Guerra en Ucrania: la reconstrucción como botín

Mientras Kiev padece las consecuencias de una infraestructura eléctrica devastada, los verdaderos movimientos de fondo no ocurren en las trincheras de Pokrovsk donde el enfrentamiento militar recrudece, sino en las oficinas financieras de Nueva York y Washington.

08 de mayo, 2026 | 11.49

La guerra en el Donbas ha entrado en un momento de desplazamiento en su centralidad geopolítica, reemplazada por los acontecimientos en Irán. Pero, no por ello, ha dejado de ser un conflicto clave en el marco de una disputa de carácter estratégico, destinada a reorganizar la economía mundial en el marco de la nueva fase financiera y digital del sistema económico.

En este primer cuatrimestre de 2026, mientras Kiev padece las consecuencias de una infraestructura eléctrica devastada, los verdaderos movimientos de fondo no ocurren en las trincheras de Pokrovsk donde el enfrentamiento militar recrudece, sino en las oficinas financieras de Nueva York y Washington, donde se negocia el "re-reparto" de los recursos ucranianos.

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En ese marco, el diseño de la Ucrania del futuro tiene nombre y apellido. Larry Fink, presidente de BlackRock, ha sido explícito al señalar que la reconstrucción del país debe servir para "eliminar las prácticas corruptas" y preparar el terreno para un flujo de capitales sin precedentes. En enero, Volodímir Zelenski había hecho pública una conversación en la que participaron el secretario del Tesoro estadounidense Scott Bessent (designado con el visto bueno de Blackrock), el yerno de Donald Trump, Jared Kushner, y el propio Fink, cuyo tema central era “pensar en el futuro de Ucrania” cuando la guerra acabe.

En una entrevista a El País del pasado 28 de marzo, Fink sentenció que “hay una larga historia de corrupción en este país y debemos reconstruir Ucrania con el objetivo de eliminar esas prácticas corruptas. No necesitamos oligarcas de nuevo cuño. Tenemos que construir Ucrania para su pueblo de una manera justa y equitativa. También segura, para incentivar que llegue la inversión extranjera al país.”

Ante una pregunta sobre el fondo para la reconstrucción de Ucrania que encabeza Blackrock y cuánto dinero podría gestionar, el Fink dijo que “es difícil hablar ahora mismo de una cantidad concreta, porque hay diferentes escenarios, pero estamos hablando de cientos de miles de millones de euros. Si el acuerdo de seguridad con la OTAN y Estados Unidos es completo y firme, el resultado es muy diferente al que se daría si existiera incertidumbre en materia militar, en cuyo caso Ucrania tendría que destinar una gran cantidad de dinero a su defensa”.

Bajo la óptica de BlackRock, el mayor fondo financiero de inversión global del planeta, la guerra funciona como una “limpieza” estructural que permite al capital financiero transnacional imponer condiciones institucionales y acuerdos que faciliten el control de industrias de rápido crecimiento, como la inteligencia artificial, los centros de datos y la tecnología digital. Es decir, este proceso no es filantrópico. El plan de paz que propuso la Casa Blanca incluye la creación de un Fondo de Desarrollo de Ucrania, cuya arquitectura financiera asegura que los retornos de la inversión beneficien en un 50% directamente a los intereses de EEUU.

Para la administración de Donald Trump, la continuidad del apoyo a Volodímir Zelenski dejó de ser una cuestión de "valores democráticos" para convertirse en un negocio de realismo periférico. Washington ha condicionado cualquier salida al conflicto al acceso privilegiado a los recursos estratégicos ucranianos, especialmente las tierras raras, el gas y el petróleo.

Ucrania es utilizada como un "pivote geopolítico" donde se dirime la gobernanza global de la nueva fase digital del capitalismo. En este sentido, la destrucción de la infraestructura (que solo en enero de 2026 dejó a miles de hogares sin calefacción bajo temperaturas de 12 grados bajo cero) no es solo un objetivo militar ruso, sino que incrementa la dependencia de Kiev hacia los paquetes de "ayuda" para la reconstrucción subordinados a los intereses estadounidenses.

La dimensión económica del conflicto revela que la Unión Europea ha quedado relegada al rol de financista pasivo. Mientras Bruselas discute cómo movilizar 90.000 millones de euros de activos rusos congelados, Moscú ha calificado esta maniobra como un "casus belli" financiero.

Es relevante destacar que gran parte de estos activos están bajo custodia de Euroclear, institución vinculada al banco de inversión más grande del mundo, JP Morgan, lo que muestra a las claras cómo las líneas rojas de la guerra ya no se trazan solo en el frente de batalla, sino en las cuentas del sistema financiero. Mientras tanto, el presupuesto ucraniano -que destina el 63% de sus recursos a la defensa- depende vitalmente de préstamos del G7 que hipotecan el futuro del país a favor de sus socios occidentales.

 

La dimensión tecnológica de la guerra

En el plano militar, la escasez de reservistas de infantería ha sido un problema central para Ucrania, así como en algun momento había sido la escasez de municiones. Los problemas de salud mental, la falta de soldados, y la necesidad de una alta rotación en el frente fueron agravando esta situación.

En el último período, la forma de sortear esta dificultad fue profundizar en el proceso de prueba de nuevas tecnologías que posibiliten mantener ciertos grados de (aunque subordinada) iniciativa militar. El conflicto mantuvo su carácter de prueba de tecnologías militares. Además del uso masivo de drones, se emplearon ojivas hipersónicas Oréshnik y misiles de crucero avanzados (Zircon, Kalibr, Kh-101). Ucrania aprovechó su ecosistema de defensa aérea y ciberinteligencia: interceptores con IA y una red de rastreo open source (p.ej. DeepState) monitorizan las actividades rusas. Entre junio 2025 y marzo 2026, Kiev golpeó 237 sistemas de defensa aérea y 196 sistemas de guerra electrónica rusos, degradando notablemente la cobertura aérea de Moscú.

Segun el presidente ucraniano, "se salvaron vidas en más de 22.000 ocasiones cuando un robot se adentró en las zonas más peligrosas en lugar de un soldado", lo que deja al descubierto la masificación de operaciones basadas en instrumentos tecnológicos y la proyección de reemplazar al menos un tercio de la infantería.

La guerra, como afirmaba Clausewitz, es en definitiva la continuación de la política por otros medios. Lo que está en juego es quién marcará los ritmos de la Cuarta Revolución Industrial y quién controlará las fuerzas productivas en la nueva fase del capitalismo. En ese marco se despliegan un conjunto de hechos de carácter central en lo que alguna vez Joe Biden había denominado “la disputa por el siglo XXI”.

Mientras hoy la centralidad de la geopolítica se ha desplazado hacia Asia occidental, el conflicto entre Rusia y la OTAN con epicentro en Ucrania dejó una Europa debilitada y fragmentada que observa desde el margen cómo se negocia su seguridad, mientras se realizan acuerdos que consolidan el control de los recursos estratégicos por parte de los actores centrales del sector financiero, dejando a Ucrania, y a la propia Unión Europea, con una soberanía limitada, un mercado, y un enclave de recursos para beneficio exclusivo gran capital angloamericano.

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Matías Caciabue

Politólogo y Docente Universitario. Analista del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE). Secretario General de la Universidad de la Defensa Nacional.