La dictadura enterró la historia de sus padres en La Perla, pero 40 años después encontraron sus cuerpos: “Están volviendo juntos”

El Equipo Argentino de Antropología Forense identificó los restos de Luis Carlos Mónaco y Ester Silvia Felipe, desaparecidos por la dictadura en 1978 y enterrados clandestinamente en un predio vinculado al ex centro clandestino La Perla. Su hija, la periodista Paula Mónaco Felipe, reconstruye el impacto de una noticia atravesada por el dolor, la memoria y la reparación después de casi 50 años de búsqueda.

23 de mayo, 2026 | 17.05

"Están regresando juntos", reflexiona Paula Mónaco Felipe, luego de que la llamaran hace unos días para informarle que hallaron los restos de su padre y madre; Luis Carlos Mónaco (30), delegado del Círculo Sindical de la Prensa de Córdoba (CISPREN) y militante del PRT-ERP y de su esposa, Ester Silvia del Rosario Felipe (28), militante del PST y luego del PRT-ERP. Ambos fueron desaparecidos en el año 78' por la maquinaria sangrienta y atroz de la última dictadura militar, que quiso enterrar su historia para siempre entre la tierra, el silencio y la impunidad. Pero regresaron juntos, después de casi 50 años y Paula tuvo que calibrar sus sentimientos. "¿Qué significa todo esto?", se pregunta.

Sus padres fueron identificados recientemente en la Loma del Torito por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), un sitio de enterramientos clandestinos dentro de la Guarnición Militar de La Calera vinculado al ex centro de detención La Perla. Ambos habían sido secuestrados en la madrugada del 11 de enero de 1978 en la ciudad cordobesa de Villa María por un grupo de tareas armado que primero capturó a Mónaco en su departamento de la calle Catamarca, y luego irrumpió en la vivienda de la familia Felipe en el barrio Rivadavia para llevarse a Ester, quien se encontraba pasando la noche en casa de sus padres.

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"Empecé a sentir que hay algo que a lo mejor todavía no dimensiono, todavía no entiendo, no sé, como que es un mensaje que no termino de descifrar; pero algo está pasando que todos están volviendo juntos", asegura Paula, que tenía 25 días de vida cuando sus padres fueron secuestros. Es periodista, igual que Luis, y vive en México desde el 2004. Tiene una gran trayectoria en trabajos vinculados con la desaparición de personas por motivos civiles en un país castigado por los crímenes vinculados al narcotráfico. 

Paula se alegró enormemente cuando se enteró de que la vuelta de sus padres no fue la única. "También hubo otras dos parejas, 17 compañeros esta vez, 12 en la anterior... Es algo inusual", afirma y recuerda que el EAAF les dijo que nunca les habían tocado notificaciones grupales. "Nunca habían identificado a muchos, tenían que avisar a muchos, por eso en el colectivo de querellantes de la causa creemos que hay algo que está pasando, como que ellos se mantuvieron juntos y organizados allá abajo y están regresando juntos. Hay un mensaje o muchos mensajes que nos traen, que nos mandan y que llegan en un momento que creo que es especialmente importante de seguir pensando", evalúa. 

"Siento que el haberlos encontrado juntos es una dosis de suerte gigantesca, hermosa. Yo me considero una persona muy afortunada, tuve mucha suerte en la vida en distintas situaciones", considera Paula en diálogo con El Destape. Cuando sus padres fueron secuestrados la dejaron ahí, indefensa en la cuna, y sabe que muchos compañeros de sus padres no tuvieron esa suerte, y sus hijos fueron apropiados u otras situaciones aún peores. "Tuve la suerte de tener la familia que me tocó, de nacer en la ciudad que me tocó nacer, que nos acogió y nos acompañó en la búsqueda", repasa. 

En su incansable búsqueda, su abuelo, Gregorio Felipe, fundó la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) en Córdoba y colaboró con diversos organismos del sector. Gracias a esa persistente labor y al testimonio de sobrevivientes, logró confirmar finalmente que ambos habían sido trasladados al ex centro clandestino de detención La Perla, lugar donde fueron asesinados. Por eso, Paula no se cansa de enfatizar que "la serenidad que te da el saber que en ese momento de la muerte estuvieron juntos, y que estuvieron hasta el final incluso cuidándose ahí debajo de la tierra compartiendo el espacio juntos". 

El pacto de silencio de los genocidas, tanto la mano de obra como de la ideológica, apenas se agrietó en los últimos 50 años. De los 30 mil desaparecidos, sólo un pequeño número fue hallado y logró ser reconocido, lo que les permitió a las familias darle un cierre y llorar a sus muertos. "Cambia mucho la situación. Pensamos que ya está muy resuelto esto en ese sentido, y no. Tengo compañeras que al día de hoy todavía no tienen la certeza ni siquiera de en qué lugar, porqué centro pasó su papá. Hay un día en que se dejó de saber de él, pero no sabemos en qué lugar lo tuvieron, no hay nadie que haya hablado como testigo de la desaparición", lamenta. 

Una noticia inesperada

“Es una noticia que, si bien la familia anhela desde siempre, yo no me la esperaba nunca”, asegura Paula. Es que, explica, no hubo ningún indicio previo, no hubo ninguna ninguna sospecha de que sus padres podrían aparecer en ese pequeño número de reconocimientos. Paula remarca que ella nunca tuvo la esperanza de encontrarlos “porque cómo ha sido la cosa en la perla, pensé que nunca jamás los íbamos a encontrar, y entonces la noticia llegó en un momento sumamente inesperado”.

