El FMI confirmó, una vez más, que el acuerdo con la Argentina de Milei es fundamentalmente político. Como se explicó aquí hace una semana, el plan económico de la dupla Milei-Caputo no cumplió algunas metas importantes comprometidas con el staff técnico del organismo y, pese a ello, la segunda revisión del acuerdo fue aprobada, aunque con una demora de poco más de dos meses.
También se había anticipado que la aprobación técnica terminaría llegando por la presión política ejercida por Estados Unidos sobre la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, quien luego la trasladó al staff para que hiciera la vista gorda frente a los incumplimientos y, en especial, a la fragilidad del plan económico de Milei.
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El comunicado de prensa del Fondo, difundido oportunamente en los primeros días de la Asamblea de primavera del FMI y el Banco Mundial, precisa que la luz verde a la segunda revisión “abre la posibilidad de acceder a unos 1000 millones de dólares”. Esto implica que todavía falta la aprobación del Directorio Ejecutivo, un paso que se descuenta. Aun así, es probable que los directores europeos, en especial los de Alemania y Holanda, y el de Japón expresen críticas sobre el plan liberal-libertario, como suele ocurrir cada vez que históricamente se ha discutido el caso argentino.
El comportamiento de la tecnoburocracia del FMI resulta cuestionable si se lo compara con sus inflexibilidades pasadas. Ahora deja pasar las inconsistencias macro del plan Milei-Caputo, afloja las exigencias de acumulación de reservas y de superávit fiscal, e ignora la escandalosa intervención del Gobierno en el Indec al postergar la publicación del IPC actualizado con la canasta de consumo de 2017/2018.
El párrafo final del comunicado dice lo importante
Después de una serie de elogios exagerados a la marcha del plan económico, el último párrafo del comunicado contiene lo sustancial: "El personal del FMI celebra la sólida y constructiva colaboración con las autoridades y su continuo compromiso con el programa, incluso mediante la implementación de medidas correctivas para subsanar los contratiempos anteriores. Una vez concluidas las medidas pendientes, el informe se presentará al Directorio Ejecutivo del FMI para su consideración".
De este final surgen dos cuestiones clave:
- Todavía falta la evaluación del Directorio y, hasta entonces, no se liberarán los 1000 millones de dólares.
- Para conseguir esta aprobación, el ministro de Economía, Luis Caputo, deberá implementar “las medidas pendientes”, que no fueron precisadas ni por el Fondo ni por el Gobierno.
Como ya se explicó, el Directorio aprobará la revisión por la exigencia de los Estados Unidos de Trump. Pero lo más relevante se conocerá cuando salgan a la luz esas medidas pendientes. Los últimos tres antecedentes de negociación con el FMI terminaron con ajustes del tipo de cambio oficial y cambios en el régimen cambiario.
Caputo pasa la gorra por Washington
Sin acceso al mercado voluntario de crédito internacional, el experimento liberal-libertario depende del desembolso de 1000 millones de dólares del Fondo para evitar una corrida de los inversores en activos argentinos. Es un monto de escasa relevancia en el marco global de las finanzas para una economía de desarrollo intermedio, pero suficiente para exhibir la extrema fragilidad de la economía de Milei.
Esto también quedó en evidencia con el recorrido de Caputo por otras ventanillas de organismos multilaterales de crédito, como el Banco Mundial, la CAF y el Banco Interamericano de Desarrollo, en busca de recursos que sirvan como garantía para emitir deuda en el mercado internacional.
Milei no tiene hoy los dólares para afrontar el vencimiento de capital e intereses de la deuda, por unos 4300 millones de dólares, y sale a mendigar respaldo de otros organismos, también dominados políticamente por los Estados Unidos. Es probable que consiga esos fondos, del mismo modo que obtendrá el visto bueno del Directorio del FMI para liberar esos 1000 millones de dólares.
Caputo engaña al afirmar que la nueva emisión de deuda no implica más endeudamiento porque se usaría para refinanciar vencimientos. En realidad, lo hace a una tasa más elevada que la de los bonos que está cancelando. De ese modo, debilita las cuentas futuras y empuja a la economía a una situación todavía más delicada en materia de sustentabilidad de la deuda pública.
