Hipertensión: por qué no siempre es culpa de los malos hábitos, según una experta

Fernanda Montes de Oca redefine la hipertensión al revelar que no solo depende de hábitos, sino de complejos mecanismos vasculares y hormonales.

22 de marzo, 2026 | 12.08

La hipertensión arterial, uno de los principales factores de riesgo cardiovascular a nivel mundial, no siempre avanza por falta de cuidados o malos hábitos, según una nueva visión planteada por la médica e inmunóloga Fernanda Montes de Oca. Su enfoque desafía la idea tradicional y pone el foco en complejos procesos vasculares y hormonales que afectan la presión arterial.

Un problema más complejo que el estilo de vida. La especialista explicó que la presión alta no empeora solo porque el paciente “no se cuida”, sino porque la enfermedad modifica la estructura del sistema que regula la presión. Esto genera un círculo vicioso que deteriora la salud vascular incluso en quienes siguen indicaciones médicas.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, en 2024 había 1.400 millones de adultos entre 30 y 79 años con hipertensión, equivalente al 33 % de la población en ese rango. De ellos, solo un 23 % logra controlar su presión, mientras que el 44 % desconoce su condición, lo que evidencia la magnitud del desafío.

¿Cuándo comienza el daño de la hipertensión?

Montes de Oca destacó que el daño comienza por el comportamiento de la sangre dentro de los vasos sanguíneos. En condiciones normales, el flujo es laminar, con capas ordenadas y silenciosas. Sin embargo, cuando se vuelve turbulento, por rigidez o cambios en el diámetro vascular, provoca microlesiones en el endotelio, la capa interna de las arterias, que es un órgano activo encargado de regular el tono vascular y proteger los vasos.

La pérdida de esta función protectora activa procesos inflamatorios y aumenta sustancias vasoconstrictoras, lo que eleva la presión y daña aún más el sistema vascular. “La hipertensión es, sobre todo, una enfermedad de microvasculatura”, aseguró la médica, relacionando el fenómeno con la ley de Poiseuille, que indica que la resistencia al flujo depende del radio del vaso elevado a la cuarta potencia.

Por eso, cuando los vasos se contraen y se vuelven rígidos, el cuerpo debe empujar con más fuerza para mantener el flujo sanguíneo, lo que aumenta la presión arterial. A su vez, el riñón detecta la menor perfusión y activa el sistema renina-angiotensina-aldosterona, aumentando la producción de angiotensina II, que contrae vasos y retiene sodio y agua, elevando aún más la presión.

La especialista aclaró que, aunque los cambios de hábitos como dejar de fumar o controlar el peso pueden frenar o mejorar la hipertensión, “no siempre se puede volver a cero” debido a estos procesos biológicos que se autoalimentan.

El daño comienza cuando la sangre deja de fluir en forma ordenada.

Además, Montes de Oca señaló otros factores de riesgo importantes, como el tabaco, el sobrepeso con resistencia a la insulina, el sedentarismo, el estrés crónico, enfermedades renales tempranas, apnea del sueño, factores genéticos y ciertos medicamentos. También destacó que la hipertensión esencial, la forma más común, surge de una suma de pequeños desajustes que alteran el equilibrio vascular.

En cuanto al diagnóstico, recomendó prestar atención a detalles como medir la presión en ambos brazos, ya que una diferencia mayor a 15 mmHg podría indicar enfermedad vascular subyacente. También mencionó la necesidad de investigar causas secundarias en casos de hipertensión resistente o en personas mayores.