Al llegar la mañana, se escucha el canto agudo y repetitivo de un pájaro que se confunde con las golondrinas y los zorzales, pero se trata de otro animal: el chingolo. Esta ave es una de las más icónicas de América del Sur y, a pesar de su pequeño tamaño, posee una voz potente muy fácil de reconocer.
Así es el chingolo: el pájaro oriundo de América del Sur
El chingolo se caracteriza por tener el copete gris en la cabeza, las líneas negras que recorren su rostro y su característico collar rojizo en la nuca. Su canto lo posiciona como una alarma natural, ya que suele cantar una melodía breve, conocida y repetitiva en las primeras horas del día cuando llega el amanecer.
Este pájaro es propio de zonas rurales: puede observarse en campos, montañas, bosques, parques urbanos y jardines. Suele verse más en regiones australes como Tierra del Fuego porque logra adaptarse a las bajas temperaturas, especialmente en las altas cumbres.
Además de despertar a los humanos, su canto cumple una función clave para la especie, ya que los machos lo usan para delimitar el territorio y remarcar su presencia. Además, es una forma de cortejo para atraer parejas y aparearse.
Estas aves suelen incrementar sus cantos en época de primavera y verano, cuando crece la competencia por el territorio y la reproducción.
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¿Por qué se cree que el chingolo es señal de buena suerte?
El chingolo es uno de esos pájaros que se ganó un lugar especial en el imaginario popular argentino. Según la creencia popular, cuando este pequeño pájaro se acerca a cantar insistentemente a la puerta de una casa, no lo hace por casualidad: está anunciando la llegada de buenas noticias, ya sea la visita de un familiar o una carta esperada. Su canto al amanecer, claro y repetitivo, también se interpreta como una señal de que el día traerá cosas buenas, y muchos lo consideran casi un mensajero del buen tiempo y la fortuna.
