La movilización de este jueves de la CGT a la Plaza de Mayo en la víspera del Día del Trabajador intentará contar con la masividad suficiente como para distribuir mensajes sincronizados al Gobierno, el peronismo y la interna de la propia central obrera, que comienza a librarse con mayor intensidad. La protesta comenzará hacia el mediodía con la concentración de cada sindicato integrante del Consejo Directivo de la organización y confluirá a las 15 para la lectura de un documento, eventuales exposiciones de los triunviros y la celebración de una ceremonia religiosa frente a la Catedral metropolitana.
Aunque la convocatoria arrancó con bríos y el propósito de aprovechar la imagen multitudinaria que había dejado en las calles el 24 de marzo pasado la conmemoración del medio siglo del último golpe de Estado, dos factores le restaron combustible anímico: la salida de la causa iniciada por la CGT contra la reforma laboral del fuero del Trabajo y su remisión al Contencioso Administrativo, adonde los libertarios esperan tener alineamiento de magistrados, por un lado; y la defección de la cúpula de la Iglesia católica de la marcha.
Los secretarios generales de la central se habían entusiasmado días atrás con la posibilidad de que el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, encabezara una misa como parte de la convocatoria. La chance languideció con el correr de las horas hasta que fue evidente que la jerarquía eclesiástica no iba a prestarse al acto. Para los sindicalistas hubo en medio una acción del Gobierno: le adjudican a Capital Humano y al ala política del funcionariado una gestión mediante la cual le habrían transmitido a la Iglesia la predisposición libertaria a que ese estamento participara del manejo de una porción del rediseño de los planes sociales.
El desaire de la Iglesia les recordó a varios dirigentes el de los gobernadores a su gestión para convencerlos de quitarle respaldo a la reforma. De ahí que los gremialistas debieran conformarse con que el acto religioso que finalmente se celebrará probablemente contará como oficiante con el cura Lorenzo “Toto” de Vedia. El religioso encabeza la parroquia Virgen de los Milagros de Caacupé, en la Villa 21-24, y es parte del elenco estable de las manifestaciones de protesta de los miércoles frente al Congreso entre otras. El cura villero es además hermano de Gabriel de Vedia, exfiscal y actual juez de la Cámara laboral.
Pero el mayor golpe para la movilización fue la salida de la causa judicial planteada por la CGT contra la reforma laboral del tribunal del Trabajo al Contencioso Administrativo. En el fuero Laboral la central obrera había logrado una cautelar en primera instancia por parte del juez Raúl Ojeda pero la Cámara le quitó el efecto suspensivo a esa medida y dejó en vigor la ley 27.802. Y cuando los gremialistas la emprendían contra uno de los magistrados de segunda instancia por haber recibido 24 horas después de ese fallo la bendición del Gobierno para continuar cinco años más en su cargo a pesar de haber llegado a los 75 años, edad jubilatoria, el Contencioso Administrativo terminó por capturar el expediente.
En cualquier caso para la CGT es clave estructurar una marcha musculosa. En primera instancia para no degradar aún más su poder coercitivo ante un Gobierno que, incluso debilitado por el deterioro de la economía y sus propios escándalos de corrupción, parece resuelto a reglamentar la reforma y avanzar con sus puntos más irritantes para la jerarquía sindical. Pero también porque necesita mostrarse sólida ante los actores del peronismo que comienzan a elongar para la campaña electoral de 2027. De lo contrario la central obrera corre el riesgo de ser convidada de piedra en el armado de listas como sistemáticamente sucede cada dos años en las últimas dos décadas.
Y a esas amenazas la CGT debe sumarle ahora la de un sector interno que amaga con levantar el perfil para despegarse de la cúpula y dejarla como una expresión tibia, pese a su condición mayoritaria, ante el Gobierno. Se trata del Frente de Sindicatos Unidos (Fresu), que encabezan el metalúrgico Abel Furlán (UOM), el aceitero Daniel Yofra y el estatal Rodolfo Aguiar (ATE Nacional). El agrupamiento actuará este jueves de manera autónoma respecto del triunvirato y el Consejo Directivo de la CGT y con vistas a un plenario disidente el viernes.
Entre los gremialistas que se reivindican miembros del Fresu no faltan los que reclaman un mayor ánimo de protesta y confrontación. Incluso en algunos sectores coquetean con un paro por tiempo indeterminado. El más entusiasta con este temperamento es Yofra, el único capaz en el espacio de provocar un daño severo en los planes económicos del Gobierno por su manejo de los puertos de exportación de granos provenientes del complejo oleaginoso.
