La decisión de Donald Trump de reducir la presencia militar estadounidense en Europa sacudió a los aliados de la OTAN y aceleró un giro estratégico. En una cumbre clave celebrada en Ereván, líderes europeos y Canadá coincidieron en la necesidad de fortalecer la autonomía en defensa, en medio de crecientes tensiones internacionales y desacuerdos con Washington.
El anuncio del Pentágono sobre la retirada de miles de soldados de Alemania tomó por sorpresa a varios gobiernos europeos. Aunque inicialmente se habló de unos 5.000 efectivos, el propio Trump deslizó que el recorte podría ser mayor e incluso extenderse a otros países como Italia y España. La medida se interpreta como una señal de presión en medio de desacuerdos por el nivel de compromiso europeo en conflictos recientes, especialmente en Medio Oriente.
Desde la cumbre de la Comunidad Política Europea, el primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, planteó que el cambio debe leerse como una oportunidad para que Europa asuma mayor responsabilidad en su seguridad, aunque remarcó la importancia de mantener la coordinación dentro de la OTAN. La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, reconoció que la decisión generó sorpresa, pero subrayó que el debate sobre reducir la dependencia militar de Estados Unidos no es nuevo. En esa línea, insistió en la necesidad de consolidar un pilar europeo más sólido dentro de la alianza. Una postura similar expresó el primer ministro británico, Keir Starmer, quien advirtió sobre el aumento de tensiones entre aliados y la urgencia de fortalecer la cohesión interna.
Por su parte, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, admitió que existe malestar en Washington, pero aseguró que Europa está tomando nota y avanzando en compromisos para sostener la cooperación militar.
Detrás del movimiento de Washington aparece el conflicto con Irán como factor central. Estados Unidos cuestiona la reticencia de varios países europeos a involucrarse en operaciones militares o a facilitar infraestructura clave. España, por ejemplo, se negó a habilitar su espacio aéreo para acciones contra Teherán, una postura que generó críticas directas de Trump.
Europa y Canadá consolidan un frente común
En este escenario, la cumbre en Armenia funcionó como un punto de encuentro para redefinir estrategias. La presencia del primer ministro canadiense, Mark Carney, marcó un gesto político relevante. Carney alertó sobre un cambio en el orden global hacia dinámicas más duras y menos cooperativas, y defendió la necesidad de que las "potencias medias" trabajen de forma conjunta. Su mensaje fue claro: el futuro del sistema internacional podría reconstruirse con Europa como eje central.
Mientras tanto, el frente comercial suma presión al vínculo transatlántico. Trump amenazó con imponer aranceles de hasta el 25% a vehículos europeos, una medida que impactaría especialmente en la industria alemana. A pesar de esto, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, evitó escalar el conflicto y destacó los avances del bloque en acuerdos comerciales con otros socios globales.
