Científicos descubrieron que Júpiter, el planeta más grande del sistema solar, es en realidad un poco más pequeño y más achatado de lo que se creyó durante décadas. El dato, que puede sonar mínimo a simple vista, generó repercusión dentro de la comunidad astronómica porque modifica valores que durante años se consideraron prácticamente definitivos.
La investigación fue realizada por un equipo internacional de especialistas del Instituto Weizmann de Ciencias, quienes analizaron las mediciones más precisas obtenidas hasta ahora gracias a la sonda Juno, la misión de la NASA que estudia al gigante gaseoso desde 2016. A diferencia de las estimaciones históricas, que se apoyaban en información recogida hace casi cincuenta años por las misiones Voyager y Pioneer, Juno permitió observar el planeta con un nivel de detalle completamente distinto.
Gracias al avance tecnológico, los investigadores lograron calcular el tamaño y la forma de Júpiter mediante el estudio del comportamiento de las señales de radio emitidas por la nave. Al atravesar la densa atmósfera del planeta, esas señales se curvan de manera sutil, un fenómeno que funciona como una especie de “escáner natural”. Analizar esas variaciones fue lo que permitió obtener cifras mucho más precisas.
Cómo es realmente Júpiter: qué se descubrió
Los resultados, publicados en la revista Nature Astronomy, indican que el diámetro ecuatorial de Júpiter es aproximadamente 8 kilómetros menor de lo que señalaban los modelos anteriores. En el caso del diámetro polar, la diferencia es aún mayor: unos 24 kilómetros menos respecto de las estimaciones previas.
Aunque estas variaciones no alteran su estatus como el planeta más grande del sistema solar, sí revelan un achatamiento más pronunciado. En otras palabras, la diferencia entre el tamaño de su ecuador y el de sus polos es más marcada de lo que se pensaba.
Esta característica no es casual, sino que los científicos explican que la forma del planeta está directamente influenciada por su rapidísima rotación, dado que Júpiter completa un giro en menos de diez horas, y por los intensos vientos que dominan su atmósfera. Ambos factores generan una leve deformación que ahora pudo medirse con mayor precisión.
De esta manera, el descubrimiento obliga a revisar mapas astronómicos, simulaciones y materiales educativos que durante años replicaron valores menos exactos. Incluso los libros escolares deberán actualizar sus datos para reflejar este nuevo conocimiento.
Este descubrimiento sobre Júpiter tiene un significado mucho más amplio que puras dimensiones. Ahora, los astrónomos pueden perfeccionar los modelos que describen la estructura interna del planeta, la distribución de su masa y la dinámica de su atmósfera.
