La muerte de bebés por hipotermia en la Franja de Gaza hizo que los médicos que trabajan en el devastado territorio palestino acuñaran un nuevo término para describir la crisis sanitaria: "Síndrome de la carpa mojada". En total, 10 recién nacidos que vivían en precarias tiendas de campaña fallecieron desde que comenzó el invierno, según informaron las autoridades locales y la ONG Save The Children.
Casi todos los residentes de Gaza se encuentran actualmente desplazados, con 1,5 millones de personas —tres cuartas partes de la población— viviendo en carpas o estructuras temporales. La mayoría de los campamentos están expuestos a inundaciones; solo el mes pasado, más de 30.000 carpas fueron destruidas o gravemente dañadas debido a las tormentas, dejando a cerca de un cuarto de millón de personas sin refugio.
Durante una entrevista a principios de este mes, el doctor Abdul Raouf Al-Manama, profesor de microbiología en la Universidad Islámica de Gaza, utilizó por primera vez el término. El experto explicó que se trata de una afección, más que de una enfermedad específica, causada por las duras condiciones de vida, como el frío extremo, la humedad y la mala ventilación, características de la vida en tiendas de campaña.
Las personas que escaparon de sus hogares, que quedaron reducidos a escombros por los bombardeos de Israel, están expuestas a múltiples riesgos para la salud. Principalmente, son vulnerables a enfermedades respiratorias, como infecciones recurrentes de las vías respiratorias, bronquitis, neumonía y casos de asma que empeoran. Además, la humedad y la falta de condiciones sanitarias en las tiendas, junto con el acceso limitado a duchas, ropa seca y lavado de manos, también suelen provocar enfermedades de la piel, como infecciones fúngicas, impétigo (una infección bacteriana), erupciones cutáneas y picazón.
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Esta serie de riesgos se ve agravada por la inmunodeficiencia asociada al frío extremo y la desnutrición crónica, que aumenta la susceptibilidad a las infecciones y dificulta la recuperación. Estas afecciones también tienen efectos psicológicos, como la privación del sueño, la ansiedad grave y la depresión.
Pese a que desde octubre rige el alto al fuego en Gaza, Israel sigue impidiendo el ingreso de casas rodantes, viviendas temporales y materiales de construcción, clasificándolos como artículos de "doble uso" que, según afirma, podrían ser utilizados con fines militares por Hamás. Y aunque el ejército israelí afirma haber facilitado la entrada de "casi 380.000 tiendas de campaña familiares, lonas impermeables y materiales para refugios", las organizaciones de ayuda humanitaria afirman que se trata principalmente de lonas impermeables, y que solo entraron poco más de 90.000 tiendas de campaña, una cifra muy inferior a la necesaria para satisfacer las apremiantes necesidades de la población de Gaza tras más de dos años de genocidio.
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Los antecedentes del "síndrome de la tienda mojada"
Si bien no hay registros previos del "síndrome de la tienda mojada" en la literatura médica, las enfermedades asociadas con las personas desplazadas que viven en tiendas de campaña en condiciones insalubres son comunes en zonas de desastre y guerra. En los últimos años, se identificó este fenómeno en Afganistán, Yemen y Siria.
Además, desde hace muchos años, el consenso médico indica que la humedad favorece la proliferación de moho y bacterias, lo que a su vez aumenta el riesgo de infecciones respiratorias, asma, alergias y, con el tiempo, enfermedades pulmonares crónicas graves. La Organización Mundial de la Salud y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. publicaron directrices en 2009 y 2015 que reconocen estos riesgos para evitar condiciones de humedad inadecuadas en lugares de trabajo y residencias.
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El bloqueo de Israel provocó escasez de oxígeno y elementos básicos
La ola de gripe A que azotó Israel en noviembre y diciembre también se extendió recientemente a Gaza. Los principales hospitales —Al-Shifa en el norte y Nasser en el sur— reportaron un aumento significativo de la ocupación y la morbilidad como resultado, así como complicaciones de la gripe como bronquitis, ataques de asma y neumonía.
"Como pediatra que trabaja en un gran hospital público en el centro de Israel, no puedo recordar ninguna morbilidad por gripe tan grave como la que he visto en las últimas semanas desde la pandemia de gripe porcina en 2009. Y cada vez que transfería a un niño con una complicación de la gripe (como una neumonía extensa o un ataque de asma grave) de una sala pediátrica a cuidados intensivos, pensaba en lo mortal que sería un brote de gripe similar en Gaza", sostuvo el pediatra israelí Michal Feldon en un artículo publicado en +972.
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A principios de mes, Ezz Al-Din Shahab, médico de familia del norte de la Franja, le informó que, tras una larga espera, habían llegado a Gaza los espaciadores (pequeños dispositivos de plástico con una máscara que se conectan a un inhalador para administrar la medicación con mayor eficacia). Actualmente, esta es la única forma de tratar a los niños pequeños que padecen asma, ya que no hay electricidad para operar los nebulizadores.
Sin embargo, el alivio duró poco. Hace dos semanas, el jefe del departamento de pediatría y maternidad del Hospital Nasser informó que ya no hay inhaladores de Ventolin en ninguna parte de la Franja; es decir, que, aunque hay espaciadores, no hay nada a dónde conectarlos.
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De acuerdo a la visión del pediatra, la magnitud de la destrucción del sistema de salud de Gaza por parte de Israel hizo imposible la documentación informatizada; incluso la documentación en papel y lápiz no siempre fue una posibilidad, lo que llevó a los médicos extranjeros que se ofrecieron como voluntarios en Gaza a llevar consigo papel y lápices.
"La poca información recopilada fuera de la Franja sobre la situación sanitaria en su interior se basa en descripciones de casos o informes verbales de equipos médicos sobre el terreno, pero la ausencia de datos impide que estos relatos puedan compilarse en una investigación formal", remarcó Feldon. Por lo que es pesimista sobre la posibilidad de demostrar oficialmente la existencia del "síndrome de la tienda mojada" de forma que permita su publicación en revistas científicas y concientice a los profesionales de la salud y al personal humanitario.
