La capacidad de generar contenido hiperrealista en segundos cambió la forma en que consumimos información. Sin embargo, esa misma potencia abre la puerta a manipulaciones que pueden afectar reputaciones, difundir noticias falsas o facilitar fraudes.
Frente a este escenario, desarrollar criterio visual y contextual se vuelve una habilidad básica de alfabetización digital.
1. Mirá las manos y los detalles anatómicos
Uno de los errores más frecuentes en imágenes creadas con IA son manos con dedos extra, deformes o mal posicionados. También puede aparecer piel demasiado lisa o simetrías artificiales que parecen “perfectas”. Cuando algo se ve exageradamente prolijo o irreal, conviene desconfiar.
2. Revisá sombras y reflejos
La IA todavía comete fallas en física básica:
-
Sombras que no coinciden con la fuente de luz.
-
Reflejos imposibles en espejos o vidrios.
-
Perspectivas que no respetan líneas de fuga.
Estos pequeños errores suelen delatar una escena sintética.
3. Escuchá la voz con atención
En videos o audios generados artificialmente pueden detectarse:
-
Entonación demasiado plana.
-
Pausas poco naturales.
-
Falta de matices emocionales.
Aunque los sistemas de clonación de voz mejoraron mucho, todavía pueden mostrar rigidez o repetición mecánica.
4. Analizá el contexto
A veces el problema no está en la imagen en sí, sino en su entorno:
-
Elementos fuera de época.
-
Paisajes que no corresponden al lugar mencionado.
-
Multitudes con comportamientos demasiado uniformes.
Las inconsistencias contextuales son una pista clave.
5. Desconfiá de lo “demasiado impactante”
Mucho contenido falso busca provocar reacción inmediata. Si una imagen o video genera sorpresa extrema o indignación instantánea, conviene verificar antes de compartir.
6. Complementá con verificación de identidad
Además del análisis visual, empiezan a ganar relevancia herramientas de prueba de humanidad como World, que incluyen sistemas como World ID para confirmar que detrás de una cuenta hay una persona real y no un bot.
La tecnología puede imitar casi cualquier escena, pero la observación crítica sigue siendo fundamental. Distinguir entre lo real y lo artificial ya no es tarea exclusiva de expertos, sino una responsabilidad compartida en un entorno digital cada vez más automatizado.
