El plan regional de Trump, las elecciones en Brasil y el trabajo sucio de Milei: las claves detrás de la crisis diplomática

La campaña sistemática de Milei contra Lula y sus aspiraciones de reelección dentro de tres meses terminaron de detonar una crisis diplomática inédita con Brasil. Por qué no se trata de simples insultos y cómo puede afectar al principal vínculo estratégico de Argentina.

05 de agosto, 2026 | 13.02

No es la primera vez que la relación Argentina-Brasil atraviesa un momento de tensión hasta de enfrentamiento. Tampoco es la primera vez que Javier Milei insulta a Luiz Inácio Lula da Silva. Pero nunca antes el país vecino había decidido retirar por tiempo indefinido a su embajador de Buenos Aires y degradar un vínculo que, históricamente y para ambos Estados, es considerado una asociación estratégica. Y, aunque por ahora nadie se anima a pronosticar que esta crisis diplomática derive en consecuencias reales -sanciones o interrupciones comerciales, suspensiones de acuerdos de cooperación, por ejemplo-, lo cierto es que se entró en un territorio desconocido en el que, en paralelo, la crisis diplomática de Lula con Donald Trump en Estados Unidos sí ya pasó del plano verbal a acciones concretas.

"Estamos en un nuevo escenario regional en el que Estados Unidos, una vez más, decidió impulsar una agenda de mucha intervención política en América Latina. Esto tiene una influencia en países como Argentina y Brasil. Por eso, la relación entre Milei y Lula, que siempre fue muy mala, se transformó en otra cosa. Antes, la relación de los embajadores y de los ministerios era buena, las cosas funcionaban -llegó a haber acuerdos por el gas, la embajada en Venezuela. Los presidentes no hablaban, pero había buen dialogo entre las burocracias. Lo que está pasando ahora es que se está perdiendo ese diálogo también", explicó a El Destape Mauricio Santoro, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad del Estado de Río de Janeiro.

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Desde el Gobierno de Brasil no quieren adelantar cuál será su próxima movida, sólo informan que su embajador ante Argentina, Julio Bitelli, "seguirá más tiempo en Brasil". En otras palabras, no tiene fecha de retorno, al menos no hasta que los dos gobiernos puedan reconstruir un canal de diálogo político y no solamente administrativo, como el que queda activo ahora tanto en Buenos Aires como en Brasilia, ya que la Cancillería de Pablo Quirno informó el martes a la noche en un comunicado que el gobierno de Lula también le pidió que retire a su embajador y lo devuelva a Buenos Aires. Nuevamente, sin fecha de retorno conocida.

¿Qué efectos tendrá rebajar el vínculo diplomático?

Para la coordinadora de investigación del think tank InterAgency Institute Ana Paula Rodríguez, lo que sucedió el martes es que se "las divergencias ideológicas se convirtieron en un conflicto directo entre los gobiernos e instituciones". La gran pregunta, entonces, es si, como sucedió con el enfrentamiento con Trump, este conflicto con Argentina dejará el plano estrictamente ideológico y verbal para empezar a desandar las décadas de integración a la que los dos países apostaron desde que recuperaron sus democracias. 

"Brasil y Argentina poseen niveles de interdependencia económica e institucional mayores que la relación personal entre Lula y Milei. Además del comercio bilateral, hay cadenas productivas integradas, el andamiaje institucional del Mercosur, inversiones en energía e infraestructura. Esto genera una diferencia muy grande con el conflicto con Estados Unidos. De entrada, Brasil y Argentina necesitan administrar conjuntamente mecanismos permanentes del Mercosur para que se ejecute la integración regional", explicó la analista en diálogo con este portal y agregó: "Considero más probable un congelamiento político con pragmatismo económico operando con baja interlocución presidencial, contactos diplomáticos reducidos, una menor coordinación política regional, pero con preservación de los canales técnicos, comerciales e institucionales".

En otras palabras, la integración construida desde los años 80s es la verdadera garante de que no se rompa completamente las relaciones diplomáticas o que hoy parezca muy extremo o improbable que el conflicto derive en aranceles como forma de sanción -al estilo Trump- o suspensión de cooperación comercial, educativa, científica, social y, también, institucional.

Pero esto no significa que esta crisis será inocua. "Las sanciones económicas me parecen un escenario extremo porque producirían daño a los dos países. Pero el riesgo que veo es una parálisis en la agenda bilateral y regional. Cuando Brasilia y Buenos Aires dejan de coordinar posiciones, las capacidades de negociación del bloque (sudamericano, latinoamericano y del Mercosur) quedan disminuidas a nivel internacional", aseguró Rodríguez.

Y esto afecta tanto a Brasil como a Argentina, pero más a Argentina. Porque Brasil es la décima economía del mundo y la quinta en términos de territorio; Argentina, la economía número 27 con el octavo territorio más grande. La espalda que cada uno de estos Estados tiene para sentarse solo a negociar con las grandes potencias sobre cualquier tema es clara.

Pese a ello, Santoro auguró una profundización de la confrontación política en las próximas semanas y meses. "Creo que en las próximas semanas vamos a tener una escalada de las agresiones verbales. Va a estar directamente relacionado con la campaña electoral brasileña", sostuvo.

