Este miércoles no hay clases en el Instituto Superior del Profesorado "Dr. Joaquín V. González". Las autoridades definieron que se suspendieran durante toda la jornada por una situación excepcional que desconcierta al estudiantado: en lo que va del mes aparecieron cuatro pintadas con amenazas sobre potenciales tiroteos en las paredes de la institución. Al centro de formación docente —integrado justamente por personas que eligieron prepararse para educar— también llegó la ola de violencia que se replica en las aulas de escuelas primarias y secundarias.
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El rectorado ya comunicó que realizó las denuncias en la comisaría, pero el Centro de Estudiantes reclama medidas concretas, que van desde un protocolo específico para tratar estas situaciones en el Nivel Superior hasta equipos interdisciplinarios que pongan a la salud mental de los estudiantes, también futuros docentes, como prioridad. Fuentes de la Policía de la Ciudad no pudieron confirmar si se formalizaron estas presentaciones. En tanto que desde el Ministerio de Educación de la Ciudad no respondieron preguntas respecto al plan a aplicar en estas instituciones formadoras, por fuera de los lineamientos establecidos el 23 de abril en el “Protocolo de Actuación para la protección y el resguardo ante situaciones de vulneración de derechos de niñas, niños y adolescentes”. A los profesorados concurren personas de 18 años en adelante.
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“Nosotros somos estudiantes de un profesorado, terminamos el secundario y nos formamos en este doble rol: en el instituto somos estudiantes pero además el día de mañana vamos a ser docentes. Para eso nos formamos”, explicó a El Destape Lucas Celasco, presidente del centro de estudiantes del JVG por la 9 de Abril-PTS, sobre la doble faceta de quienes concurren a la institución. Lejos de verlo como un limitante, él cree que es desde estos espacios que se tiene que discutir una “pedagogía de la cooperación”, en momentos en que la sociedad está atravesando una crisis determinante: “No lo podemos pensar por fuera del contexto, porque tenemos muchos compañeros que están eligiendo cursar o trabajar. Otros que dejan las cursadas porque prefieren salir a laburar o porque no les alcanza la plata en la SUBE para viajar”.
Estudiantes del profesorado convocaron a una serie de acciones tras la reiteración de amenazas violentas. Como primera medida, anunciaron jornadas de encuentro en el hall del establecimiento —en los tres turnos— para expresar el rechazo a la escalada de violencia y abrir un espacio de reflexión colectiva sobre cómo abordar la problemática. En paralelo, llamaron a participar de una reunión extraordinaria del Consejo Directivo del próximo viernes, donde buscarán impulsar la creación de un protocolo propio que establezca criterios claros de actuación ante este tipo de situaciones. La iniciativa apunta a construir respuestas desde la comunidad educativa, con la participación de estudiantes, docentes y autoridades.
Celasco plantea que el verdadero desafío en las aulas es fortalecer los vínculos, generar espacios de cuidado y acompañamiento cotidiano, y entender que quienes emiten estos mensajes también forman parte de una realidad social compleja que debe ser abordada de manera integral. “Nuestra tarea es construir redes como estudiantes pero también como futuros docentes porque somos quienes nos vamos a parar en algún día en las aulas a dar clases a estudiantes que quizás van a estar atravesando situaciones de este tipo. Hay que hacer el ejercicio y pensarlo ahora”, subrayó.
Para eso, remarcó que uno de los reclamos centrales del centro de estudiantes es democratizar el debate dentro del profesorado, llevando las discusiones a todas las aulas y exigiendo que el Consejo Directivo —órgano de cogobierno— sea abierto y participativo, frente a la intención del Gobierno de la Ciudad de limitarlo a un rol consultivo y concentrar las decisiones en el rector, debilitando la representación de estudiantes y docentes. En paralelo, impulsan una demanda concreta de política pública: la creación de 2000 cargos para conformar equipos interdisciplinarios en escuelas y profesorados, con el objetivo de fortalecer la vida institucional, construir comunidad y abordar de manera colectiva las problemáticas que atraviesan a los estudiantes.
