Detectan por primera vez una atmósfera en un planeta rocoso similar a la Tierra

El hallazgo en el exoplaneta, ubicado a 40 años luz, marca un antes y un después en la búsqueda de mundos habitables. Los científicos descubrieron que posee temperaturas compatibles con el agua líquida y una estructura de gases en varias capas.

17 de julio, 2026 | 17.02

Un helio fugaz delató lo que la ciencia venía buscando durante décadas y se trata de la prueba irrefutable de una atmósfera en un mundo rocoso fuera de nuestro sistema solar. La señal, detectada inicialmente en 2024 y desaparecida en 2025, terminó revelando la presencia de capas ocultas de agua. Este trascendental hallazgo, realizado por un equipo de investigadores de prestigiosas universidades de Estados Unidos y publicado por la revista especializada Science, aporta la evidencia más sólida hasta la fecha de la existencia de mundos con condiciones de composición y temperatura similares a las de la Tierra, capaces de albergar vida en los rincones más profundos del cosmos. Hasta el momento, la astronomía solo había logrado registrar atmósferas en gigantes gaseosos similares a Urano o Neptuno, pero jamás en un planeta de características rocosas.

El exoplaneta en cuestión se llama LHS 1140 b, fue descubierto en 2017 y se encuentra a unos 40 años luz de distancia. Tiene una masa 5,6 veces mayor que la de la Tierra y aproximadamente 1,7 veces su radio, y completa una órbita alrededor de una antigua estrella enana roja en apenas 24,7 días. Sus características físicas concuerdan con las de un mundo rocoso que recibe el 42% de la radiación estelar que nos llega a nosotros, lo que permite deducir que posee una temperatura templada e ideal para la existencia de agua en estado líquido. Según explican los expertos del Centro de Astrobiología (CAB CSIC), los nuevos datos sugieren que LHS 1140 b se ubica a mitad de camino entre un mundo oceánico, con mares de centenares de kilómetros de profundidad, y un gigante helado cuya base elemental es el hidrógeno.

El misterio del helio y el "efecto arcoíris"

La clave del descubrimiento estuvo en el rastro del helio. Los astrónomos detectaron indicios de escapes de este gas en la atmósfera del planeta durante mediciones realizadas en 2024 con el potente espectrógrafo del telescopio Magellan Clay, instalado en el Observatorio de Las Campanas, en Chile. Estos instrumentos funcionan de manera similar a un prisma que descompone la luz de la estrella en un arcoíris; cuando esa luminosidad atraviesa la atmósfera del exoplaneta en tránsito, los elementos químicos absorben colores específicos, dejando una firma única que revela la composición del aire alienígena. Para los investigadores, ver esos espectros de tránsito y comprender que el helio se estaba escapando de un mundo ubicado en una zona habitable fue un momento de absoluta conmoción científica.

Sin embargo, el escenario se volvió más complejo cuando las observaciones de 2025 no mostraron ningún rastro de esa fuga gaseosa. Lejos de desanimarse, los científicos combinaron los registros de los años previos con sofisticados modelos de evolución planetaria y descifraron el enigma: LHS 1140 b cuenta con una atmósfera compuesta por múltiples capas. La predicción actual señala que el planeta posee una atmósfera superior dominada por el helio y pobre en hidrógeno, mientras que otras especies químicas más pesadas, como el vapor de agua, quedan atrapadas y resguardadas a altitudes mucho más bajas, cerca de la superficie rocosa. En contraposición, los astrónomos analizaron a su planeta hermano, LHS 1140 c, el cual está más expuesto a la radiación de su estrella y no evidenció ningún rastro de actividad atmosférica.

Este logro abre una nueva era para la astrobiología y promete ser la punta de lanza de futuros hallazgos masivos en el espacio profundo. Los científicos celebraron que finalmente se haya roto el maleficio tras incontables intentos fallidos en otros rincones de la galaxia. Utilizando una analogía futbolera para dimensionar el impacto de la noticia, los especialistas explican que en estos desafíos de la ciencia lo más difícil siempre es abrir el marcador y meter el primer gol; una vez que la pelota entra y se rompe la racha, el arco se abre y los goles empiezan a llegar uno detrás del otro. Con LHS 1140 b acaba de suceder exactamente eso: se logró la primera detección histórica y los astrónomos descuentan que a partir de ahora vendrán muchas más.

 

Con información de la Agencia Deutsche Welle.