La reconversión productiva es una falacia de la narrativa mileista. Las empresas que cierran y el empleo que se destruye no se recupera ni se absorbe por los sectores exportadores. La crisis industrial se extiende a todo el país, pero con una particular incidencia sobre el territorio bonaerense. De los 104.000 puestos industriales destruidos en todo el país, dos de cada tres corresponden a la provincia de Buenos Aires. El Grupo Atenas, que responde a los equipos técnicos de Silvina Batakis, construyó un mapa con cada localidad de la provincia que sufrió la destrucción de su entramado productivo.
“El conurbano aparece devastado. Milei y Caputo vienen defendiendo algo que no ocurre. Ni por asomo la reconversión hacia sectores exportadores compensa la pérdida de empleo que produce la industria”, puede leerse en el documento “El desarme industrial en la era de la glaciación productiva: no hay empleo”, con las firmas de Martín Pollera y Mariano Macchioli.
Caída del PBI industrial
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La crisis en la industria no se detiene. En enero de este año, la utilización de la capacidad instalada se ubicó en 53,6%, nivel inferior al del mismo mes de 2025, que fue de 55%. La caída fue del 3,2% interanual. La destrucción sistemática de puestos de trabajo en el sector productivo se convirtió en un rasgo distintivo de la gestión económica del gobierno de Javier Milei.
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Entre noviembre de 2023 y diciembre de 2025 se destruyeron más de 290.000 puestos de trabajo en todo el país, de los cuales 104.000 correspondieron a los sectores industriales. Un estudio reciente del CEHEAL (2026), publicado por la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, documentó la caída del peso del PBI industrial en la economía argentina, que pasó de representar el 16,5% de la economía en 2023 al 13,7% al cierre del año pasado.
“La industria muestra la peor performance entre todos los sectores de actividad, con una caída estructural que supera lo meramente coyuntural. El colapso responde a causas sistémicas vinculadas con el esquema macroeconómico. El gobierno priorizó la desinflación a corto plazo mediante una combinación de políticas contractivas simultáneas. Una consolidación presupuestaria basada en el recorte del gasto público para limitar la emisión monetaria. Una política monetaria restrictiva que encarece el crédito productivo. Y la apertura irrestricta de las importaciones junto con un tipo de cambio atrasado que se utiliza como ancla nominal de precios”, puede leerse en el documento de Pollera y Macchioli.
Dos de cada tres
El empleo industrial funciona como un nodo central dentro de la estructura productiva, generando efectos de derrame sobre múltiples sectores (insumos agrícolas-energéticos, logística y comercio; servicios profesionales; construcción y mantenimiento). Con solo mirar la pérdida de empleo directo cualquier análisis se queda corto. Por eso la relevancia de pensar en toda la dimensión del entramado productivo.
Las pérdidas más significativas se concentraron en textiles, confecciones y calzado (21.791 empleos directos; más de 30.000 incluyendo indirectos), seguidos por metales y productos de metal, madera, celulosa y papel, y automotores y autopartes. El único subsector con expansión fue alimentos, bebidas y tabaco, aunque insuficiente para compensar el resto.
El sector industrial perdió 104.000 puestos, de los cuales 73.000 fueron directos y 31.000 indirectos. La provincia de Buenos Aires concentró el mayor impacto territorial con dos de cada tres puestos industriales destruidos. Para dimensionar el impacto territorial, el Grupo Atenas incluyó en su informe un mapa de la provincia en donde aparecen en rojo los municipios con mayor proporción de destrucción de empleo. Tierra arrasada para el conurbano industrial.
El gobierno de Javier Milei sostiene que el empleo industrial perdido será absorbido por los sectores extractivos. Los datos muestran que esta recomposición no se está produciendo. Mientras se destruyeron 104.000 puestos entre directos e indirectos en el sector industrial, apenas se generaron 10.000 en el sector agroexportador; claramente insuficientes frente a tamaña destrucción del entramado productivo. Y la minería registró una caída de 322 empleos. “No hay absorción del desempleo industrial”, concluyó el documento.
Una decisión estructural del mileismo
Lo que se destruye tarda años en recuperarse. “La evidencia presentada muestra que la dinámica reciente del empleo industrial en Argentina no es un fenómeno coyuntural aislado, sino la expresión de un proceso más amplio de desarme del entramado productivo”, explicaron desde el Grupo Atenas.
“Buena parte del empleo perdido se reasigna en el sector informal, generando presión a la baja en los salarios no formales. El esquema macroeconómico que debilita la producción. Ajuste fiscal, tasas reales elevadas, apertura con atraso cambiario y tarifazos energéticos configuran un esquema que destruye competitividad de manera permanente”, concluyeron Pollera y Macchioli.
