El Ferrocarril Central Andino atraviesa 346 kilómetros de paisajes espectaculares de Perú. Conecta Lima con la ciudad de Huancayo. Es uno de los viajes en tren más impactantes del mundo, y una joya del turismo ferroviario latinoamericano. Solo sale cinco o seis veces al año, por lo que conviene consultar su web o redes sociales para conocer las próximas fechas del recorrido.
Durante el trayecto, los pasajeros cruzan tres regiones, 58 puentes y 69 túneles, alcanzando los 4.818 metros sobre el nivel del mar en Ticlio, el punto ferroviario más alto de Sudamérica. El paisaje combina naturaleza, historia e ingeniería en una experiencia única entre las nubes.
Además, el Ferrocarril Central Andino utiliza locomotoras diésel-eléctricas de alta capacidad capaces de mover hasta 3.000 toneladas, lo que reduce el impacto ambiental frente al transporte por carretera.
Un viaje entre historia e ingeniería
El ferrocarril fue construido en el siglo XIX bajo la dirección del ingeniero polaco Ernest Malinowski y el empresario Henry Meiggs, quienes asumieron el reto de conectar la costa del Pacífico con la sierra central del Perú.
Para lograrlo, se trazaron tramos en zigzag, túneles en espiral y viaductos suspendidos a cientos de metros de altura. Obras como el Viaducto de Verrugas o el Túnel de Galera son hoy íconos de la ingeniería mundial.
Varias de sus estaciones conservan más de 150 años de historia: Desamparados, en el corazón de Lima, Matucana, rodeada de montañas; y La Oroya, una de las más altas del planeta, a casi 4.800 metros sobre el nivel del mar.
Una aventura que conecta cultura y naturaleza
Viajar en el Ferrocarril Central Andino es una forma de conocer el Perú desde otro punto de vista: el del cielo andino.
El recorrido entre Lima y Huancayo dura unas 12 horas. A lo largo del viaje, el tren permite descubrir pueblos, mercados y costumbres locales, mientras ofrece refrigerios y guías a bordo. Durante el viaje, se ofrece mate de coca, la infusión tradicional andina que ayuda a reducir el mal de altura, mejora la digestión y aporta energía.
Al llegar a Huancayo, el viaje continúa entre sabores típicos, artesanías y la hospitalidad de su gente. Una travesía que une historia, cultura y naturaleza en lo más alto de Sudamérica.
