Qué le pasa al cerebro cuando vas a la playa y por qué mejora la salud mental, según la ciencia

Científicos aseguran que ir a la playa trae grandes beneficios a la salud de la mente.

15 de enero, 2026 | 19.39

Ir a la playa suele asociarse con descanso, vacaciones y tiempo libre. Pero más allá del placer evidente, distintos estudios científicos muestran que estar frente al mar puede tener un impacto real en la salud mental. No se trata solo de “desconectar”, sino de cómo el entorno costero influye en el funcionamiento del cerebro, reduce el estrés y ayuda a recuperar cierto equilibrio emocional que muchas veces se pierde en la rutina diaria.

Es que pasar tiempo en entornos naturales mejora el estado de ánimo y favorece la recuperación mental. En este sentido, en la década del '80, una investigación marcó un punto de partida al demostrar que pacientes hospitalizados se recuperaban más rápido cuando tenían vistas a paisajes naturales. Desde entonces, la psicología ambiental empezó a estudiar por qué los espacios abiertos nos hacen sentir mejor.

Ir a la playa hace bien a la salud del cerebro.

Siguiendo esta lógica, durante mucho tiempo la atención estuvo puesta en parques y bosques. Sin embargo, en los últimos años, los investigadores comenzaron a mirar con más atención los llamados “espacios azules”, como ríos, lagos y, especialmente, el mar. Los resultados determinaron que los ambientes con agua generan sensaciones de calma, descanso y bienestar de forma más marcada que otros paisajes.

Cuáles son los beneficios para el cerebro de ir a la playa

Uno de los primeros efectos que se producen al llegar a la playa es lo que los especialistas llaman “restauración de la atención”. En términos simples, la mente deja de estar en alerta constante. En lugar de exigir foco y concentración, el entorno permite observar sin esfuerzo. El sonido de las olas, el movimiento del agua y la amplitud del paisaje ayudan a que los pensamientos se aquieten.

Distintos estudios compararon cómo responden las personas a diferentes entornos naturales y concluyeron que la costa suele generar una sensación de descanso mental incluso mayor que otros paisajes. Una de las razones tiene que ver con que el horizonte abierto y el sonido continuo del mar llevan a mirar más lejos, a tomar distancia de los problemas cotidianos y a poner las preocupaciones en otra dimensión.

Las olas, además, funcionan como un estímulo repetitivo y predecible. Este tipo de patrones está asociado a estados cerebrales vinculados a la relajación. Mirar el mar no exige atención constante, pero tampoco resulta monótono, lo que favorece una sensación de calma sostenida.

A esto se suma el movimiento físico. Caminar por la orilla, nadar o simplemente desplazarse por la arena es algo que todos hacemos de manera natural. Investigaciones recientes muestran que, aunque en otros espacios se haga ejercicio más intenso, en la playa las personas tienden a moverse durante más tiempo. Esa combinación de actividad física y reducción del estrés impacta de forma positiva en el descanso nocturno y en la salud.