“Alfonsina y el mar” es una de las canciones más tiernas y emblemáticas del folklore argentino, pero detrás de su dulce melodía se esconde una historia trágica: la muerte de la poeta Alfonsina Storni. La letra fue escrita por Félix Luna y la música compuesta por Ariel Ramírez, quienes lograron plasmar con versos de amarga dulzura el último momento de la vida de esta gran artista.
En octubre de 1938, Alfonsina llegó a Mar del Plata, se alojó en un hotel y redactó su último poema. Luego, se dirigió al mar y se lanzó desde una escollera, poniendo fin a su vida. Aunque nació en Suiza en 1892, su familia se mudó a Argentina cuando ella tenía cuatro años, pasando por San Juan y Rosario. A lo largo de su juventud trabajó en varios oficios, incluso reemplazó a una actriz en una compañía teatral, pero finalmente se dedicó a la poesía tras mudarse a Buenos Aires.
Storni fue madre soltera a los 20 años y, pese a las adversidades, se convirtió en una escritora reconocida por su originalidad. Publicó sus textos en diversos medios, viajó a Montevideo donde conoció a figuras como Juana de Ibarbourou y Horacio Quiroga, y afrontó una operación de cáncer de mama que marcó fuertemente su obra.
Sobre su muerte, aunque circularon varias versiones, la más aceptada indica que saltó desde la escollera del Club Argentino de Mujeres, donde se halló uno de sus zapatos. Félix Luna y Ariel Ramírez decidieron narrar esa última exhalación a través de la canción que la inmortalizó.
En 1969, la voz de Mercedes Sosa dio vida al disco Mujeres Argentinas, que reunió ocho temas dedicados a mujeres poderosas de la historia nacional, entre ellas Alfonsina Storni. Esta obra conceptual reflejó la fuerza y complejidad de cada personaje, mezclando realidad y ficción con sensibilidad.
La historia de la canción que popularizó Mercedes Sosa
“Alfonsina y el mar” es una zamba lenta que se destaca por su belleza poética y musical. Desde su primera frase, donde la arena blanda y el mar se entrelazan en un juego de imágenes, la canción crea un ambiente que evoca ese último instante de la poeta. Los versos transmiten la sensación de un sendero silencioso que conduce hacia la espuma y el agua profunda, reflejando el misterio y la melancolía de su despedida.
La canción también plantea preguntas sin respuesta, como se aprecia en la segunda estrofa: “Sabe Dios qué angustia te acompañó. Qué dolores viejos calló tu voz”. ¿Qué la llevó a tomar esa decisión fatal? ¿Fue la soledad, el dolor físico o la tristeza profunda? La letra no lo dice directamente, pero invita a reflexionar.
Los días previos a su muerte, Alfonsina escribió cartas para su hijo Alejandro y un poema titulado “Voy a dormir”, que se publicó en La Nación. En ese texto, fechado el 22 de octubre de 1938, se percibe un plan silencioso y un mensaje enigmático: “...si él llama nuevamente por teléfono, le dices que no insista, que he salido…”.
El 25 de octubre, en la madrugada, salió del hotel rumbo a la playa La Perla y nunca más se supo de ella hasta que encontraron su cuerpo flotando a doscientos metros de la orilla. Algunos biógrafos señalan que Alfonsina había dejado señales previas de su intención, como cartas y un comentario inquietante en Montevideo: “¿Y si uno muere, a quién le pagan el premio?”.
Félix Luna llevó ese poema a la canción, transformando el dolor y la despedida en versos que hoy son eternos: “Bájame la lámpara un poco más / Déjame que duerma nodriza, en paz / Y si llama él no le digas que estoy / Dile que Alfonsina no vuelve”. Así, la artista quedó inmortalizada en una obra que combina tristeza, belleza y misterio, un testimonio único de su último viaje hacia el mar.
