería (2), energía renovable (2) y siderurgia (1). En el sector hidrocarburífero, las principales inversiones se orientan a la construcción de infraestructura para exportación. En minería, el cobre y el litio lideran las iniciativas presentadas, con proyectos localizados principalmente en San Juan, Salta y Catamarca. A su vez, si bien se destaca la presencia de capitales transnacionales, por el momento, YPF actúa como el actor más relevante, reorientando su estrategia hacia la exportación y alianzas con compañías internacionales.
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En base a dicha información, los especialistas remarcaron que “la falta de participación ciudadana, la ausencia de mecanismos de rendición de cuentas y la criminalización de comunidades locales configuran un escenario especialmente preocupante en proyectos extractivos que se extienden por tres décadas” y destacaron que “tampoco se cumple la eterna promesa del empleo local ya que incluso en las proyecciones más optimistas publicadas por el gobierno, las inversiones aprobadas prevén la creación de poco más de mil empleos directos”.
Por último, “no existe un plan concreto de industrialización en origen ni de generación de encadenamientos productivos que permita traducir estas inversiones en un impacto económico duradero para las regiones involucradas”, cerraron.