Galperin, el peor rostro de la élite argentina

La burla de Marcos Galperin a una jubilada que no llega a comprar alimentos y medicamentos sirve como disparador para analizar la calidad de las élites argentinas, ubicadas entre las peores en un ranking mundial. Detrás del discurso del mérito aparece un empresario poderoso que recibe beneficios públicos, pero desprecia a los vulnerables.  

10 de mayo, 2026 | 00.05

El segundo hombre más rico de la Argentina, Marcos Galperin, se burló de la angustia de una jubilada a la que no le alcanza el dinero para comprar alimentos y medicamentos. A la crueldad le sumó luego ignorancia sobre cómo está organizado el esquema de financiamiento del sistema previsional argentino. Galperin ya recibió suficientes reacciones a ambos posteos publicados en su cuenta de la red social X.

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Los lectores pueden deducir el tono de la mayoría de ellas, pero esta intervención pública desinhibida del fundador de la exitosa empresa Mercado Libre resulta una extraordinaria oportunidad para abordar un tema que, en general, es eludido al momento de analizar la debilidad del desarrollo argentino: la calidad de las élites argentinas.

Empecemos con el contexto histórico. Durante muchas décadas, el faro que orientaba a las élites argentinas fue Inglaterra. En el proceso de su decadencia, la mirada continuó dirigida a Europa, pero la presencia de Estados Unidos empezó a ocupar una centralidad cada vez mayor.

Así fueron forjando su propia identidad, señalando experiencias de otros países como modelos exitosos en contraposición al fracaso nacional. Un fracaso del que no se consideran responsables.

Esa idealización de procesos de otros países que, con mínima rigurosidad analítica, se sabe que son complejos y contradictorios, refleja la incapacidad del establishment local de constituirse en un factor dinámico del desarrollo nacional.

Es una de las carencias que siempre ha indicado el economista Aldo Ferrer, que resumió en el concepto “densidad nacional”. Este consiste, entre otras cuestiones, en “la integración de la sociedad, liderazgos con estrategias de acumulación de poder fundado en el dominio y la movilización de los recursos disponibles dentro del espacio nacional”.

Para una parte de las élites argentinas, la jubilada que no llega a comprar alimentos y medicamentos aparece como un costo que molesta en la contabilidad del ajuste.

Los rasgos dominantes de las élites argentinas

Este tipo de comportamiento de las élites, que a lo largo de la historia han combatido cada intento de emprender un camino de desarrollo nacional con cierta autonomía, explica gran parte de la debilidad de la economía argentina.

En el libro Los senderos perdidos del desarrollo. Elite económica y restricciones al desarrollo en la Argentina, Hugo Notcheff la describe como “el conjunto de empresarios individuales o de organizaciones empresarias de mayor peso económico y político, que moldean el sendero del resto de los agentes económicos”.

Notcheff afirma que la élite económica argentina mantiene dos rasgos bien definidos:

  • La sistemática búsqueda de cuasirrentas de privilegio.
  • La adaptación a las ventajas generadas en el contexto externo.

Estas características estructurales de las élites se van modificando como resultado del marco generado por la intervención económica estatal. Este proceso va diseñando proyectos diferentes que expresan los intereses de las distintas fracciones existentes al interior del bloque de poder económico. Hoy se está expresando esa tensión al interior del denominado círculo rojo, con un final aún en disputa.

El desprecio como método

La brutalidad de Galperin condensa una forma de mirar la sociedad por parte de las élites argentinas. La jubilada que no llega a comprar alimentos y medicamentos aparece como un costo que molesta el proceso del ajuste. No aparece como una persona que trabajó, crió sus hijos, consumió, pagó impuestos y administró el hogar familiar.

Esta es una diferencia sustancial entre una élite con densidad nacional y una élite depredadora. La primera puede defender sus intereses, incluso disputar con el Estado, pero entiende que su propio éxito depende de una sociedad integrada y de la estabilidad institucional. 

La segunda atribuye su fortuna únicamente al talento individual y transforma cualquier demanda social en una amenaza.

Galperin es presentado como el ejemplo del capitalismo argentino moderno. Mercado Libre es una empresa exitosa, regional, tecnológica, con capacidad de innovación y expansión. El problema aparece cuando uno de los empresarios más ricos del país, convierte su éxito empresarial en superioridad moral y, desde ese lugar, se permite ridiculizar a una jubilada que no llega a fin de mes.

El discurso anti-Estado de Galperin convive con una historia de beneficios, regulaciones y condiciones públicas que hicieron posible la expansión de Mercado Libre.

Mercado Libre de Galperin recibe beneficios del Estado

El discurso anti-Estado de Galperin convive con una historia de beneficios, regulaciones y condiciones públicas que hicieron posible la expansión de su propio negocio. Su plataforma digital creció con un sector público que organizó el marco legal para facilitar la acumulación inicial. 

