El ámbito cultural del litoral y la comunidad entrerriana se visten de luto. Este miércoles, falleció a los 93 años en la ciudad de Crespo Natividad Dominga Ayala de Almada, conocida popularmente de forma unánime como la "Madre Costera". Su figura quedó ligada de manera indeleble a la identidad del río Paraná y a los habitantes de Puerto Sánchez al convertirse en la musa inspiradora de la emblemática "Canción de cuna costera", una de las obras cumbres de Linares Cardozo.
Por expreso pedido suyo, no se realizará velatorio. Sus restos serán cremados y sus cenizas esparcidas en su lugar de nacimiento, Colón (Entre Ríos), cumpliendo así su deseo final de regresar simbólicamente al paisaje fluvial que la vio nacer.
Nacida en 1932 en la isla Caridad, ubicada frente a la localidad uruguaya de Paysandú, Dominga forjó desde su infancia un vínculo inquebrantable con el agua. Cuando tenía apenas ocho años, emprendió junto a su familia una extensa y sacrificada travesía fluvial que se prolongó durante más de dos meses. A bordo de una modesta canoa, recorrieron un complejo entramado de islas y arroyos hasta alcanzar el río Paraná, navegando aguas arriba hasta establecerse definitivamente en las costas de Puerto Sánchez, en la ciudad de Paraná.
Fue en ese tradicional barrio de pescadores donde Dominga desarrolló gran parte de su vida junto a su compañero, Martín Domingo Almada. Entre jornadas de pesca, el vaivén de las canoas y las dinámicas de la costa, formó un hogar caracterizado por la solidaridad absoluta. Además de criar a sus tres hijos biológicos (Rubén, Martín y Gloria), brindó cuidado, techo y contención a numerosos jóvenes de la zona que la adoptaron como una madre de corazón.
“Viví mis primeros años en Colón. Mi padre cuidaba hacienda, era pescador y abastecía de pescado a los barcos de trasbordo. Cuando el río crecía fuerte, de día o de noche, teníamos que juntar lo imprescindible e irnos a la ciudad hasta que todo pasara”, recordó Dominga en una entrevista, retratando con nitidez la crudeza, la incertidumbre y el amor por la vida isleña.
El nacimiento de una obra inmortal del cancionero popular
La historia de Dominga trascendió las fronteras de su humilde barrio costero cuando el profesor Rubén Martínez Solís, inmortalizado artísticamente como Linares Cardozo, la observó detenidamente mientras amamantaba a uno de sus hijos a orillas del río. Aquella conmovedora postal de ternura, maternidad y esfuerzo inspiró primero una pintura del artista y, poco después, se transformó en los versos y acordes de "Canción de cuna costera".
La pieza se transformó rápidamente en un estandarte de la música litoraleña, retratando la vida de las familias ribereñas a nivel global. A lo largo de las décadas, la obra fue interpretada y grabada por colosos de la música argentina de la talla de Horacio Guarany, Liliana Herrero, Los Fronterizos, Lito Vitale, Juan Carlos Baglietto, Los Hermanos Cuesta y Ginamaría Hidalgo, además de innumerables agrupaciones corales internacionales.
Lejos de quedarse estancada en el mito, Dominga demostró una enorme valentía interior: ya en su etapa de abuela, tomó la decisión de completar sus estudios primarios. Este logro académico le dio las herramientas necesarias para comenzar a registrar sistemáticamente por escrito sus recuerdos, vivencias y las transformaciones de la costa a lo largo de casi un siglo.
La popularidad del tema de Linares Cardozo hizo que su casa se convirtiera en un punto de referencia para grandes referentes de la cultura entrerriana, entablando una profunda amistad con músicos y poetas como Jorge Méndez, Polo Martínez, Miguel Martínez, Marcelino Román, Carlos Santamaría, Víctor Velázquez y Roberto Romani.
A lo largo de su extensa trayectoria, recibió multiplicidad de homenajes, incluyendo la declaración del "Día de la Madre Costera", instituido cada 8 de octubre, coincidiendo con la fecha de su nacimiento, por la Comisión de Homenaje a Linares Cardozo.
En el año 2022, Dominga concretó uno de sus mayores anhelos personales al publicar su propio libro, Mujer de la Costa, una emotiva obra basada en las memorias que durante años resguardó celosamente en un cuaderno escolar. Con su partida física, el río Paraná pierde a una de sus guardianas más fieles, pero su arrullo quedará flotando para siempre en el aire de Puerto Sánchez cada vez que suene una guitarra.
