Ley de Glaciares: soberanía, agua y futuro

23 de marzo, 2026 | 11.47

En la Argentina hay discusiones que no pueden reducirse a una grieta ni a una coyuntura. La defensa de nuestros glaciares es una de ellas. No estamos ante un debate técnico ni sectorial: estamos frente a una decisión estratégica de Estado.

Porque cuando hablamos de glaciares, hablamos de agua. Y cuando hablamos de agua, hablamos de soberanía nacional.

La importancia de las cuencas hídricas y el ambiente periglacial

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Hoy, más de 7 millones de argentinos dependen directa o indirectamente de cuencas hídricas alimentadas por glaciares y ambiente periglacial. En un país donde el 70% del territorio es árido o semiárido, esto no es un detalle ambiental: es una condición de posibilidad para la vida, la producción y el desarrollo sostenible.

Por eso, intentar modificar la Ley de Glaciares (Ley 26.639) no es “modernizarla” como se intenta instalar. Es retroceder. Es importante poner en discusión un consenso básico: hay bienes estratégicos que no pueden quedar librados a la lógica del mercado ni a la urgencia fiscal.

¿Es el modelo minero de Chile un espejo para Argentina?

Algunos plantean que debemos mirar a Chile como modelo de desarrollo. Porque siempre se piensa que el almacén de enfrente vende más. Ok, vale la pena hacerlo, pero completo. Chile exporta minerales, sí. Mucho más que nuestro país, con menos de la mitad de la población (19 millones) y los problemas de pobreza estructural y empleo no fueron resueltos. La educación y la salud son aranceladas y, como consecuencia de ese modelo, también enfrenta una de las crisis hídricas más severas del mundo con regiones enteras dependiendo de camiones cisterna para acceder al agua y un sistema donde el agua fue tratada como mercancía.

Ese no es un modelo de desarrollo, es un modelo extractivista. Alerta spoiler: sólo ganan unos pocos, se llevan todo y otra vez espejitos de colores.

El impacto de la megaminería en el empleo y la economía local

Porque ahí está el punto central que muchas veces se oculta: la megaminería no es un modelo de desarrollo, es un modelo de extracción. No construye entramado productivo, no genera empleo masivo y sostenido, y deja economías locales más frágiles que antes.

Los datos son claros. La minería metalífera representa apenas el 0,21% del empleo registrado en Argentina. Después de más de 25 años de explotación de litio en Catamarca hay más de 42.000 trabajadores en la economía popular registrados en el RENATEP y alrededor de 39.000 trabajadores en el empleo privado registrado según datos del SIPA.

Ese es el dato que desnuda el problema. La estructura laboral de la provincia no logró consolidar empleo formal masivo, sino que convive con niveles altos de informalidad y precariedad.

Estadísticas de empleo privado en Catamarca (2025)

Y el dato más reciente agrava aún más este cuadro: desde 2023, Catamarca perdió aproximadamente un 10% del empleo privado registrado, según información actualizada a octubre de 2025 por la Secretaría de Trabajo de la Nación.

Es decir, no sólo no se consolidó una matriz de desarrollo, sino que incluso el empleo formal retrocede. Este desfasaje revela un problema estructural: la riqueza que se extrae no se traduce en desarrollo sostenido ni en trabajo registrado suficiente para la población. Entonces, la pregunta es inevitable, ¿desarrollo para quién?

Protección del agua y los recursos naturales: una política de Estado

La Ley de Glaciares no prohíbe la minería, la ordena. Protege menos del 1% del territorio nacional, pero ese porcentaje contiene reservas de agua estratégicas e irremplazables. Fuera de esas zonas, la actividad está plenamente habilitada.

Defender el agua de los glaciares no es una postura romántica, es una defensa de la matriz productiva argentina. Sin el escurrimiento natural de nuestras cuencas, sectores estratégicos como el campo y la agroindustria quedarían sentenciados a una economía inviable. La producción de alimentos, las economías regionales y la ganadería dependen de un ciclo hídrico estable que nace en las altas cumbres. Si sacrificamos la reserva de agua dulce en favor de proyectos extractivos de corto plazo, estamos hipotecando la rentabilidad y el futuro de los productores rurales que sostienen el país día tras día. No hay campo, no hay industria, ni hay comercio posible en una Argentina sin agua.

Por eso esta discusión no es anti-minería. Es pro-Argentina. Es entender que hay límites que no pueden correrse sin comprometer el futuro. Que el agua no es un recurso más: es el recurso más importante, está en disputa y lo tiene Argentina.

Y, sobre todo, la política y el conjunto de la sociedad debe entender que esta no es una bandera partidaria. Es una política de Estado. Porque los glaciares no pertenecen a un gobierno ni a una generación. Son parte de nuestro patrimonio común. Y una vez que se destruyen, no se recuperan.

Desde esta pequeña trinchera le pido encarecidamente a todos los diputados y diputadas que piensen en la Argentina. La política es muy dinámica, las posiciones pueden revisarse, los debates insalvables, salvarse. Pero los glaciares no.

Hay decisiones que definen a un país. Esta es una de ellas.

 

*Ex Diputado - Ex presidente de Comisión de Recursos Naturales - Diputados de la Nación. Miembro de la Red PERIFERIA por la transición socioecológica.

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Leonardo Grosso

Ex Diputado - Ex presidente de Comisión de Recursos Naturales - Diputados de la Nación. Miembro de la Red PERIFERIA por la transición socioecológica.