Elisa Forti tenía solamente 14 años cuando su familia decidió migrar a la Argentina. Había dejado atrás su Italia natal en un contexto atravesado por la guerra, sin imaginar que décadas más tarde encontraría, en otro tipo de travesía, una forma de reconstruirse. Hoy, a los 90 años, su historia conmueve a un país entero y al deporte, sobre todo al running.
La historia de Elisa y cómo el running cambió su vida
Aunque durante años practicó tenis y vóley, el punto de inflexión llegó a los 72. Fue casi por casualidad: su hija le comentó que viajaría a Villa La Angostura para correr una maratón y Elisa, inquieta por naturaleza, decidió acompañarla. Lo que comenzó como una experiencia para conocer el paisaje terminó transformándose en un antes y un después.
Ese primer contacto con el running la atravesó por completo. El ambiente, la energía colectiva y el compañerismo la cautivaron de inmediato. A su regreso, tomó una decisión que cambiaría su vida: empezar a entrenar. A pesar de que temía no encajar en un grupo de corredores mucho más jóvenes, la realidad fue otra, y encontró un espacio de contención que la impulsó a seguir.
Desde entonces, no se detuvo. Sus días comienzan temprano, con una rutina que combina caminata, trote y ejercicios de fuerza. El contacto con la naturaleza es parte esencial de ese ritual cotidiano que, según cuenta, le da una fortaleza interior que trasciende lo físico.
Cinco cruces de los Andes y más de 200 medallas
Con el paso de los años, Elisa acumuló logros que para muchos serían impensados incluso en la juventud. Participó en competencias de montaña, carreras internacionales y desafíos de resistencia. Entre ellos, el Cruce de los Andes, una travesía de 100 kilómetros que se realiza en tres días.
Lo hizo cinco veces. La primera, en 2013, impulsada por sus compañeros. Luego volvió en 2015, 2017, 2018 y 2021. Cada experiencia fue distinta, pero todas dejaron una huella imborrable. En su casa, las medallas se multiplican. Pese a que perdió la cuenta, superan las 200.
MÁS INFO
El running no solo le permitió atravesar desafíos físicos. También le abrió puertas inesperadas. Una de ellas fue la posibilidad de protagonizar un documental en su ciudad natal, en Italia. Allí regresó acompañada por sus nietos y se reencontró con parte de su historia, en una experiencia cargada de emoción.
