No importa cuál sea la duración ni la profundidad que adquiera el conflicto en Medio Oriente. La actividad económica global ya recibió el cimbronazo y las previsiones respecto de la extensión de la guerra sólo sirven para conocer el grado de caída en los próximos meses. Las primeras estimaciones de bancos de inversión, consultoras internacionales e instituciones académica evidencian en sus proyecciones de crecimiento e inflación ante el aumento del precio del petróleo y las tensiones en el estrecho de Ormuz, una de las principales rutas del comercio energético mundial, que se avecina una caída del Producto global. De cuánto será ese impacto y si un menor crecimiento derivará directamente en recesión con mayor inflación –el peor de los escenarios posibles—,sólo lo responderá la duración del conflicto bélico.
El escenario que se abrió en las últimas semanas combina operaciones militares, presión diplomática y restricciones al transporte marítimo de crudo, todo atado a una muestra de poderío militar y económico por parte del presidente Donald Trump. El primer resultado, el más esperable, fue un repunte en las cotizaciones internacionales del petróleo y, el segundo, una revisión de las proyecciones macroeconómicas para los próximos meses. Uno de los análisis más recientes fue difundido por Goldman Sachs. El banco indicó que el encarecimiento de la energía derivado del conflicto podría tener efectos directos sobre la actividad económica y la inflación global.
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“Según nuestras estimaciones, el aumento de los precios del petróleo y del gas asociado al conflicto podría restar alrededor de 0,3 por ciento al crecimiento del PBI mundial durante el próximo año y elevar la inflación global entre 0,5 y 0,6 puntos porcentuales”, señalaron los economistas Joseph Briggs y Megan Peters en un informe difundido este domingo por la agencia financiera Bloomberg.
Una cruda realidad
Buena parte de los análisis se basa en la revisión de las previsiones para los precios de la energía después de la escalada militar y las tensiones en el estrecho de Ormuz. Ese corredor marítimo conecta el Golfo Pérsico con el Mar Arábigo y, luego, el Océano Índico, y concentra una parte significativa del comercio global de petróleo. A partir de ese escenario, Goldman Sachs ajustó sus estimaciones para la economía mundial. El banco prevé ahora que el crecimiento global alcance el 2,6 por ciento, por debajo del 2,9 por ciento que proyectaba antes del inicio del conflicto.
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En paralelo, el banco estadounidense revisó al alza su previsión de inflación mundial, que podría ubicarse en torno al 2,9 por ciento, frente al 2,3 por ciento estimado anteriormente. En el frente energético, el departamento de materias primas del banco elevó también su proyección para el petróleo Brent. Según sus estimaciones, el crudo podría promediar cerca de 98 dólares por barril entre marzo y abril, un valor aproximadamente 40 por ciento superior al promedio registrado durante 2025.
El informe contempla escenarios de mayor tensión geopolítica. En caso de interrupciones prolongadas en el suministro a través del estrecho de Ormuz, el precio del petróleo podría escalar hasta niveles cercanos a 110 dólares o incluso alcanzar los 145 dólares por barril. El principal canal de transmisión que revelan los analistas hacia la economía global sería el aumento de los costos energéticos. El encarecimiento del petróleo suele trasladarse al conjunto de los precios a través del transporte, la producción industrial y los servicios.
En ese contexto, el banco también señaló que las expectativas de inflación comenzaron a reflejarse en los mercados financieros. “Las expectativas inflacionarias ya comenzaron a aumentar en varios mercados y eso se refleja en un repunte de las previsiones de tasas de interés hacia finales de 2026 en economías avanzadas”, indicó el informe.
Las tensiones geopolíticas que explican el salto del petróleo tienen como epicentro el estrecho de Ormuz. La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán se intensificó a fines de febrero con una ofensiva conjunta contra objetivos iraníes. Desde entonces se registraron bombardeos en distintas zonas de Irán y ataques de represalia contra instalaciones vinculadas a aliados de Estados Unidos en la región.
