Jorge Luis Borges es una de las figuras más emblemáticas de la literatura argentina, incluso, mundial. Sin embargo, pocos conocen lo que vendría a ser su "lado b": cómo se llamaba su gato, quiénes fueron sus esposas y otros detalles relacionados con su vida privada.
Comencemos por un dato curioso bastante tierno: el nombre de su gato. Beppo se convirtió en la mascota más popular del escritor, un gato blanco al que aquel le dedicó nada menos que el poema "A un gato". Cuentan que el ama de llaves de Borges lo había bautizado como Pepo, pero esto no le gustaba a su dueño, por lo que decidió cambiarle el nombre y llamarlo en honor a un poema de Lord Byron.
Quiénes fueron las esposas de Jorge Luis Borges
La vida amorosa de Jorge Luis Borges estuvo marcada por vínculos intensos, algo que no es de extrañar en un escritor del siglo XX. A pesar de haber construido una de las obras literarias más importantes de la argentina, el autor de “Ficciones” mantuvo durante gran parte de su vida una personalidad reservada.
Su primera esposa fue Elsa Astete Millán, una mujer a la que había conocido décadas antes, cuando ambos eran jóvenes. Borges se casó con ella en 1967, cuando tenía 68 años, aunque el matrimonio duró apenas tres años y terminó en separación. Según distintos testimonios y biografías, la convivencia no fue sencilla y el escritor continuó llevando una vida muy dependiente con su madre, con quien convivió hasta la muerte de ella en 1975.
Muchos años después apareció en su vida María Kodama, alumna, colaboradora y finalmente compañera inseparable del escritor. La relación entre ambos comenzó a consolidarse en las últimas décadas de vida de Borges, cuando ella lo acompañaba en viajes, conferencias y entrevistas alrededor del mundo. Finalmente se casaron en 1986, pocos meses antes de la muerte del escritor en Ginebra, Suiza.
La vida privada de Borges no es algo que abunde, sin embargo, el escritor dejó mucho más que eso: un gran acervo de ideas que a cuarenta años de su muerte siguen más vigentes que nunca. Y es que se sentía más cómodo hablando de filosofía, literatura o mitología que de sus propios sentimientos y vínculos personales. Su legado quedó en la obra y esta dice mucho más que cualquier aspecto de su vida privada.
