La novedad de las últimas encuestas fue la consolidación de la imagen de la diputada del Frente de Izquierda (FIT), Myriam Bregman, convertida en una llamativa emergente del rechazo al modelo económico libertario. “Es una mujer picante, pero a la vez agradable”, la definió el director de la consultora Opina Argentina, Facundo Nejamkis, cuyo último sondeo la ubicó con el mismo nivel de imagen positiva que el gobernador Axel Kicillof, aunque con menos rechazo. De todos modos, los encuestadores aclaran que imagen positiva no necesariamente se traduce en votos y que el FIT apenas recoge una pequeña parte de la repentina popularidad de su última candidata presidencial. “Hay que organizar la simpatía”, define Bregman la tarea que tiene por delante.
Hasta marzo, la consultora brasileña Atlas Intel ni siquiera la incluía en sus mediciones de imagen de dirigentes políticos. Pero en los rankings de abril y mayo Bregman apareció en el primer lugar. En la última medición registró 46% de imagen positiva y 47% de negativa, un diferencial de apenas un punto y con distancia respecto del resto. También allí comparte los primeros puestos con Kicillof, aunque el gobernador exhibe un diferencial de -14. Otros sondeos la ubican algunos escalones más abajo, pero en todos aparece integrada al lote de las principales referencias opositoras, algo impensado hasta hace poco.
“Hay una valoración de su coherencia, ella siempre planteó lo mismo. Por otro lado, estamos en una época en la que las posiciones nítidas se valoran más y Bregman lo es, mientras que en el peronismo hoy hay orfandad de esa nitidez”, añadió Nejamkis. El consultor Gustavo Córdoba, de Zubán Córdoba y Asociados, también destacó esa coherencia y definió a la diputada como “un buen producto de la izquierda”. De todos modos, circunscribió sus nuevos apoyos a sectores de clase media progresista de los grandes centros urbanos, especialmente de la ciudad de Buenos Aires. “Tiene un buen momento en la opinión pública, es cierto, pero es difícil que eso se traduzca en votos”, completó.
El director de Alaska Comunicación, Juan Courel, alborotó las redes esta semana con un tuit provocador: “Sí. Myriam Bregman tiene posibilidades de ganar las elecciones”, escribió. Su tesis es que ese escenario podría abrirse si el peronismo opta por mimetizarse con el discurso de Javier Milei en una competencia polarizada como la que imagina para 2027. “Claro que imagen no es intención de voto, pero tampoco se lo puede descartar si el peronismo se dedica a hablar de equilibrio fiscal y defensa de las inversiones extranjeras y termina llevando un candidato como Miguel Pichetto, por ejemplo”, explicó Courel. De todos modos, no ve a Kicillof orientado en esa dirección, aunque considera que el gobernador “se cuida mucho” en sus mensajes.
Courel se refería a algo que en las encuestas aparece como “probabilidad de voto”, como en el último sondeo de la consultora CEOP Latam. Allí Kicillof encabezó con 30,3%, seguido por Milei con 29,9%, mientras que Bregman quedó tercera con 12,5%. Pero ante la opción “podría votarla”, la diputada sumaba otro 27,4%, por encima del resto de los dirigentes medidos. Nejamkis detalló que Bregman supo ganarse simpatías dentro del electorado kirchnerista al expresar su solidaridad con la ex presidenta Cristina Kirchner por su condición de “proscripta y presa”. “Es subsidiaria de un peronismo de izquierda”, definió. Más escéptico respecto de sus posibilidades, Córdoba descree que Bregman pueda quitarle votos al peronismo e imagina que la polarización terminará diluyéndola como opción electoral.
Por cierto, algunos consultores comparan la situación actual de Bregman con la de Luis Zamora en 2002, en plena efervescencia del “que se vayan todos”. Hubo encuestas que entonces ubicaron a Zamora -el primer diputado trotskista del país- en el segundo lugar a nivel nacional, detrás de Elisa Carrió. Con el correr de los meses aquella alternativa terminó perdiendo fuerza aunque Zamora consiguió un tercer puesto en la ciudad de Buenos Aires y renovó su banca en Diputados. De hecho, cuando años después se constituyó el Frente de Izquierda -con la unión del PO, el PTS, el MST e Izquierda Socialista- parte de ese electorado todavía se dividía con Autodeterminación y Libertad, la fuerza encabezada por Zamora.
En las mismas encuestas que hoy ubican a Bregman entre los dirigentes con mejor imagen, el FIT aparece tercero a nivel nacional: por encima de sus registros habituales, aunque todavía por debajo del 10%. Históricamente, además, la izquierda consiguió mejores desempeños en elecciones legislativas que en presidenciales. Del 5,4% obtenido en las legislativas de 2021 pasó al 2,7% en las presidenciales de 2023 -con Bregman como candidata-, exactamente la mitad. Y eso que la diputada tuvo un destacado paso por los debates presidenciales, con aquella frase que le lanzó a Milei y quedó instalada: “No es un león, es un gatito mimoso del poder económico”. Aunque la discusión interna todavía no está resuelta, con estos niveles de conocimiento e imagen dentro del FIT descuentan que Bregman volverá a ser candidata y tendrá oportunidad de cruzarse otra vez con el Presidente, quien durante la apertura de sesiones ordinarias la bautizó como “la Chilindrina troska”. Tratándose de Milei, podría decirse que fue casi un apodo afectuoso.
Bregman asegura que no piensa moderar su discurso. “Precisamente si nosotros ganamos este reconocimiento es porque no nos moderamos. La moderación ya se probó, tiene un nombre, se llama gobierno de Alberto Fernández, y fue un fracaso estrepitoso”, afirmó en una entrevista con el diario español El País, que esta semana le dedicó un perfil. En el acto que encabezó a comienzos de mes en el microestadio de Ferro ya había deslizado esa misma idea, al cuestionar a un peronismo que -según planteó- avanza hacia posiciones moderadas e incluso habilita la participación de dirigentes “que le están votando todo a Milei”, en referencia a los gobernadores. Su objetivo es consolidarse como la verdadera oposición al proyecto libertario y ganar protagonismo en la polarización que asoma hacia 2027.
Esta semana arrancó en Jujuy un recorrido nacional en el que propuso “un nuevo movimiento histórico”. Planteó “organizar la resistencia” y también “la simpatía” que viene recibiendo según las encuestas, de manera de traducirla en militancia y que los apoyos se trasladen a sectores que tradicionalmente no ven a la izquierda como opción electoral. El desafío será convertir ese reconocimiento en una construcción política capaz de perforar los límites históricos del Frente de Izquierda en las urnas. Un crecimiento que, además, funciona como un acicate para un peronismo que todavía busca cómo reconstruir una identidad opositora frente al gobierno de Milei.