Esta necesidad de mendigar montos que parecen marginales para una economía como la argentina no es un hecho aislado. Es el síntoma de una asfixia financiera sistémica. La extrema fragilidad que exhibe Caputo es la consecuencia inevitable de cargar con una deuda con el FMI que, al representar el 1.311% de la cuota, ha bloqueado cualquier capacidad de convocar a inversores internacionales porque éstos saben que han quedado detrás del Fondo en la cola para cobrar.
La peor herencia
Cuando termine este ciclo político —parece más temprano que tarde—, el desquicio de la deuda dejará una mochila pesadísima para el sucesor de Milei en la Casa Rosada. Según cómo se logre aliviar esta carga, puede llegar a limitar el despliegue de una próxima gestión de gobierno consistente.
Una de las piedras más pesadas será el inmenso pasivo acumulado con el Fondo Monetario Internacional, que viene acompañado de insoportables condicionalidades para cualquier política económica que busque ingresar en un sendero de crecimiento sustentable. La prueba es innegable: un año del acuerdo con el FMI y la economía de Milei está peor.
Un grupo de economistas peronistas de distintos orígenes, reunidos en el ámbito de la Escuela Justicialista Néstor Kirchner, planteó un escenario base para abordar esta cuestión crucial. Ese trabajo quedó plasmado en el documento “Aporte a la discusión sobre la problemática del endeudamiento con el FMI”.
Uno de los aportes más interesantes frente a una trampa que parece difícil de eludir es la propuesta de que “Argentina solo pague la deuda con el FMI que le corresponde según su cuota de participación en el organismo”.
Es un punto de partida desafiante, que en El Destape lo adelantamos a fines de julio de 2025, y que se apoya en una definición indiscutible: “A un préstamo político, una solución política”.
Se refiere al crédito insólito del Fondo a la Argentina, concedido debido a los vínculos políticos primero de Mauricio Macri y luego de Javier Milei con Donald Trump.
Los números de terror
Tras el doble endeudamiento con el FMI de los gobiernos de Macri y Milei, la economía argentina acumula una deuda equivalente al 1.311% de su cuota, muy por encima de los límites ordinarios del organismo. Según el propio Fondo, el acceso al crédito normal de un país es de hasta el 145% de su cuota por año, de modo que en cuatro años (plazo del programa de Facilidades Extendidas) puede llegar al 435%, unos 19.400 millones de dólares.
Sin embargo, la deuda total con el organismo ya roza los 57.000 millones de dólares y todavía podría trepar a unos 62.000 millones. Así, Argentina se convirtió en la principal deudora del FMI a nivel global: representa el 41% de la cartera crediticia total, según el último registro del Weekly Report on IMF Finances del 3 de abril de 2026.
Según el estatuto del Fondo, Argentina debería poder acceder a unos 19.400 millones de dólares acumulados, de acuerdo con su cuota de acceso excepcional. Sin embargo, esos 57.000 millones de dólares triplican la cuota máxima asignada a Argentina. Estos 37.000 de hoy, que pueden llegar como máximo a 42.000 millones de dólares, de deuda con el FMI que superan su acceso normal conforman un “excedente político”.
Cómo califica el FMI la deuda argentina
Según la política de acceso excepcional del Fondo, establecida en 2002 y actualizada en años posteriores, los países que solicitan préstamos por encima de los límites normales —435% de la cuota acumulada— deben cumplir cuatro criterios estrictos:
- Alta probabilidad de repago.
- Sostenibilidad de la deuda en el mediano plazo.
- Acceso al mercado o perspectivas realistas de acceso.
- Capacidad para implementar un programa sólido de políticas económicas.
En el caso argentino, primero con Macri y ahora con Milei, el organismo no respetó esos parámetros. De hecho, cuando otorgó el préstamo a Milei, el propio Fondo calificó la deuda argentina como “sustentable, pero con baja probabilidad”. Otro de los supuestos era que el país recuperaría el acceso al financiamiento internacional.
Esta es una de las metas que Caputo no cumplió y, por eso, ahora busca dólares de otros organismos multilaterales para usarlos como garantía para la emisión de deuda.