"Somos los que pisamos todos los días el Joaquin, estudiantes y docentes los que vamos a saber responder, como cerebro colectivo, qué respuesta le damos a estos problemas", enfatizó Celasco.
Cómo se combate la ola de violencia en instituciones educativas
El 23 de abril, el Gobierno de la Ciudad anunció un cambio de enfoque para abordar las amenazas que aparecieron en diferentes colegios. "No son una borma pesada, sino un delito", remarcaron al anunciar la aplicación del protocolo, vigente desde el año pasado, sobre cómo actuar ante las amenazas en las escuelas, "con el objetivo resguardar la integridad física y psicosocial de la comunidad educativa, garantizar el cumplimiento de la ley y promover intervenciones institucionales basadas en criterios de protección y cuidado colectivo". Este es el mismo protocolo que se aplica con los profesorados, a pesar de sus particularidades.
Gabriel Brener, especialista en Gestión y Conducción de Sistema Educativo por FLACSO, ha escrito diversos artículos sobre temáticas vinculadas a la violencia, los medios de comunicación jóvenes, la escuela y la autoridad educativa. En diálogo con El Destape, explicó que el clima de época y ciertas formas de violencia que circulan en la sociedad están marcando "el ritmo cardíaco de la violencia como modo natural de intercambio social" y esto ahora se está viendo en las aulas de distintos niveles de enseñanza, cajas de resonancia, pero que deberían ser vistas también como una "interrupción" a esa tendencia individualista que fomenta la naturalización de este tipo de discursos, a la hora de pensar respuestas integrales frente a la situación.
Puntualmente, respecto a la stuacion que atraviesan ahora también instituciones del Nivel Superior, indicó que "a partir de estos retos virales, lo que está sucediendo con los jóvenes actualmente es que hay también una frontera más difusa entre secundaria y nivel superior, por lo que a veces hay cuestiones que se dan con cierta continuidad entre secundarias y terciarios por las mismas prácticas de disciplinamiento y de control que se aplican".
"Hay que poder ponderar estrategias que den sentido e identidad a la institución. El limite hay que ponerlo y la sanción también pero no hay que quedarse recluidos o aliviados con el gesto de punición a quienes cometen estos actos o quienes son cómplices", reforzó el especialista, para quien el abordaje del Gobierno de la Ciudad se acerca mas al "gesto para la tribuna" que a un plan concreto donde el Estado sea parte fundamental de la construcción de una salida, en un momento político donde la motosierra manda.
Brener advirtió que no existe una solución simple ni exclusivamente basada en aumentar recursos, aunque subrayó que las escuelas atraviesan una situación crítica: están “sobredemandadas y subdotadas”, con docentes que tienen los peores sueldos en 20 alos. En ese marco, remarcó que cualquier abordaje serio debe incluir una mejora en las condiciones laborales y salariales de quienes sostienen cotidianamente el sistema educativo.
El diagnóstico también apunta a una contradicción estructural: a la escuela “se le pide todo”, pero al mismo tiempo se la desabastece. Falta infraestructura, presupuesto y equipos profesionales, pero el problema no se agota en sumar psicólogos o recursos económicos. Según explicó, es clave que la institución esté acompañada por otros organismos del Estado y por la sociedad civil, en una red que permita abordar de manera integral las problemáticas que atraviesan a estudiantes y docentes.
"La escuela no puede ni resuelve sola. No es una isla, es un texto en el marco del contexto", enfatizó y pidió abordar el tema "desde la responsabilidad adulta" y colectiva. En ese sentido, interpretó las amenazas y pintadas como un síntoma que no puede ser ignorado: “los chicos lo piden a gritos”. Esa demanda, sostuvo, también se expresa en las aulas y en los espacios de participación estudiantil, donde emergen pedidos concretos vinculados a la salud mental, la angustia sostenida y la falta de respuestas a interrogantes propios de la adolescencia.
La salida, para Brener, es colectiva: "Lo que que aparece en estos tiempos de manera muy notable es que el proyecto que nos tiene que aglutinar es el de humanizacion. Lo que estamos viendo con muchos indicios es la natralizacion de las violencias, de la desigualdad y de la demonizacion y de anular al otro como forma de convivencia".
