La segunda temporada de En el barro, la potente serie carcelaria argentina estrenó el 13 de febrero de 2026 en Netflix con una narrativa más cruda, violenta y estratégica que la primera, que la consolidó entre los éxitos recientes de la plataforma.
La historia retoma a Gladys “La Borges” Guerra, interpretada por Ana Garibaldi, quien regresa a la prisión de La Quebrada después de un intento fallido de mantenerse al margen del conflicto criminal. Esta vez, el penal ya no es el mismo: nuevas bandas y liderazgos imponen su poder a través de violencia y alianzas frágiles, obligando a Gladys a confrontar un entorno hostil donde cada decisión puede significar sobrevivir… o morir.
Esta temporada se centra en la creciente lucha interna por el control de los negocios clandestinos dentro de la cárcel, especialmente el lucrativo circuito de salidas para cometer robos y regresar, que antes manejaba Julián. Tras su muerte, ese vacío genera una disputa feroz entre los grupos internos. En ese contexto, Gringa Casares se erige como la figura dominante, centralizando autoridad mediante el miedo y la violencia.
Final explicado de "En el barro", segunda temporada
El final de temporada estalla con una rebelión organizada por Zurda que evidencia que el poder en la prisión es efímero y siempre frágil. La revuelta masiva provoca el asesinato de Gringa Casares y la caída de su autoridad, pero no deja una reina absoluta: el liderazgo se fragmenta, con Zurda fortalecida y Gladys consolidando influencia gracias a sus alianzas y su astucia.
Además, varios personajes quedan con destinos abiertos: tales con los casos de Nicole y Solita cuando escapan, Yael busca redención, y Piquito regresa a La Quebrada, dejando grandes interrogantes para una posible tercera temporada.
Aunque Netflix aún no confirmó oficialmente una nueva entrega, el final deja claro que quedan conflictos por resolver: el futuro de quienes escaparon, la reconfiguración del poder interno y la aparición de nuevos enemigos que podrían desafiar el precario equilibrio alcanzado.
Reflexionas al final de la temporada
-
El poder nunca es definitivo: la caída de Gringa Casares demuestra que en La Quebrada nadie reina para siempre. El liderazgo se construye sobre el miedo, pero también sobre alianzas inestables.
-
Gladys deja de reaccionar y empieza a jugar: si en la primera temporada sobrevivía adaptándose, en esta segunda entrega Gladys comprende que para proteger a su familia necesita anticiparse y mover piezas con inteligencia.
-
El caos como nuevo orden: la revuelta final trae más incertidumbre. Las fugas, los regresos inesperados y la fragmentación del liderazgo indican que la violencia no fue un cierre, sino un reinicio.
