Un grupo de vecinos de una pequeña ciudad de Países Bajos incendió un centro para refugiados, mientras había 15 residentes del asilo adentro. El edificio, un antiguo ayuntamiento en la localidad de Loosdrecht, fue habilitado para alojar hasta 70 personas y su apertura generó quejas racistas de los habitantes, quienes acusaron a las autoridades locales de "no haberles consultado" por la propuesta.
La tensión derivó en una noche de violencia cuando unas 400 personas se manifestaron el martes frente al edificio. Durante la protesta, algunos manifestantes lanzaron fuegos artificiales que provocaron un incendio en la vegetación que rodea al inmueble, un antiguo ayuntamiento acondicionado para albergar hasta 70 refugiados.
Si bien no se registraron heridos, la situación obligó a la Policía a declarar el estado de emergencia y desplegar unidades antidisturbios para desalojar la zona y controlar los disturbios. Las autoridades confirmaron que varias personas fueron detenidas y que se abrieron causas judiciales por los incidentes.
El alcalde de Loosdrecht, Mark Verheijen, cuestionó con dureza a los responsables de los ataques. Con ironía, afirmó que "quienes aseguran manifestarse por la seguridad del barrio son, en realidad, los que están sembrando el miedo entre los propios vecinos".
La apertura del centro había generado un fuerte rechazo entre parte de la comunidad local. El edificio, ubicado en el antiguo ayuntamiento de la ciudad, ya había comenzado a recibir a los primeros 15 solicitantes de asilo, lo que profundizó el malestar de algunos residentes. Los manifestantes sostienen que la decisión fue tomada sin consultar previamente a la población.
La repudio del Gobierno neerlandés
La respuesta del Gobierno neerlandés no tardó en llegar. El primer ministro Rob Jetten calificó los hechos como "absolutamente escandalosos" y condenó el uso del fuego y la violencia para intimidar a la población. Aunque reconoció que los ciudadanos tienen derecho a expresar sus preocupaciones, remarcó que "ningún reclamo justifica ataques de este tipo".
En la misma línea se pronunciaron el ministro de Asilo, Bart van den Brink, y el ministro de Justicia, David van Weel. Ambos coincidieron en que los disturbios "dejaron de ser una protesta para convertirse en actos de vandalismo y delincuencia", tal como indicaron en declaraciones a la prensa. Van Weel agregó que "no habrá tolerancia con quienes pongan en riesgo a voluntarios y refugiados".
