La aldea palestina de Ras Ein al-Auja, ubicada en la gobernación de Jericó en la Cisjordania ocupada, enfrenta una crisis humanitaria y cultural sin precedentes. En apenas unas semanas, la mayoría de sus habitantes abandonaron sus hogares tras sufrir una escalada de violencia y hostigamiento por parte de colonos israelíes, que incluyen robos, incendios, envenenamiento de animales y cortes de agua.
Naif Ghawanmeh, de 45 años, uno de los pocos que aún permanece en el lugar, describe la situación con un dejo de impotencia: “¡Por Dios, qué sentimiento tan difícil! Todos se fueron. No queda ni uno. Se fueron todos”. Desde comienzos de 2025, alrededor de 450 de los 650 habitantes huyeron, dejando atrás una comunidad tradicional beduina que habitó esas tierras durante décadas.
Este éxodo masivo es producto de un aumento alarmante en ataques de colonos, que en diciembre pasado vieron la aprobación retroactiva de 19 nuevos asentamientos ilegales en Cisjordania, elevando el total a 210. La expansión de estos puestos de avanzada, especialmente los llamados “pastoriles”, donde colonos armados con rebaños propios ocupan terrenos palestinos, provocó un avance territorial y un hostigamiento constante contra las comunidades beduinas.
En Ras Ein al-Auja, la presión se traduce en la pérdida del ganado, que pasó de 24.000 a menos de 3.000 ovejas, muchas robadas o envenenadas. Además, el acceso al agua, vital para la vida y la economía local, fue bloqueado, con el manantial principal declarado fuera de límites para los palestinos.
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La ausencia de electricidad y la destrucción reiterada de paneles solares por parte de colonos agravan aún más las condiciones de vida. La administración civil israelí, que controla la planificación en el Área C de Cisjordania, casi nunca otorga permisos para infraestructura palestina, dejando a estas comunidades aisladas y sin recursos básicos.
La violencia no solo es física, sino también psicológica. Ghawanmeh relató jornadas interminables de vigilancia nocturna para evitar que los colonos quemen las casas. “Dos años de presión psicológica por la noche... Si duermes, los colonos quemarán tu casa”, explicó, en diálogo con la cadena Al Jazeera, reflejando el agotamiento y la tensión que viven los pocos que aún resisten.
Cisjordania sufre el mayor desplazamiento forzado desde 1967
Desde octubre de 2023, la violencia provocó que 44 comunidades palestinas en Cisjordania sean desplazadas, sumando más de 2.700 personas, casi la mitad niños. Y el año pasado, se registró un récord con más de 1.800 ataques de colonos, dejando un saldo trágico de 240 palestinos muertos, entre ellos 55 menores.
En este contexto, las familias que quedan saben que su permanencia es insostenible. "Salir de casa y de tu pueblo es muy, muy, muy difícil. Pero nos vemos obligados a hacerlo" afirmó Ghawanmeh, quien con tristeza reconoce el fin de una era para su comunidad.
Mientras los últimos habitantes se preparan para partir, la aldea queda casi desierta, con solo recuerdos y un fuego donde queman lo que no quieren dejar para los colonos. La historia de Ras Ein al-Auja es un reflejo doloroso de la crisis que atraviesan muchas comunidades palestinas en la Cisjordania ocupada, donde la violencia, la expansión de asentamientos y la negación de derechos básicos amenazan con borrar siglos de tradición y vida.