El plan regional de Trump y el trabajo sucio de Milei

Cuando Milei decidió ser el único presidente extranjero en volar hasta San Pablo para ser protagonista del lanzamiento de la campaña presidencial de Flávio Bolsonaro, el hijo del ex presidente preso por encabezar un intento de golpe de Estado justamente contra Lula, el Gobierno brasileño lo leyó como una extensión de la guerra política lanzada por Trump. "En el discurso de Lula, se convirtió en el tipo que está haciendo el trabajo sucio de Trump", aseguró Santoro. 

El analista no duda en enmarcar la actual crisis con Argentina en la disputa con Trump. "Brasil es una excepción en este momento en América de Sur porque muestra una pretensión autonomía frente a Estados Unidos. Y, por supuesto, Trump quiere cambiar esto: no sólo impuso aranceles, sino que hace poco y tras un año y medio sin embajador, designó a un diputado de Florida sin ninguna experiencia y lo hizo sin consultar primero a Itamaraty, como se acostumbra a hacer. Fue un mensaje político claro: vamos a elegir a cualquiera y no pueden decir nada", explicó el académico.

En el medio de esta escalada diplomática -que el martes pasado concluyó con Estados Unidos revocando las credenciales de la embajadora brasileña en Washington en represalia por la tardanza en aceptar al enviado de Trump-, Milei profundizó su interferencia en la campaña electoral brasileña y extendió sus ya conocidos insultos a Lula a uno de los jueces más poderosos de la corte suprema de Brasil: Alexandre de Moraes.

A los ataques en el lanzamiento de campaña de Bolsonaro Jr en San Pablo, le siguieron una lluvia constantes de insultos proferidos por Milei en cada entrevista en Buenos Aires y ratificados por sus ministros y funcionarios de manera repetida, casi sistemática. De esta manera, el martes, la decisión de llamar a consultas al embajador brasileño -una queja varias veces utilizada por ambos países en el pasado- se convirtió en una crisis diplomática con la decisión de mantener a Bitelli en Brasilia y pedir la retirada de su contraparte argentina. 

"El rebajamiento de las relaciones diplomáticas puede ser interpretado como un límite: diferencias ideológicas entre gobiernos son legitimas, intervención directa de un mandatario extranjero en la campaña electoral con ataques a instituciones, no", sostuvo Rodríguez, cuando Brasil inicia los últimos dos meses de campaña antes de las elecciones del 4 de octubre

Santoro cree que esta recta final de la campaña, la escalada de los ataques verbales puede empeorar. Si esto sucede, la gran incógnita es a quién beneficiaría en las urnas: ¿a Lula o a Bolsonaro?

Para Rodríguez, a la hora de analizar cómo el electorado brasileño ve a la figura de Milei es necesario hacer una distinción entre "capacidad de movilización y capacidad de conversión electoral". "Milei moviliza muy bien a un elector brasileño que ya está identificado con la derecha, con el bolsonarismo, con la narrativa anti izquierda y con agendas económicas liberales. Para estos electores, su presencia puede ser un refuerzo de esa identidad política ya existente. Pero por otro lado, no veo evidencia suficiente para afirmar que Milei tenga capacidad significativa para definir los votos de los indecisos", sostuvo la académica, quien destacó la "alta visibilidad internacional" del presidente argentino pero la contrastó con "su posición real en la estructura de poder internacional".

La última encuesta publicada este miércoles volvió a ubicar a Lula primero con 39% (cayó un punto porcentual desde julio) y mostró a Bolsonaro con un leve ascenso, de 28 a 30%. De confirmarse este pronóstico de la empresa Quaest, el mandatario aún tiene una posibilidad de ganar en primera vuelta ya que los indecisos suman un 10%. En Brasil, los candidatos presidenciales necesitan alcanzar el 50% de los votos para evitar un balotaje. 

Al igual que muchos analistas, Rodríguez no solo duda del poder de Milei para impulsar la campaña de Bolsonaro, sino que alertó que podría generar todo lo contrario: "Al atacar las instituciones de Brasil está habilitando un cambio en la discusión pública, de una elección izquierda vs derecha hacia una más favorable para Lula: soberanía nacional vs interferencia extranjera".

La campaña del Partido de los Trabajadores ya advirtió esa posibilidad y busca tocar la fibra nacionalista de los brasileños, especialmente fuerte entre los sectores populares. No sólo por Milei, sino por los ataques de Trump. Las campañas electorales en Brasil, como en gran parte del mundo, no suelen tener los temas internacionales como centro del debate y, mucho menos, como el motor de la movilización de los electores. Sin embargo, en Brasilia creen que sumar a la campaña un espíritu de resistencia y combate frente a los ataques de lideres internacionales contra el nacionalismo brasileño puede ser un elemento clave para convencer a muchos indecisos. 

Mientras Flávio Bolsonaro recogió el discurso de la batalla cultural global de Milei y Trump y se ubica dentro una avanzada de la derecha internacional pra "exterminar" la izquierda y el comunismo, Lula sabe que le falta un empujón para tener una chance en primera vuelta y apuesta a enmarcar la conversación en una discusión que los argentinos aprendieron hace unas semanas que despierta las pasiones de hasta las sociedades más adormecidas: la defensa de la soberanía nacional.