A unas 8 a 10 horas de viaje desde la Ciudad de Buenos Aires, existe un destino que parece detenido en el tiempo, Cabo Polonio. Sin autos, sin luz eléctrica convencional y con una de las postales más salvajes del Río de la Plata hacia el Atlántico, este pequeño pueblo uruguayo se convirtió en una de las escapadas favoritas para quienes buscan desconectar de verdad.
Ubicado en el departamento de Rocha, dentro de un parque nacional protegido, el Cabo es famoso por sus playas vírgenes, su faro histórico y una de las colonias de lobos marinos más grandes de la región. Además, en ciertas épocas del año, es posible avistar ballenas francas australes desde la costa, especialmente entre julio y octubre, cuando migran por el litoral uruguayo.
Un viaje distinto desde Buenos Aires
Llegar a Cabo Polonio ya es parte de la experiencia. No existe acceso directo en auto ya que el recorrido implica varias etapas que lo vuelven una aventura en sí misma. Desde Buenos Aires hay tres opciones principales, la más económica es en bus que demora entre 10 y 15 horas dependiendo de las combinaciones, con precios que rondan entre $90.000 y $210.000 argentinos por tramo, según temporada y tipo de servicio.
En avión + bus, la opción más rápida, unas 8 horas en total, con costos estimados entre $126.000 y $319.000 o en auto + ferry, una alternativa que muchos viajeros eligen (cruzar en barco a Uruguay y continuar en auto hasta Rocha). Una vez en la ruta 10 (km 264,5), hay que dejar el vehículo y tomar camiones 4x4 que atraviesan médanos durante unos 20-30 minutos para llegar al pueblo. El traslado cuesta alrededor de 470 pesos uruguayos ida y vuelta (unos 15-20 USD dependiendo del cambio).
El alojamiento va desde habitaciones hasta ranchos típicos frente al mar y los precios pueden variar mucho según la temporada con hostels desde 20 a 40 USD por noche o casas entre 60 y 150 USD por noche.
Qué hacer en Cabo Polonio
El principal atractivo es justamente no hacer demasiado. Sin embargo, hay algunas experiencias imperdibles como el avistaje de fauna, donde hay lobos marinos todo el año y ballenas en temporada, subir al faro para tener una de las mejores vistas del océano, caminatas entre médanos y playas desiertas y excursiones a pie hasta Valizas, un clásico trekking costero.
Si bien la opción más rápida ronda las 8 horas de viaje, lo ideal es quedarse al menos dos o tres noches para aprovechar la experiencia sin correr.