La primera llamada encendió todas las alarmas. La convocaron a una audiencia judicial porque había novedades con la investigación, pero no le adelantaron nada. En su caso, al ser sus dos padres, las primeras horas fueron de mucha emoción y de inquietud. “Fueron horas primero como muy extrañas, como de emoción a flor de piel sin saber bien qué sentir, porque no había todavía certidumbre de nada, y después de mucha serenidad. De sentir que uno, o los dos, o algo de ellos iba a regresar, y de esperarlos, de hacer un espacio que nunca pensé que tenía que hacer en mi vida como para decir ‘los voy a esperar de vuelta, van a llegar pronto’”, recuerda.

“Recibir la noticia fue hermoso y fue en grupo, fue en colectivo, y fue acompañados por todas esas personas que queremos y nos quieren y que son parte de nuestra familia, pero también por quienes buscaron a Ester y Luis en los últimos tiempos en la tierra”, reflexiona. 

La Argentina de Milei, entre el negacionismo y el acompañamiento

“Siento que llegan en un momento muy especial. Argentina discute, como muchas veces, los parámetros de lo que está bien y lo que está mal, lo que persigue y lo que permite, lo que oculta, lo que evidencia”, considera Paula. El mensaje del Gobierno nacional es muy claro; desde el negacionismo extremo, la justificación de la maquinaria sangrienta hasta el desfinanciamiento del Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG), el organismo encargado de hacer los análisis para identificar a los bebés robados durante la última dictadura. 

A Paula, si bien no vive hace años en el país, la victoria de Javier Milei en el 2023 la dejó con inquietudes y dudas. “Elegido en las urnas, elegido por el pueblo argentino. Hasta dónde vamos a rebobinar”, se preguntó en los meses sucesores e intentó no ser pesimista, y pensar que “que ya se perdió todo, que se va a perder todo, que se va a perder una parte de lo conquistado con tantas décadas de esfuerzo”.

“Veo esas políticas regresivas en lo económico, en materia de discapacidad, cómo se vació de fondos a las universidades públicas, se intentaba hacer también a la justicia para que no sigan avanzando el proceso de los juicios a los genocidas”, señaló. Pero también subraya que, ahora más que nunca, es momento dar pelea y reivindica que el sentir del pueblo aún pone su corazón del lado de la memoria, la verdad y la justicia. “Desde que nos notificaron hemos recibido cientos de mensajes de una alegría completamente auténtica, compartida, de quienes piensan políticamente igual que nosotros, pero también de personas que piensan muy diferente a nosotros”, expresa.

A Paula le llegaron mensajes de distintas personas del espectro político, que piensan distintos y que está segura que votaron a Javier Milei y que lo votarían de nuevo. "Pero no confunden una cosa con la otra, no dejan de dimensionar que esto es importante y que no resignan la bandera de memoria y justicia que costó décadas que se levantara desde todas partes”, asegura.

“Eso me hace ser optimista, de pensar que aunque hay un presidente que tiene un discurso concretamente beligerante hacia este tema y hay gente que se pliega a ese discurso, no toda la Argentina está ahí, ni siquiera los que votaron a Milei. Y eso para mí es una tranquilidad de sentir que las conquistas de memoria verdad y justicia no están tambaleándose tanto como pareciera. El pueblo argentino tiene mucha más madurez política, e incluso emocional, frente a este tema, y es capaz de saber cuáles son los límites, qué cosas son intocables”, destaca.  

Lo que se hereda no se roba

Cuando llegó a México, en el año 2004, en el país prácticamente no habían empezado a ocurrir las desapariciones civiles. “Había desapariciones por razones políticas desde los años '60, más de 1000, que eran hasta ese momento los únicos casos que desde Hijos México se reclamaban”. Pero justo a los 3 años empezaron a ocurrir estas otras que son desapariciones forzadas por particulares. “Es tan terrible la situación que ya México -así como Argentina en el pasado aportó tristemente al mundo el concepto de desaparición forzada- aporta hoy 'desaparición por particulares'; que no es menos, sino que más, es más terrible”, asegura. 

Hay en México más de 136.000 desaparecidos en democracia desde el año 2007 al presente. En su trabajo como periodista no pudo mirar hacia otro lado y comenzó a documentar de distintas formas. Paula explica que si bien el primer desaparecido se registró en 1969, el profesor Epifanio Avilés Rojas, y no se sabe cuántos desaparecidos hubo el 2 de octubre en 1968, en la Masacre de Tlatelolco, ya que ninguno de esos casos fue juzgado. “No hubo justicia en ninguno y están completamente impunes, y eso creo yo es sin dudas el cimiento; la impunidad se transforma en el cimiento para que esto se multiplique y crezca hasta hacer un edificio de pisos que parecen infinitos, porque no se ve cuándo acabe esto”, explica.

Finalmente, reflexiona que es muy importante lo que se logró en Argentina con más de 1200 genocidas presos, sentenciados y juicios que continúan. “Esta pedagogía de la justicia inhibe que vuelva a ocurrir”, destaca Paula y añade: “Ahora, con las identificaciones, se amplía también el  concepto de lo que justicia puede significar. Para mí poder conocer dónde murieron mis padres, tener la certeza de que murieron ahí y de que murieron juntos, de poder recuperar, aunque sea pequeños fragmentos de ellos, es una forma de justicia”.

“Esto lo merecen todos y cada una de las 30.000 familias. Ahora tomo conciencia de que, así como no esperaba antes encontrar a mis familiares, es imprescindible que todos encontremos a todos”, concluyó.