En el extremo sur de Sudamérica, donde el frío y el viento dominan, el Canal Beagle se convirtió en un refugio cada vez más frecuentado por las ballenas jorobadas. Esta noticia entusiasma tanto a científicos como a quienes disfrutan de la naturaleza, ya que revela una tendencia clara: la especie está aumentando su presencia en estas aguas.
Un estudio colaborativo entre el CADIC-CONICET y las fundaciones WCS Argentina y Compromiso Onashaga mostró que durante el último año se identificaron 22 ballenas in situ, de las cuales 17 fueron avistadas por primera vez. Desde 2013 hasta 2025, el total de ejemplares reconocidos asciende a 208 individuos, un número que confirma un crecimiento sostenido en la región.
Pero detrás de estas cifras hay historias que llaman la atención. Por ejemplo, Buddha, una ballena que no se veía desde 2021, regresó al Beagle, y Shima, que lleva visitando estas aguas ocho años consecutivos, se destaca como la más fiel entre las jorobadas.
Si bien la presencia de ballenas jorobadas (Megaptera novaeangliae) en el Canal Beagle no es nueva —con registros que datan de 1979—, fue en la década de 1990 cuando comenzaron a observarse más regularmente. El punto de inflexión ocurrió en 2013, cuando varios ejemplares permanecieron en la zona por semanas, dando inicio a un proyecto de monitoreo constante.
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Actualmente, las áreas donde se concentran mayormente incluyen Isla Martillo, el sector entre Baliza Escarpados y Río Encajonado, el Archipiélago Les Eclaireurs, Bahía Lapataia y la zona entre Punta Paraná y Puerto Almanza. Estos lugares forman parte de un hábitat clave para las ballenas en Tierra del Fuego.
Ciencia ciudadana y monitoreo: El crecimiento de la población en el Beagle
Un aspecto innovador del estudio es su enfoque de ciencia ciudadana: más de 500 fueguinos y turistas colaboraron enviando fotos y videos que ayudaron a identificar a cada ballena. Los investigadores aplicaron la técnica de fotoidentificación, que utiliza patrones únicos en la aleta caudal, similares a una huella digital, para reconocer a los individuos.
Este método no solo amplió la base de datos, sino que también fortaleció el vínculo entre la comunidad local y la conservación marina, haciendo que el cuidado de estas ballenas sea un esfuerzo colectivo.
Las ballenas jorobadas realizan migraciones extensas entre sus zonas de alimentación en aguas frías del sur y sus áreas de reproducción en mares tropicales. En este contexto, el Canal Beagle se consolida como un sitio fundamental para su alimentación durante el verano, donde se alimentan principalmente de krill y pequeños peces, aprovechando las condiciones favorables del lugar.
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El monitoreo a largo plazo también permite evaluar factores que podrían estar influyendo en su presencia, como cambios en la disponibilidad de alimento o variaciones ambientales.
Sin embargo, la situación no está exenta de riesgos. Las ballenas enfrentan amenazas como el cambio climático, la contaminación, el ruido submarino, las colisiones con embarcaciones y los enmalles en redes pesqueras, que ponen en jaque su bienestar.
Más allá del espectáculo que brindan con sus saltos y soplidos, el aumento de ballenas jorobadas es un indicio de la salud del ecosistema. Los científicos interpretan que la presencia sostenida de una especie tan móvil y de gran tamaño señala que el Canal Beagle ofrece condiciones óptimas para su desarrollo.
Por eso, la responsabilidad de protegerlas es fundamental. En Ushuaia y zonas cercanas existen normativas que regulan el acercamiento a los mamíferos marinos, promoviendo un avistaje responsable. Entre las recomendaciones se destacan mantener distancias prudentes, evitar ruidos que puedan molestarlas y no interferir en su comportamiento natural.
Así, el Canal Beagle se confirma no solo como un escenario natural impresionante, sino también como un espacio vital para la conservación de las ballenas jorobadas y el equilibrio ambiental en Tierra del Fuego.
