13 de octubre, 2020 | 20.26

Guernica: fuerte despliegue estatal para contener urgencias y diseñar la salida

La provincia de Buenos Aires dispuso una Mesa Interministerial que trabaja con los vecinos en tareas de prevención sanitaria y contención social. Historias de vulnerabilidad y esperanza detrás de las noticias.

En avenida Crisólogo Larralde sobre plaza Belisario Roldán, frente a la parada de tren “Guernica”, funciona la mesa interministerial integrada por el ministerio de Desarrollo y varias secretarías, de Salud, de Derechos Humanos, de Economía Social, de Mujer, Diversidad y Género, la defensoría del Pueblo bonaerense, Anses y el ministerio del Interior por el programa de tramitación del DNI. Unas 32 carpas con 80 trabajadores y trabajadoras arrancan con sus labores a las siete de la mañana y, dependiendo el día, la fecha de desarme no es fija. 

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En las tres semanas de operativo no hubo un solo contagio por Coronavirus. Tampoco existieron casos en las más de 500 personas que son atendidas por día en los diferentes espacios. El distanciamiento social se respeta. Los barbijos y el alcohol en gel son moneda corriente. 

Si bien los primeros días la atención estuvo focalizada en las familias que estaban en la toma de terrenos y en lograr soluciones habitacionales, las siguientes jornadas sirvieron para asistir a la población de Presidente Perón. Alrededor de 103 mil personas viven en el distrito y los programas más consultados varían entre tramitarse el DNI, completar el calendario de vacunación y programas asistenciales para las mujeres que son víctimas de violencia de género. 

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Historias

Noelia tiene 37 años. Enviudó dos veces. Cinco hijos; el mayor de 20, el segundo, de 18 años la hizo abuela por primera vez. A los 15 años se fue de su casa. “Mi padrasto abusó de mí y por eso me fui”, cuenta la mujer que sabe de luchas y auto superaciones. Después de vivir unos años en la calle se mudó a Presidente Perón. Actualmente vive sobre la calle Chile al 1127 junto a sus cinco hijos, dos nueras y un cuñado. A unas ochos cuadras están las tierras tomadas en Guernica desde hace unos tres meses y tienen fecha de desalojo a partir del 15 de octubre. 

Desde el gobierno bonaerense afirman que no harán nuevos pedidos de prórroga al Juez. “Hasta acá llegamos, muchísimas familias firmaron el acta compromiso y las estamos ayudando y seguiremos haciéndolo”, ratifican.

Por su parte, Noelia recuerda que: “Fui a las toma no por mí, por ellos”, y señala a sus hijos que la acompañan y ayudan en el día a día. “Ellos tienen que tener un futuro”, insiste una y otra vez. El 2 de diciembre pasado falleció su esposo y la situación la llevó a un estado depresivo del que recién ahora se está poniendo de pié. “Ver que llegan los materiales me levanta, me da ánimo”, se sincera con los ojos celeste cristalinos y nostálgicos. 

A fines de septiembre, la mujer fue una de las que firmó el acta de compromiso con el ministerio de Desarrollo de la Comunidad de la provincia de Buenos Aires. Se fue pacíficamente a cambio de recibir materiales para ampliar la casilla en la que vive. “Es cierto no hay gente en la calle, lo que hay es hacinamiento. Decime… ¿A vos te parece bien que en una habitación duerman diez personas?”, pregunta en voz alta y no encuentra respuesta. “Ahora por lo menos me trajeron los materiales y me están ayudando a hacer dos piezas más y el baño. Una de las piezas la voy a usar para que sea la cocina y tengamos más espacio todos”. 

Hasta el momento recibió ladrillos, arena, cemento, chapas, madera, aislante y varillas de acero. Dos obreros del ministerio están construyendo las dos habitaciones y el baño. “Ahora estoy peleando para que también me den la cerámica, que por lo menos le pongan el piso al baño”, dice. “Cobro una pensión por mi enfermedad y nada más, jamás en mi vida podría haber conseguido lo que me dieron ahora. Desde el 2008 que nadie venía a ayudarnos y nosotros somos pobres pero no ignorantes. Todos los días les digo a mis hijos que para tener un futuro hay que estudiar, tienen que estudiar sí o sí”. 

Tras la asistencia que le brindó el Estado, la situación de Noelia cambió completamente. De cara al futuro sabe que, cuando logre superar su depresión y terminar de hacer su duelo, volverá a estudiar enfermería. “Tengo algo con las personas mayores, los quiero mucho y me gusta cuidarlos. Es lo que siento”. 

Tomados 

A unas ocho cuadras de la casa de Noelia el escenario es otro. No hay casillas de cemento; mucho menos materiales de obra. Tan solo carpas de lona abandonadas. Verdes hectáreas parceladas artesanalmente en terrenos que fueron y serán de tierra de nadie. 

Algunas familias resisten. Creen que el desalojo, la presencia policial y el accionar de la justicia no se efectivizarán. Luis tiene 29 años y junto a su esposa y sus hijos Oliver (4) y Thiago de 15 meses, tomaron uno de los terrenos. “Vinimos porque nosotros alquilábamos y por la pandemia no pudimos pagar más el alquiler. Yo soy carpintero y obrero y todo eso estuvo parado”, cuenta mientras coloca unas telas negras resistentes a modo de cerca. “En realidad nosotros estábamos en el terreno de más allá - y señala unas cuadras a la distancia - , con mi prima que es madre soltera”, y agrega: “Ahora que la gente empezó a irse me busqué un terrenito para nosotros”.

Luis explicó que en las últimas semanas “pude agarrar algunas changas, pero muy poco, porque las obras que se hacen no puede haber más de ocho obreros y entonces muchos nos quedamos afuera”. Hasta el momento no tuvo contacto con la mesa interministerial. Tampoco con las organizaciones que coparon el predio y se resisten a irse. Es tal la incertidumbre que dentro del predio hicieron una “escuela”. Incluso, mientras Luis armaba su cerca la maestra de la zona llegó y saludó a Oliver chocando “los 5” con la mano. ¿Vamos al jardín?, le preguntó con una sonrisa que, si bien no se vislumbraba por el barbijo, la comisura de sus ojos dejaba entrever el gesto. Oliver sonrió. Le gusta ir al jardín. 

La presencia del Estado se vio. La asistencia a las 570 familias que ya firmaron las actas es efectiva, constante y perdurará por las próximas semanas. La posibilidad de evitar un desalojo conflictivo es un horizonte que, con el correr de las horas, no podría efectivizarse producto de un grupo radicalizado menor que se resiste a encontrar una solución. “No es verdad lo que dicen los de afuera, para entender lo que pasa en Guernica hay que estar desde adentro”, sintetizó Noelia en referencia a un sinfín de realidades dispares que conviven diariamente en las 150 hectáreas del momento. 

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