La responsabilidad del Fondo
La Independent Evaluation Office (IEO) del Fondo elaboró el informe The IMF’s Exceptional Access Policy: Evaluation Report, que advierte que “los préstamos excesivos sin un programa creíble y sostenible comprometen la reputación del FMI y pueden ser considerados como una forma de corresponsabilidad en la generación de crisis posteriores”.
Este reconocimiento institucional habilita la posibilidad de reestructurar la porción de la deuda contraída por encima de la cuota, sobre todo si se demuestra que tanto el Fondo como Argentina violaron sus propios procedimientos y criterios para entregar y recibir la deuda, respectivamente.
La responsabilidad compartida entre prestatario y prestamista, principio reconocido en el derecho internacional financiero, permite exigir la revisión de acuerdos otorgados sin cumplir estándares mínimos de gobernanza técnica y sin considerar la capacidad de repago del país.
Argentina debería realizar un reconocimiento de la obligación de pago solo hasta el 435% de su cuota, aproximadamente 19.400 millones de dólares; suspender los pagos sobre los tramos excedentes y avanzar en una solicitud formal de revisión al FMI.
El Club de París, un atajo
Si el propio FMI admite institucionalmente que prestar sin programas creíbles compromete su reputación y lo vuelve corresponsable de la crisis, la salida no puede ser meramente técnica. Dado que esos 37.000/42.000 millones de dólares conforman un excedente político que triplica los límites estatutarios, la solución debe buscarse en un ámbito de mayor flexibilidad política.
En ese marco, la propuesta de incorporar al Club de París cobra una relevancia estratégica. La presentó el economista argentino Daniel Kostzer, actual economista jefe de la Confederación Sindical Internacional.
Kostzer plantea que el Club de París puede ser un espacio para discutir la reestructuración de la deuda contraída por encima de los límites estatutarios del FMI. Este organismo, que agrupa a los principales acreedores públicos, ha servido históricamente para encauzar reestructuraciones de deuda soberana con criterios de corresponsabilidad y gradualismo, y puede jugar un papel clave en un rediseño del marco de pagos.
El Club de París, según la descripción de su página web, es “…un grupo informal de prestamistas oficiales cuyo rol es encontrar coordinadamente y de manera sustentable soluciones para las dificultades de pago experimentadas por los países deudores”, y agrega que “…provee un tratamiento de deuda a los países deudores en la forma de reprogramación, que es alivio de deuda a partir de posponer, o en el caso de las reprogramaciones concesionales, reducción de los servicios de deuda durante un periodo definido (tratamiento de flujo) o como ´set date´ (tratamiento de stock)” .
Los países que integran el Club de París son los más poderosos. Sus 22 miembros permanentes concentran el 62,85% del paquete accionario del Fondo Monetario Internacional y las sillas que ocupan en el Directorio, varios de ellos como titulares, alcanzan el 70% de la capacidad de voz y voto en el directorio de la organización.
Para cambiar las condiciones de negociación, el FMI requiere mayorías especiales en la Asamblea de Gobernadores. El Directorio no puede hacerlo por sí solo, aunque ya se han observado excepciones cuando las órdenes llegan desde la Casa Blanca.
En el Club de París no hay restricciones en términos de plazos. Allí se puede reestructurar la deuda, reprogramar los pagos y conseguir condiciones claramente tan políticas como las que llevaron a promover y aprobar el préstamo del FMI.
Kostzer plantea como hipótesis una negociación para extender el plazo de pago del "excedente político" de la deuda con el FMI más allá de 10 años —límite máximo de los acuerdos con el Fondo—, hasta un lapso de 20 a 30 años, y obtener una tasa de interés igual o más baja, porque se eliminarían los sobrecargos que aplica hoy el Fondo (esos intereses punitorios extra que cobra por exceder los límites de la cuota).
En los papeles técnicos parece un atajo para una deuda impagable con el FMI, pero exige una tarea diplomática muy intensa para seducir a las potencias que dominan el directorio del organismo.
Más allá de las viabilidades técnicas, el mensaje es político: cualquier candidato a Presidente con aspiraciones de gobernabilidad deberá admitir que el esquema actual es un cerrojo al desarrollo y que reconocer solo la deuda con el Fondo hasta el 435% de la cuota es el piso indispensable de una negociación soberana necesaria.
