Hablar solo en voz alta es algo que todos o la gran mayoría hacen, sobre todo cuando se vive en soledad. Un acto sumamente común tiene, sin embargo, un sentido claro para la psicología. Lejos de tener que sentir vergüenza, este accionar tiene interpretaciones positivas por parte de esta disciplina moderna.
Qué significa hablar solo en voz alta, según la psicología
Hablar solo en voz alta, según la psicología, es sinónimo de un sujeto con grandes herramientas cognitivas. Las personas que suelen tener este comportamiento son creativas, expresivas y tienen cierta facilidad para automotivarse. Lejos de significar un problema mental, hablar solo en voz alta trae consigo:
- Ordenamiento de ideas: expresarse en voz alta puede contribuir a organizar mejor los pensamientos. Al poner en palabras lo que pasa por la mente, resulta más sencillo estructurar las ideas, lo que favorece la toma de decisiones y la resolución de situaciones complejas.
- Mejora en la retención: repetir información verbalmente, como listas o indicaciones, puede potenciar la memoria. Este recurso funciona porque involucra tanto la escucha como el habla, fortaleciendo así el proceso de recuerdo.
- Gestión de emociones: decir en voz alta lo que se siente puede ayudar a procesar estados emocionales. Al exteriorizar preocupaciones, nervios o tensiones, muchas personas logran disminuir su impacto y comprender mejor lo que les sucede.
- Autoestimulación y enfoque: hablarse a uno mismo puede funcionar como una herramienta de motivación. Frases de aliento o instrucciones personales pueden reforzar la confianza y sostener la concentración frente a tareas exigentes.
- Apoyo en el aprendizaje: el diálogo interno verbalizado puede facilitar la comprensión. Formular preguntas o explicaciones en voz alta permite clarificar conceptos, algo particularmente útil en contextos educativos o de formación.
- Sensación de interacción: cuando se está solo, hablar en voz alta puede generar una experiencia similar a una conversación. Este hábito puede brindar cierta sensación de compañía e incluso servir como práctica para futuras interacciones sociales.
Vale aclarar que el hablar en voz alta con uno mismo tiene sus límites, si esto ya pasa a mayores, como un diálogo constante que interfiere en otras relaciones interpersonales es necesario acudir a un profesional de la salud mental, quien deberá realizar su evaluación y en caso de ser necesario derivar al paciente con un psiquiatra, quien a su vez se encagará de realizar los estudios pertinentes.
