Platón, filósofo griego: "La mejor riqueza es contentarse viviendo con poco"

El filósofo recopiló y resumió el espíritu de esta idea a lo largo de sus obras éticas, con especial presencia en sus famosos diálogos, como La República o Gorgias.

09 de julio, 2026 | 05.00

"La mejor riqueza es contentarse viviendo con poco". Esta idea, tan contracultural hoy como en la Atenas del siglo IV a. C. en la que él vivió, se ha convertido en una de las máximas más citadas del pensamiento platónico. El espíritu de esta cita recorre obras como La República, Fedón o Gorgias, donde Platón examina los caminos que conducen a una vida que se pueda calificar de verdaderamente buena. En resumen: la verdadera riqueza no está en tenerlo todo, sino en necesitar poco.

Situando esta cita dentro de la estructura moral y filosófica del pensamiento platónico, sabemos que Platón consideraba que el objetivo de la vida humana era alcanzar la eudaimonía, que se traduce como el “bien supremo” o la “felicidad suprema”; pero no se trataba de una felicidad superficial o hedónica. La eudaimonía era el fruto de llevar a cabo una vida virtuosa, guiada por la razón, la moderación y el conocimiento del bien.

En este contexto, en La República, donde Platón vierte todas las ideas que envuelven su filosofía, presenta su famosa teoría de las tres partes del alma: la racional, la irascible y la que tiende a dejarse llevar por los deseos y los placeres físicos. El alma justa es aquella en la que la razón gobierna sobre los impulsos y las emociones, logrando un equilibrio interior que para este filósofo es clave de la verdadera felicidad.

De ahí que conseguir vivir con pocas cosas no se base en una renuncia trágica en la vida, sino más bien en una liberación completamente consciente. Aquel que domina sus deseos, aquel que no está a merced de las pasiones ni de la presión social, puede vivir en paz consigo mismo.

Una de las imágenes más poderosas que nos legó Platón es la alegoría de la caverna, contenida en el libro VII de La República. Allí, los seres humanos aparecen encadenados desde el nacimiento, viendo solo sombras proyectadas en una pared. Todos ellos creen que esas sombras son la realidad, pero lo cierto es que están atrapados en una ilusión.

Una de las imágenes más poderosas que nos legó Platón es la alegoría de la caverna.

El acto de salir de la caverna, es decir, educarse, filosofar, buscar la verdad, es doloroso, pero esencial. Implica dejar atrás los placeres fáciles y los bienes aparentes para llegar al conocimiento del bien, la verdad y la belleza.

Por eso, desde esta perspectiva, vivir contentándose con poco no es conformarse, sino un acto repleto de sabiduría. Es el resultado de haber salido de la caverna, de haber comprendido que el oro, el prestigio o la fama no son los elementos que sacian el alma. Platón nos anima a mirar más allá de las distracciones superficiales del mundo material y adentrarnos en el reino de las ideas, donde está la sede del verdadero conocimiento.

La moderación como sabiduría práctica

Todo este ideario encierra también una defensa profunda de la moderación, una virtud que, como señala el filósofo moderno Aurelian Craiutu y cita The National Geographic, es tan difícil como gratificante. Pero no se trata de negar la mayor en cuanto a placer se refiere; únicamente hay que tenerlo en su justa medida. En palabras de Aristóteles, su discípulo más famoso, la virtud se encuentra en el punto medio entre el exceso y el defecto.

Así, en la ética platónica, la moderación (sophrosyne o sofrosina) es una forma de sabiduría práctica en la que uno ha de saber cuándo es suficiente y cuándo hemos de decir “no”. Y este paso requiere autoconocimiento, reflexión y un carácter bien formado.

En este camino, la educación no consiste en llenar el alma de información a borbotones, sino en “darle la vuelta”, como un girasol que se gira hacia la luz del Sol. Solo así se puede ver lo que realmente importa: la familia, los amigos, la salud, el amor... y nada de esto se compra con dinero.