CFK es inocente, pero sus políticas no

27 de noviembre, 2021 | 19.06

CFK fue sobreseída por “inexistencia de delito” en tres causas emblemáticas del lawfare (dólar futuro, Memorandum y Hotesur), antes incluso de que llegaran al juicio oral y público.

Aunque el veredicto de los medios que la acosaron desde siempre sea otro, se confirma así que la actual vice es una persona judicialmente inocente.

En resumen, no se le ha podido demostrar ninguna cosa de las muchas que se le atribuían –y aún se le atribuyen- con malsana frecuencia desde las pantallas televisivas.

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El hecho adquiere relevancia noticiosa. Una estadista -la actual vice, nada menos- denunció que fue víctima de una persecución y los fallos no consiguieron desmentirla, más bien corroboraron algo demasiado grave: el estado de derecho durante el macrismo estuvo suspendido para determinadas personas o grupos de personas que representaban ideas distintas a las del gobierno de los ceos del poder económico.

Sobre ese conjunto de figuras se desplegó el armado de causas artificiales, la creación de doctrinas jurídicas ad hoc que le dieran cierto viso legal al abuso y la tortura de los implicados y de sus familias, el espionaje a granel y la demolición pública de sus reputaciones a través de títulos y zócalos.

No se los señalaba por ser “terroristas” como en los ’70. Peor aún, aquellos eran idealistas equivocados, a estos se les imputaban delitos de “la corrupción”, a una escala de codicia imposible de dimensionar.

La tentación de contar lo ocurrido como si fuera un capítulo  de House of Cards es grande. Sin embargo, cuanto más sencillo el abordaje, más expuesta queda la trama de poderes coordinados para barrer con una manera de pensar, que es la que perturba al establishment.

Ideología que corporiza en ciertas personas. Lula en Brasil, CFK en Argentina, Evo en Bolivia. Y que, básicamente, cuestiona la concentración de riqueza en pocas manos producto del desapoderamiento económico de millones que por un orden global injusto se ven privados de cosas elementales para la vida.

Sin que haya demasiada biblioteca jurídica al respecto todavía, podría decirse que el lawfare persigue en el marco de la formalidad democrática lo mismo que los gobiernos de facto de antaño: crear un sujeto hostil sobre el que descargar la responsabilidad de una crisis, o del desorden o de la violencia, y mediante el disciplinamiento de ese grupo conseguir el disciplinamiento del conjunto de la sociedad para que acepte cosas que en circunstancias normales no avalaría.

En los ’70, “el extremismo”. Con Macri, “el kirchnerismo”. En los ’70, el cambio de matriz económica general. Con Macri, la baja del salario real y la retirada del Estado de la economía. En un caso, hablamos de una dictadura salvaje. En el otro, de una democracia electiva. Pero en ambas épocas la decisión del poder económico local con el aval del Departamento de Estado de los Estados Unidos fue corregir a través de ortopedias diferentes –el terrorismo estatal o el lawfare- las desviaciones populistas para retornar al país a la senda del subdesarrollo y la reprimarización, como ocurre en América Latina, no por nada el continente más desigual del planeta.

La pregunta que corresponde formularse, es si finalmente, con los fallos que devuelven a CFK y otros funcionarios el grado de inocencia cívica que jamás debieron perder, el lawfare estaría sepultado. En definitiva, si con un sector del Poder Judicial dándoles la razón a los abogados de CFK todo se convirtió en historia pasada y pisada.

La distancia entre la pregunta y la respuesta es el tiempo que demanda levantar la vista y ver qué políticas aplican los gobernantes. Porque el lawfare fue contra CFK porque fue ella quien llevó adelante un tipo de modelo específico; de haber impulsado otro sería panelista en La Nación + y los jueces no la habrían molestado nunca.

Ella es inocente, pero sus políticas no, podría resumirse.

El método para conseguir que los dirigentes que representan a la gente dejen de hacerlo y se conviertan en empleados de las corporaciones es, precisamente, el disciplinamiento, el que se obtiene a través del lawfare.

Aunque los fallos judiciales, varios años después, vengan a decir lo que ya se sabía, si hay miedo en la dirigencia para enfrentarse al poder económico, entonces el lawfare, lejos de estar inactivado, está cumpliendo con su objetivo principal.

Para lo único que vale ser inocente, cuando se habla de poder, es para los delitos de corrupción. Lo otro se llama ingenuidad.

MÁS INFO
Roberto Caballero

Roberto Caballero es periodista argentino, fundador del diario Tiempo Argentino y la revista Contraeditorial. Autor del bestseller Galimberti, de Perón a Susana, de Montoneros a la CIA, entre otros libros de investigación periodística. Conduce Caballero de Día de 6 a 9 en El Destape radio.

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