Por eso, la intervención de Galperin sobre la cuestión previsional, en la que exhibió ignorancia, apunta a instalar la idea de que los jubilados son un gasto y no sujetos de derechos.

Esta crueldad es funcional al experimento liberal-libertario de Milei. La élite argentina tiene tradición en ese comportamiento. Reclama seguridad jurídica para sus activos, pero desprecia la seguridad económica de la mayoría. Habla de mérito, pero se incomoda cuando se revisan los privilegios que acompañaron su acumulación.

Así se conectan el tuit de Galperin y el problema del desarrollo argentino. Cuando el poder económico piensa el país como una plataforma de extracción y no como un país a desarrollar, el resultado es concentración de riquezas, fuga de capitales y atraso productivo.

Con Milei, las élites son peores

Ahora conviene comparar la calidad de las élites argentinas con la de otros países. Un insumo relevante para esta tarea es el Índice de Calidad de las Élites, elaborado por la Universidad de Saint Gallen, de Suiza. Es un estudio sistemático sobre cómo las élites mundiales crean o destruyen valor en la sociedad.

La definición de élites parte de sus modelos de negocio. Es decir, aquellos modelos que generan los mayores ingresos en la economía y movilizan capital humano, financiero y de conocimiento para proporcionar la capacidad de coordinación para liberar el potencial de desarrollo de una economía.

La de Argentina está ubicada entre las peores: las élites extraen más valor del que generan, operan con una mentalidad cortoplacista y, lejos de impulsar una agenda de desarrollo inclusiva y competitiva, terminan reforzando dinámicas de estancamiento, fuga de capitales y regresión institucional.

El Índice se basa en un conjunto de datos que analiza 151 países utilizando 149 indicadores. Evalúa dimensiones conceptuales como poder, valor político, poder económico y valor económico, para determinar en qué medida los modelos de negocio de la élite crean o extraen valor.

Las élites de alta calidad se caracterizan por modelos de negocio sostenibles centrados en la creación de valor, lo que significa que generan más valor para la sociedad del que capturan. Por el contrario, las élites de baja calidad recurren a modelos de extracción de valor que se basan en la búsqueda de rentas y las transferencias de valor, lo que aumenta tanto el riesgo político como el económico.

Singapur se ubica en el tope, seguido por Estados Unidos, mientras que Suiza ocupa el tercer lugar. Con Milei, la élite argentina ha retrocedido según estos parámetros: está en el puesto 86, según el reporte de 2025, después de haber caído desde el puesto 70 del año anterior.

En América Latina, Argentina queda por detrás de Chile (32°), Uruguay (47°), México (64°), Perú (67°), Brasil (72°) y Colombia (76°).

Con Milei, la élite argentina ha retrocedido en el ranking mundial: está en el puesto 86, según el reporte de 2025, después de haber caído desde el puesto 70 del año anterior.

La ausencia de una burguesía nacional

El retroceso de 16 lugares en el ranking en la primera mitad del mandato de Milei refleja que las élites argentinas están enfocadas en la captura de rentas, lo que impide reformas sostenibles. El informe destaca debilidades estructurales, como un sistema tributario regresivo, alta concentración económica e incremento en la desigualdad.

Pablo San Martín, tributarista y estudioso de las élites, vinculado a la investigación de la Universidad de Saint Gallen, afirmó en una entrevista a La Nación, a fines del año pasado, que la élite argentina “es profundamente depredadora. Su principal característica es que pone el foco en el flujo de efectivo inmediato y no en el valor patrimonial de sus activos a largo plazo”.

Comprender la calidad de nuestras élites es fundamental para entender por qué Argentina no logra desarrollar todo su potencial. Como si estuviera describiendo hoy a Galperin, San Martín afirmó que “a la élite argentina le falta reflexión, abandonar la pereza intelectual”.

La burla de Galperin a una jubilada no fue un accidente discursivo. Fue una confesión. Mostró, sin filtros, la distancia entre una parte de la élite argentina y la sociedad que dice querer modernizar. Explica por qué la Argentina tiene empresarios ricos, pero no una burguesía nacional comprometida con el desarrollo. 

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Alfredo Zaiat

Alfredo Zaiat es economista y periodista. A principios de 1983 ingresó en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, y se recibió de licenciado en economía. En los últimos dos años de su carrera (1987 y 1988) se volcó al periodismo. Simultáneamente hizo la carrera de investigación y obtuvo una beca para estudiantes relacionada con la integración entre Argentina y Brasil.

A fines de junio de 1987 ingresó a trabajar en el diario Página/12 donde ejerció como redactor, jefe de la sección «Economía» y director del suplemento económico «Cash».

En 2017 recibió el Premio Konex - Diploma al Mérito en la categoría Comunicación - Periodismo, por su trayectoria como periodista económico.