Ferrari ha presentado el Luce, su primer superdeportivo 100 % eléctrico, con un despliegue institucional de máximo nivel que incluyó exhibiciones privadas ante el papa León XIV y el presidente italiano Sergio Mattarella. Sin embargo, la espectacular puesta en escena no bastó para convencer a los mercados ni a los entusiastas. Al día siguiente del lanzamiento, las acciones de la mítica firma del cavallino rampante se desplomaron un 8,4 % en la bolsa de Milán, abriendo un tenso debate en el sector automotriz sobre la identidad de la marca y el diseño de la movilidad del futuro.
La Ferrari Luce cuenta con cuatro motores eléctricos (uno por rueda), desarrolla mil caballos de potencia, acelera de 0 a 100 km/h en apenas 2,5 segundos y ofrece una autonomía de 530 kilómetros. No obstante, su precio de salida —superior a los 500.000 euros, lo que lo convierte en el eléctrico más caro del mercado actual— contrasta drásticamente con la despiadada recepción que tuvo en el entorno digital.
En las redes sociales, el coche fue bautizado con sorna como el "Ferrari de Temu" o "coche de Playmobil", y su estética lineal fue comparada por algunos usuarios con una aspiradora. La carrocería del Luce lleva el sello del legendario exdirector de diseño de Apple, Jony Ive, lo que explica que muchos expertos encuentren en sus trazos un eco visual del primer iPhone.
Las críticas más feroces, sin embargo, llegaron desde las entrañas de la propia industria italiana. El expresidente de Ferrari, Luca di Montezemolo, cargó con dureza al advertir que "existe el peligro de destruir un mito", rematando con la ironía de que "es al menos un automóvil que los chinos no copiarán". Por su parte, el vicepresidente de Italia, Matteo Salvini, sentenció que "alguien se estará revolviendo en su tumba", en clara alusión al fundador Enzo Ferrari.
Detrás del impacto mediático subyace un desafío técnico e identitario que ya ha hecho tropezar a otros gigantes del continente. "Ferrari comete con el Luce un error que muchos otros fabricantes ya dejaron atrás: apostar por diseños radicalmente distintos en los eléctricos", señaló el analista Ferdinand Dudenhöffer, apuntando a que el coche ha dejado de parecer italiano para convertirse en un "smartphone sobre ruedas".
A esto se suma un problema arquitectónico inevitable: las baterías van situadas bajo el suelo del vehículo. Según explicó Matt Prior, editor de Autocar, esta disposición eleva la altura del coche de forma natural, lo que destruye las proporciones estilizadas y dinámicas que han definido la historia visual de Ferrari.
Grandes firmas como Volkswagen (con su gama ID) y Mercedes-Benz (con la línea EQ) experimentaron en el pasado con estéticas futuristas y rupturistas para sus eléctricos, pero terminaron dando un giro de 180 grados tras la resistencia de los compradores. Ambas marcas, al igual que BMW y Porsche, han decidido regresar a sus lenguajes de diseño clásicos para que un eléctrico se vea exactamente igual que su equivalente de gasolina, garantizando así la coherencia de marca y el valor de reventa.
Un lanzamiento en un mercado turbulento
El Luce no solo desafía la tradición estética de Maranello, sino que aterriza en un escenario global complejo. Aunque las ventas globales de vehículos eléctricos alcanzaron los 20 millones de unidades el año pasado y crecieron un 30 % en Europa durante 2025, el sector se encuentra bajo una enorme presión por la agresiva competencia de precios en China y los vaivenes políticos en Estados Unidos.
Ante esta falta de tracción comercial orgánica, Ferrari ya se vio obligada a rebajar sus expectativas, reduciendo su objetivo de electrificación para 2030 del 40 % al 20 % de su gama. Como concluye Prior de manera tajante: "El mercado del coche eléctrico en su conjunto no está realmente donde podría estar. Y gran parte de él está impulsado por la legislación más que por la demanda natural".
Autor: Felipe Espinosa Wang (con información de dpa y AP). Agencia Deutsche Welle.
