Si querés probar un sabor asiático auténtico sin salir de casa, el pollo teriyaki es tu receta. Este plato es un clásico de la cocina japonesa que conquistó el mundo. Su magia está en el equilibrio perfecto entre lo dulce, lo salado y el sabor profundo umami.
La palabra "teriyaki" viene del japonés: "teri" significa brillo y "yaki" se refiere al método de cocción a la parrilla o salteado dando como resultado un pollo con una superficie brillante y glaseada, tierno por dentro y lleno de sabor.
El alma del plato: la salsa teriyaki casera
La diferencia entre un teriyaki bueno y uno increíble está en la salsa. No hace falta comprarla hecha; prepararla en casa es simple y el resultado es muy distinto. La base son unos pocos ingredientes.
Necesitás salsa de soja (aporta lo salado y el umami), mirin o sake (vino de arroz dulce que da profundidad) y azúcar (para el contraste dulce). Esos son los tres básicos. Luego, los realzadores: jengibre fresco rallado y ajo picado.
El jengibre y el ajo no son opcionales, son esenciales. Le dan ese toque aromático y ligeramente picante que distingue al teriyaki. Un chorrito de aceite de sésamo al final redondea los sabores con su toque tostado. La salsa debe cocinarse hasta espesar y brillar.
Ingredientes para 4 porciones
Para el pollo: 2 pechugas grandes deshuesadas y sin piel. Para la marinada y salsa: 1/2 taza de salsa de soja, 1/4 taza de mirin o sake, 2 cucharadas grandes de azúcar (puede ser mascabo o común), 1 cucharadita de jengibre rallado y 2 dientes de ajo picados.
Para el toque final: aceite de sésamo (una cucharada, es opcional pero recomendable), semillas de sésamo tostadas y cebolla de verdeo o ciboulette picada para decorar.
Paso a paso: marinado, cocción y el brillo final
1. Preparar la marinada: En un bol, mezclá bien la salsa de soja, el mirin, el azúcar, el jengibre y el ajo. Si usás aceite de sésamo, agregalo también. Remové hasta que el azúcar se disuelva. Separá la mitad de esta mezcla y reservala aparte. Esta será tu salsa de cocción.
2. Cortar y marinar el pollo: Cortá las pechugas en trozos o tiras del tamaño de un bocado. Ponelos en un recipiente o en una bolsa para congelar. Verté sobre el pollo solo la mitad de la marinada que habías preparado (la otra mitad está reservada). Mezclá bien, tapá y llevalo a la heladera por al menos 30 minutos. Cuanto más, más sabor.
3. Cocinar el pollo: Calentá bien una sartén grande o un wok a fuego medio-alto. No pongas aceite todavía. Sacá el pollo de la marinada (dejá escurrir el líquido) y colocalo en la sartén caliente. Cociná por 4-5 minutos, moviéndolo, hasta que esté dorado por fuera y cocido por dentro.
4. Crear la salsa glaseada: Cuando el pollo esté listo, volcá en la sartén la marinada que tenés reservada (¡la que no tocó el pollo crudo!). Subí un poco el fuego y dejá que hierva junto con el pollo por 2-3 minutos. La salsa se va a reducir, espesar y adquirir ese brillo característico mientras recubre cada trozo. Revolvé suavemente.
Trucos infalibles para que te quede como en un restaurante
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No uses toda la marinada para marinar: Este es el secreto más importante. La mitad se usa para dar sabor al pollo crudo. La otra mitad, que no tocó la carne cruda, se usa después para hacer la salsa segura y brillante.
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Cortá el pollo parejo: Así toda la cocción es uniforme. Si unos trozos son muy grandes y otros chicos, no se cocinarán igual.
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Sartén bien caliente: Para sellar el pollo rápido y que quede jugoso, la sartén tiene que estar caliente antes de poner la carne.
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Dejá que la salsa reduzca: No tengas apuro en el último paso. Dejá que la salsa hierva y espese. Eso crea el glaseado pegajoso y brillante que hace al teriyaki inconfundible.