Un diálogo estrecho
La administración de Donald Trump comenzó a presionar para asegurar la reapertura del tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz. Washington busca reunir una coalición internacional que garantice la navegación en ese paso estratégico. El estrecho concentra aproximadamente una quinta parte del petróleo que se consume en el mundo. Cualquier interrupción en ese corredor impacta de forma inmediata en los mercados energéticos. Irán restringió el paso de embarcaciones vinculadas a Estados Unidos y a algunos de sus aliados, lo que provocó una reducción del tráfico marítimo y la acumulación de buques petroleros en las inmediaciones del estrecho. El aumento del precio del petróleo derivado de esa situación comenzó a encender alertas entre las consultoras económicas.
Un informe de Oxford Economics advirtió que el mercado energético podría convertirse en un factor determinante para la evolución de la economía mundial. “El punto crítico aparece si el petróleo se ubica cerca de los 140 dólares por barril durante al menos dos meses. En ese escenario, el aumento de los costos energéticos y la inflación podría empujar a partes de la economía mundial hacia una recesión leve”, señaló la consultora en su análisis. Según sus simulaciones, un shock energético de esa magnitud podría elevar la inflación global a un promedio cercano al 5,1 por ciento durante el año, con picos que se acercarían al 5,8 por ciento.
El informe también planteó que el impacto sobre la actividad económica podría traducirse en una caída del producto bruto global cercana al 0,7 por ciento hacia fines de 2026. El encarecimiento de la energía suele afectar el consumo y la inversión. Cuando aumentan los costos de transporte y producción, los precios finales suben y el gasto de los hogares se ajusta. A la vez, las empresas tienden a postergar decisiones de inversión en contextos de volatilidad energética y de incertidumbre geopolítica.
El. JP Morgan, cuna de buena parte de los funcionarios que integran la administración Milei alineada a la escalada mesiánica de Trump, estimó que el conflicto podría generar un shock inflacionario adicional de entre 1 y 1,5 por ciento en Estados Unidos si los precios del petróleo se mantienen elevados. El banco también mantuvo una probabilidad de recesión global cercana al 35 por ciento para este año, asociada a lo que sus analistas definieron como una “inflación persistente” en el contexto de tensiones energéticas.
El shock financiero
Morgan Stanley, por su parte, centró su análisis en la duración de las disrupciones logísticas en el estrecho de Ormuz. Según su escenario base, si la interrupción del tránsito marítimo se extiende entre cuatro y cinco semanas, el precio del petróleo podría estabilizarse en un rango de entre 75 y 80 dólares. Sin embargo, si las restricciones se prolongan más allá de ese período, el banco proyecta que el crudo podría escalar hacia niveles de entre 120 y 130 dólares por barril.
El informe de Morgan Stanley también advirtió que un shock energético de esa magnitud podría alterar la dinámica de los mercados financieros. “En un escenario de inflación impulsada por energía, tanto las acciones como los bonos podrían registrar caídas simultáneas”, señalaron los analistas del banco.
Desde el HSBC se aventuraron a plantear un escenario condicionado por la evolución del conflicto. “Si los ataques permanecen limitados, los mercados podrían absorber el shock y el Brent mantenerse cerca de los niveles previos al conflicto”, indicó la entidad. El banco advirtió que un conflicto regional extendido podría llevar el petróleo por encima de los 100 dólares por barril, con un impacto particular sobre las economías importadoras de energía en Europa y Asia.
Los informes coincidieron en que el principal factor de riesgo para la economía global es la duración del conflicto y el grado de interrupción en el comercio energético, aunque esa sea la pregunta más difícil -o imposible- de responder. Mientras la guerra continúa y las tensiones diplomáticas se mantienen, el estrecho de Ormuz aparece como el punto donde convergen la disputa militar, el transporte global de energía y las expectativas económicas de los mercados internacionales.
