A casi 50 años del comienzo de la última dictadura cívico militar, una nueva encuesta expone un avance del negacionismo: uno de cada cuatro argentinos no considera que haya habido una dictadura en Argentina. El dato surge de un estudio nacional que, además, advierte sobre el avance de discursos negacionistas en un contexto de fuerte insatisfacción con la democracia actual.
El relevamiento nacional realizado por la consultora Zuban Córdoba arrojó un dato preocupante: el 25,2% de los encuestados sostiene que el período entre 1976 y 1983 no fue una dictadura, sino un “proceso de reorganización nacional” en el que se enfrentó al terrorismo. En contraste, el 57,1% sí lo identifica como una dictadura cívico-militar que llevó adelante un plan sistemático de desaparición de personas y violaciones a los derechos humanos, mientras que un 17,7% no supo responder.
A pesar de ese núcleo negacionista, la encuesta muestra que existe una mayoría que mantiene una mirada crítica sobre la última dictadura en Argentina. El 68,6% está de acuerdo con que ese período implicó violaciones a los derechos humanos, crisis económica y falta de libertades. Sin embargo, un 18,6% se mostró en desacuerdo con esa afirmación y un 12,8% no tomó posición, lo que refuerza la idea de que el consenso social, aunque predominante, no es homogéneo.
El informe advierte que estos números reflejan “disputas de interpretación y sentido” sobre el pasado reciente, en un contexto donde los discursos negacionistas circulan con mayor visibilidad. El estudio también analiza cómo conviven estas percepciones con la valoración del sistema democrático: el 66,3% de los argentinos sostiene que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno. No obstante, esa adhesión convive con un fuerte malestar: el 48,6% considera que el funcionamiento actual de la democracia es inadecuado, frente a un 42% que lo evalúa de manera positiva.
Qué pasa con las nuevas generaciones
Otro de los puntos clave del relevamiento es la percepción sobre la educación democrática. Solo el 15,8% cree que el sistema educativo prepara de manera suficiente a los jóvenes para la vida en democracia. En cambio, el 47,6% opina que lo hace de forma insuficiente y un 31% directamente considera que no los prepara. Este dato enciende alertas sobre el rol de la formación cívica en la construcción de memoria histórica.
Además, los resultados muestran diferencias generacionales: el apoyo a la democracia es más alto entre los mayores de 60 años (80%) y más bajo entre los jóvenes de 18 a 30 años (56,2%).
El negacionismo de Milei
Desde incluso antes de asumir, Milei se encargó de difundir una visión negacionista de la dictadura. En el debate presidencial, donde compitió con los otros cuatro candidatos, desestimó el número de 30.000 desaparecidos. Después, en cada 24 de marzo, las redes sociales de Casa Rosada compartieron esa misma visión. "Lejos de conocer lo que verdaderamente ocurrió en la década del '70, los alumnos del siglo XXI fuimos adoctrinados en un relato historietístico, maniqueo y reduccionista. Si la teoría de los dos demonios ya era en sí misma reduccionista, dado que le salvaba el pellejo a la casta política responsable de impulsar el terrorismo y después de promover la represión ilegal, la primera década del siglo XXI conoció la teoría del demonio único", dijo Agustín Laje en el video que salió el último Día de la Memoria.
A pesar del negacionismo, avanzan los juicios
En paralelo al avance de discursos que relativizan o niegan la dictadura, los procesos judiciales por crímenes de lesa humanidad continúan en la Argentina. A casi dos décadas de la reactivación de estas causas, el balance muestra un recorrido sostenido en la investigación y sanción de los responsables del terrorismo de Estado.
Según datos difundidos por el Ministerio Público Fiscal, en los últimos 20 años fueron condenadas 1.231 personas por delitos cometidos durante la última dictadura. Los juicios abarcan todo el país y constituyen uno de los procesos de justicia transicional más extensos a nivel internacional, con sentencias que incluyen secuestros, torturas, desapariciones forzadas y apropiación de menores. Pese a los cambios de contexto político y a la reaparición de discursos negacionistas en la esfera pública, el proceso judicial se mantiene activo, con nuevas causas en curso y audiencias que continúan desarrollándose. Organismos de derechos humanos destacan que estos avances consolidan una política de Estado basada en Memoria, Verdad y Justicia.
