Creados por la NASA en la década de 1960, como modelos diseñados para el monitoreo remoto de sus misiones espaciales, los “gemelos digitales” son representaciones dinámicas de sistemas del mundo real que permiten observar, procesar y simular comportamientos a partir de la alimentación constante con información extraída de ese sistema. En los últimos años la tecnología algorítmica permitió que estos modelos tuvieran un salto de magnitudes. Ya no solo pueden conocer, monitorear y predecir; ahora también pueden manipular el sistema.
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Al frente de este cambio de paradigma volvemos a encontrarnos con Palantir, la empresa de gestión de datos que dio forma al deepest state del Siglo XXI dándole un punto de encuentro a los intereses de la oligarquía de Silicon Valley con el Pentágono. Palantir promociona lo que llaman “gemelos digitales semánticos”, que promete replicar (luego manipular) no solamente el comportamiento de un sistema sino también su sentido. Su software se dedica a ordenar el caos informativo de múltiples fuentes en una única “ontología” unificada. Ya no qué hace sino qué es.
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El gobierno nacional anunció el viernes el lanzamiento del programa Gemelo Digital en el marco del ministerio de Capital Humano. Aunque el anuncio oficial informa que no hay aún una empresa asignada para ejecutarlo, la novedad se narra en los mismos términos que usa Palantir en su página oficial. El anuncio no tiene precedentes para este tipo de tecnología, usualmente desplegada en ámbitos corporativos o militares, que por primera vez se aplicará a la ingeniería social de un país G20 con el octavo territorio del planeta y 50 millones de habitantes.
La arquitectura técnica que despliega el programa Gemelo Digital tiene tres capas. La primera es la capa de datos, donde se integran todas las fuentes estructuradas y no estructuradas en un modelo único con objetos, propiedades y relaciones. La segunda es la capa de simulación, que modela escenarios predictivos y prescriptivos para comprender el impacto de distintas decisiones en el mundo real. La novedad que introduce Palantir es la tercera capa, llamada AIP, que transforma ese análisis en órdenes a un panel de mando que opera sobre el mundo real.
La filosofía detrás del proyecto es la transición de un Estado gobernado por decisiones humanas a uno que responda a la lógica predictiva del algoritmo. La extensa estadía de Peter Thiel, el dueño de la empresa, en la Argentina, debe entenderse a la luz de las novedades. Los límites que encuentra Palantir para desplegar todo su potencial son las garantías constitucionales y el control de poderes republicano. En la Argentina encontró un sistema, que va mucho más allá del gobierno, dispuesto a sacrificar eso en la hoguera del capitalismo.
La estrategia de expansión corporativa de Palantir desde sus primeros días en el Estado norteamericano, que repitió en cada país en el que desembarcó, sigue el modelo land and expand: ingresar con un contrato modesto para reorganizar toda la arquitectura de datos alrededor de su propio lenguaje, generando una dependencia estructural de la que luego resulta casi imposible salir. La defección de la dirigencia argentina (políticos, empresarios, intelectuales, comunicadores) entregará de forma semipermanente nuestros datos sensibles a una empresa alineada con la CIA.
Sería una brutal renuncia de soberanía, sin antecedentes. Si Palantir opera las bases de datos de Gemelo Digital, la información sensible de los cincuenta millones de argentinos quedaría sujeta a la legislación extraterritorial de Estados Unidos. Entre otras cosas, eso le daría acceso al gobierno norteamericano sobre todos los datos alojados, procesados o gestionados por corporaciones de ese país bajo la excusa de la “seguridad nacional”, incluso sin orden de un juez. Ni siquiera tienen la obligación de informar al gobierno argentino ni los ciudadanos afectados.
El camino de deterioro de nuestros atributos soberanos tuvo esta semana otros dos episodios críticos. La firma de un acuerdo de “seguridad marítima” que califica al Mar Argentino como “bien común global” y le abre las puertas al Comando Sur por un plazo de cinco años; la privatización de la Hidrovía, sospechada de irregularidades, fue notoriamente manipulada por intereses geopolíticos. Después de asegurarse la licitación, los directivos de la empresa belga Jan De Nul visitaron en su oficina al embajador Peter Lamelas y se encargaron de que sea público.
Allí debe buscarse el vértice de un sistema determinado a “proteger el rumbo económico” de la debacle a la que ven encaminarse, más temprano o más tarde, a Javier Milei. Todo puede negociarse menos la doctrina Donroe. En Bolivia un levantamiento masivo de los trabajadores mineros y campesinos contra el gobierno de Rodrigo Paz fue interpretado por el Departamento de Estado como un desafío a su hegemonía hemisférica. El asunto de fondo es el control del litio. La represión es feroz. Ahora imagínense a Bolivia con Palantir.
Ese garante externo explica asimismo por qué el gobierno, en el peor momento de su interna por la colisión de sus dos unidades de negocios principales, sin signos de mejoría económica y la paciencia social en valores mínimos, después de haber incumplido casi todas sus promesas, manchado por denuncias de corrupción severas y documentadas, no tuvo que transpirar demasiado, sin embargo, para conseguir que la cámara de Diputados dé media sanción a un proyecto que hará crecer fuertemente las tarifas de energía en zonas de bajas temperaturas.
Sostener el rumbo: ajuste para pagar deuda y transferir riqueza desde abajo hacia arriba. El proyecto aprobado contempla la condonación de una deuda de 1800 millones de dólares a las distribuidoras. Un día antes, el titular del BCRA, Santiago Bausili, había descartado una ayuda desde el Estado para familias y empresas morosas. “No vamos a decidir nosotros sobre el dinero de la sociedad”, dijo. Al parecer algunas sociedades están exentas de esta vara. El endeudamiento total de las familias argentinas representa el 145,4% de una masa salarial mensual.
La Argentina no ha encontrado ningún mecanismo institucional que sirva de contrapeso a este proceso de deterioro, desguace y entrega. El Congreso delata su propia impotencia. El Poder Judicial es parte del problema. No funcionan los frenos. Cualquier solución parcial, cualquier parche, cualquier compromiso con este sistema profundamente vulnerado es garantía de fracaso. Quien quiera gobernar este país después de Milei tendrá una tarea que no es exagerado equiparar a la de los próceres que otro mayo, hace 216 años, liberaron por primera vez a esta Patria.
